“El verdadero valor de las cosas no es económico, es político” le dice Carlos Menem a Domingo Cavallo en un pasaje de esa conjunción de fábula, comedia, ficción y de múltiples chips de realidad, una pintura extraordinaria en verdad, que ha logrado Ariel Winograd junto a un elenco sensacional para recrear parte de los estrafalarios años 90 en la Argentina, los gobernados precisamente por el recordado presidente riojano. La escena sucede en los comienzos del cuarto capítulo de “Menem”, la serie del momento y que hace furor en el país, producida y distribuida en el streaming, por Amazon.
Hace rato que Menem se ha convencido que necesita de un plan de estabilización de la economía y es el por entonces su canciller el que le acerca la solución después de varios intentos en vano por convencer al presidente. Años después sobrevendría, como bien se sabe, aunque es otra historia, el enfrentamiento total entre ambos: una guerra de egos disparada hasta las nubes, o “hacia la estratósfera”, como recuerda varias veces este cautivante Menem de la ficción protagonizado por un impecable Leonardo Sbaraglia, y secundado por Martín Campilongo (Campi) en el rol del ex ministro de Economía, “el padre de la convertibilidad” de aquellos años. Pero en estos momentos, cuando Menem le enseña a Cavallo que todo lo sostiene la política, recién está arrancando una historia en el país que jamás podría ser soslayada.
Está más que extendido y reconocido, como el paso del tiempo que así lo confirmaría, que aquel plan que calmó la economía argentina por varios años, sin inflación y con crecimiento, se sostuvo por el poder político que fluía del riojano, tanto para mal como para bien. Todo a su alrededor estuvo embebido del arte de la negociación política y de los acuerdos o la búsqueda de los mismos con los sectores que le eran hostiles. Y fueron muchos. Negociación y acuerdos políticos que marcharon a la par de los excesos como se recordará, claramente.
La política resultó ser el esqueleto y las columnas que mantuvieron en pie a Menem por más de una decena de años. Ese presidente imaginaba acertadamente que el clima social se alteraría como consecuencia del plan con el que se modificaría el rumbo económico del país y con el que se lo intentaría reformar y llevarlo a una estructura diametralmente opuesta a la que tenía; pero contaba con una herramienta irrenunciable e invaluable para sujetar y afirmar su convicción y sofocar, o seducir, los puntos de riesgos extremos.
La excentricidad de Javier Milei, su idea de país en general y su mirada respecto de las reformas que hay que imprimirle a la economía para que pueda despegar de una buena vez, han remitido a los 90 de Menem, de Cavallo y de la convertibilidad. Pero claramente a Milei le falta la praxis política, todo lo que el riojano tenía de más, y mucho más que suficiente.
La impericia para alcanzar acuerdos mínimos y básicos, incluso para reafirmar, garantizar y contener a quienes se le acercaron naturalmente, como los gobernadores acuerdistas para ofrecerle apoyo por coincidir con la dirección hacia dónde ha hecho rumbear el país, ponen en jaque lo conseguido para la segunda parte del año.
La incertidumbre que ha acompañado a Milei casi desde el inicio mismo de su gestión, a veces con mayor y menor intensidad, se ha multiplicado por razones que podrían haberse evitado. Se desconoce –y en verdad es lo llamativo para quien observa el panorama político con elementos de análisis e instrumentos analógicos y tradicionales si se quiere– las razones por la que Milei, teniendo casi todo a su favor, ha renunciado a la búsqueda de un puñado de contratos que podrían apuntalarle con más confianza y eficacia el modelo aplicado, en el presente y para el futuro que viene. Se dirá, y como respuesta a aquello, que el vínculo que le interesa al presidente es el del contacto directo con el votante y sus seguidores. Y puede que tenga razón. Pero también es pertinente recordarle que el kirchnerismo hizo lo propio o creyó hacerlo en aquel objetivo de convertir a su gobierno que nació democrático, como el de Milei y como todos desde 1983 en adelante, en una autocracia. Si va por lo mismo, nadie puede garantizarle un buen resultado. Milei mira octubre y el veredicto de las elecciones. Habrá que esperar ese momento. El punto crítico es el mientras tanto.
Los tres proyectos convertidos en ley por el Senado la semana pasada, como el aumento en las jubilaciones y del bono que cobran los que reciben la mínima; la reversión de la moratoria previsional y la emergencia en discapacidad, han sido en verdad un producto de la tozudez presidencial por alcanzar una solución previa a la fulminante derrota que recibió. Los objetivos fiscales que se planteó la gestión y que se comprometió a cumplir con el FMI, más todas aquellas medidas que se implementaron para escaparle a la híper y bajar marcadamente la inflación, o bien podrían haberse moderado y repartidos en el tiempo o, en el mejor de los casos, financiadas con ahorro propio o recortes de los considerados gastos tributarios, por caso. Nada de eso se ha tocado.
Los propios economistas, ya en su mayoría, reconocen hoy que el problema es básicamente político. El IERAL, de Gustavo Reyes y Jorge Day, sostienen eso. Y dentro de los factores que construyen uno de los índices económicos más sensibles con el que se rige el movimiento de la inversión en el mundo, la prima de riesgo o riesgo país como se lo conoce popularmente, depende de gestos además de correcciones técnicas. La convulsión de la semana pasada y la rotura de puentes entre gobernadores y la presidencia se ocupó de hacer su aporte pernicioso.
Milei ha conseguido, en la mirada de Reyes, avances notables en los otros aspectos del riesgo país o prima de riesgo. Se refiere al de las cuentas fiscales, en cuentas externas, en el nivel de reservas del Banco Central (moderadamente) y pagos de la deuda del Tesoro y en la dinámica de la economía compuesta por la inflación y las expectativas de devaluación. También ha tenido algún logro, medido, en la performance de la actividad económica y en los niveles de pobreza, los que bajaron de casi el 50 por ciento al 35 por ciento del presente.
Si se llegaran a analizar los últimos dos factores del riesgo país (los 700 puntos más/menos que refleja por este tiempo impiden claramente el ingreso de inversiones), proporcionarían las respuestas al por qué de esa mirada todavía escéptica del capital internacional. Estos son la historia que precede a la Argentina actual por su ganada fama de incumplidora serial de los acuerdos con el FMI y el cepo (restricción al mercado de cambio) que todavía persiste para las empresas.
Entre todos los dramas del país, quizás los del empleo y el del ingreso figuren como los más sobresalientes. En el IERAL sostienen que, para conseguir empleo e ingreso de calidad, el plan de Milei no podrá soslayar las reformas que el mismo gobierno ha prometido.
Tras la pandemia el empleo comenzó a recuperarse en el país a un ritmo del 3,5 por ciento, pero a un 2 por ciento en Mendoza, con datos de fines del 2023. En el 2024 ha estado estable, sin crecer y sin caer abruptamente. En el IERAL indican que el empleo no crece, entre otras razones, por los altos costos de capacitación y de indemnización existentes. Y la caída en los niveles de inflación, además del índice de pobreza, trajo consigo un aumento del costo laboral en dólares. Esto como producto de razones múltiples a tener en cuenta: cayeron el gasto público y la demanda de dólares, esto último porque la sociedad salió del pánico inflacionario. El peso se apreció y las empresas perdieron competitividad al aumentar sus costos en la exportación de sus bienes. Todo un fenómeno que la historia de los planes de estabilización económica en la Argentina conoce y muy bien. Para salir del encierro se apela a la devaluación, o bien a las reformas estructurales que posibilitarían la inversión, una mayor actividad económica y por sobre todo más productividad.
¿Podrá Milei conseguir las reformas tal y como las ha prometido? ¿apelará a la política y la negociación para explicar los efectos y conseguir con ello comprensión, entendimiento y paciencia? Los próximos meses, claves, y el resultado de las elecciones tienen la respuesta.
