La sorpresa llegó al final, tras una película cargada de tensiones y de una fenomenal expectativa. Cuando no fueron la expresión de las caras, del semblante, lo fueron las de sus voces; caras de “yo no fui” y voces enterradas; y todas juntas, caras y voces, culposas. La imagen que dio ese grupo de 69 diputados nacionales, ayer, cuando se abstuvo a la reincorporación del controvertido capítulo del tabaco en la media sanción a la Ley de Bases del gobierno de Javier Milei, condujo de inmediato la memoria, sin escalas y sin contratiempos, a la actitud de los senadores en aquella sesión de días atrás en la que, al igual y sobre el tiempo de descuento y en sólo 48 segundos, se auto aprobaron el incremento de las dietas elevando las mismas a casi 4,5 millones de pesos neto.
Han sido las caras y las voces de la vergüenza, por distintos hechos y motivos, pero que han venido a develar comportamientos posiblemente indecorosos, inexplicables, probablemente indignos y vergonzosos. Tanto uno como el otro, en Diputados y en el Senado, esos momentos han exteriorizado como nunca antes, quizás, con tanta claridad, los negocios y las prácticas ocultas de la denominada casta. Casta a la que se incorporó, hay que decir y desde ayer, los “inmaculados” diputados del León y de su fuerza La Libertad Avanza (LLA), con el mentado y controversial capítulo del tabaco.
Pocos pueden dar detalles de lo que circuló efectivamente como “oferta” hacia los legisladores permeables, por parte del sector tabacalero, si se les hacía el favor de mantener afuera de la Ley Bases –aprobada con media sanción este martes luego de más de 24 horas de debate–, el capítulo del tabaco, por el que se modificaba elevándose el mínimo de la alícuota tributaria del impuesto interno de 70 a 73 por ciento, incluyendo además a uno de los grupos en los que se divide el negocio, el que había sido beneficiado en el pasado por enfrentar a las grandes multinacionales sin el pago del tributo, un beneficio que mantuvo en el tiempo hasta la actualidad, luego de haber alcanzado la escala de los grandes con los que competía.
En la Ley Bases original de diciembre pasado, el capítulo del tabaco figuraba. Pero en la nueva versión había desaparecido. Un lobby fenomenal del denominado “señor del tabaco”, Pablo Otero (Tabacalera Sarandí), logró la exclusión en la última versión de la norma. La sorpresa de la jornada se corporizó y manifestó al momento previo de la votación definitiva del paquete de artículos de la Ley Bases, cuando el diputado Juan Manuel López, de la Coalición Cívica, pidió reincorporar el capítulo. Al someterse a votación, en medio de una inusitada expectativa, estupor de algunos e incógnita casi total sobre el resultado, terminó siendo reincorporado por 82 votos afirmativos, 77 negativos, 69 abstenciones. Y al momento de someterse al escrutinio la moción de López, casi una treintena de diputados se ausentaron. Por la negativa votó la Libertad Avanza y el PRO; el grueso de los miembros de Unión por la Patria como la izquierda se abstuvo; sin embargo, un grupo de veinte peronistas junto a la mayor parte de los radicales, de los republicanos progresistas, la Coalición Cívica y los diputados que responden a Miguel Ángel Pichetto fueron los que consiguieron dar vuelta la historia. Más tarde el capítulo, luego de incorporado, fue votado mayoritariamente de manera favorable para implementar los cambios impositivos.
Es cierto que lo más saludable, y en línea con todo lo que ha venido pregonando el gobierno del León, hubiese sido la eliminación lisa y llana (¿por qué no?) de la totalidad del impuesto interno al sector en pos, si se quiere, el desarrollo abierto de la competencia entre los grupos económicos que le dan vida al sector, y la multiplicación de la actividad y la generación de empleo. Claro que como se trata de una actividad a la que, por cuestiones de salud pública se la ha ido acotando y restringiendo en el mundo entero, difícilmente se iba a avanzar en ese sentido. Pero el cinismo y la hipocresía de igual manera estuvo de manifiesto cuando se dispuso borrar de un plumazo el capítulo por presiones que, de acuerdo con lo expresado por los conocedores del mundo parlamentario, fueron más que evidentes; se dirá, obscenamente evidentes.
Para el caso del tabaco, un halo de decencia en un sector de la política, aunque efímero pero marcado, terminó imponiéndose por sobre una mayoría que había pasado de largo a conciencia o no, las consecuencias públicas –particularmente para el común de la sociedad que banca el ajuste y que todavía no se rebela con crudeza al constante aumento de los impuestos, teniendo más que motivos suficientes para hacerlo–, de un caso evidente de desigualdades y de beneficios proporcionados por el Estado hacia un poderoso con llegada a la Rosada. Como tantos otros que todavía existen.
