Alfredo Cornejo suele repetir, de tanto en tanto, una situación que marcó a fuego su gestión como gobernador de la provincia. Mientras negociaba con la Nación, gobernada por el mismo color político que en la provincia, en los tiempos de Cambiemos y de Mauricio Macri como presidente, el hoy diputado nacional confirmaba lo que para todos es una obviedad cuando las carencias y las urgencias apremian: que nunca tendrá independencia de movimientos y autonomía de acción una provincia si siempre se tiene que acudir en pedidos de ayuda a la Rosada por recursos porque con lo que se tiene no alcanza para llegar a fin de mes o de año; ni para sueldos ni para obras ni, mucho menos, para guardar en un fondo anticíclico por las constantes crisis ni para estar tranquilo y pensar con frialdad y sin urgencias lo mejor que se pueda a varios años.

La Provincia debe decidir un cambio de rumbo definitivo para lograr escaparse del círculo vicioso que la aplasta, la asfixia y no la deja imaginar el futuro inmediato, porque hace años que sólo se ocupa de lo urgente. Y así tampoco, ocupándose de lo urgente, ha logrado detener la decrepitud de los índices sociales que más sensibilizan y preocupan. Uno de ellos, desde ya el más importante, es el de la pobreza, que no para de crecer.

Está visto que desde la Nación hay pocas señales que ayuden en la tarea, ya no sólo para Mendoza sino para todo el país. Supongamos que la pandemia ha demorado el plan de Alberto Fernández, pero eso no debió haber sido un impedimento para que, al menos, el Gobierno le permitiera al pueblo imaginar lo que estaba en papeles, en proyecto, para torcer el rumbo suicida del país. No hay más plan que vivir de lo nuestro sin que se diga cómo se hace para vivir de lo nuestro con lo puesto. Es muy difícil imaginarlo.

Máximo Kirchner, el líder de La Cámpora, diputado nacional, aspirante a la Presidencia del PJ en la poderosa provincia de Buenos Aires y hasta posiblemente uno de los nombres que tendrá el kirchnerismo para ofrecer como alternativa a Fernández en el 2023, viene de dar algunas pistas sobre el misterioso plan y programa: “La mayor independencia que puede tener un país es la de la producción propia, la producción nacional”, dijo promediando la semana pasada, cuando el peronismo lanzó su Escuela de Gobierno en la provincia gobernada por Axel Kicillof. La independencia –añadió el hijo de la vicepresidenta– se conseguirá por la base productiva nacional, y puso como ejemplo la fabricación de jeringas, respiradores y ropa técnica que se está haciendo en talleres nacionales para abastecer en medio de la pandemia. “Esta es la pelea”, agregó, que está dando el kirchnerismo frente al neoliberalismo que, según su retórica, sólo pretende abrirse al mundo para entregar lo que se tiene.

Aquel discurso de Máximo Kirchner, con el que dio por inaugurado el inicio del ciclo lectivo de la Escuela de Gobierno del frente peronista, dejó otras aristas interesantes cuando se quejó de que las empresas se van del país atraídas por ventajas impositivas a lugares de destino en donde se pagan sueldos de hambre –dijo el diputado– y que por eso hay que apostar por lo propio.

Por lo que se ve y ha dejado entrever, el modelo de consolidación de una fuerte base de producción nacional pasa por los mismos incentivos promocionales, vía impuestos, para algunas regiones del país. Es el mismo modelo que el kirchnerismo, ahora por la vía del hijo de la vicepresidenta, condena y desprecia al cuestionar la partida de algunas empresas en medio de la pandemia.

Las reglas de juego obligan a todas las provincias no promovidas por la Nación a patalear y llorar en la Rosada. “Hay que trabajar, moverse, viajar y pedir”, dicen los voceros del kirchnerismo en Mendoza, como respuesta a la queja provincial por no haber estado en los planes de promoción anunciados para el Norte Grande. La propuesta y pedido del gobierno de Suarez se presentó el viernes al Gobierno nacional con un poco más de 300 actividades a las que se pide beneficiar.

El incentivo es una rebaja sustancial de los aportes patronales que paga el empleador, uno de los impuestos más condenados por el mundo de la producción, junto con los Ingresos Brutos en las provincias. La misma herramienta impulsada por el gobierno de Fernández reconoce por dónde pasa un problema al que no se anima, la propia administración, a atacar a fondo: la presión impositiva.

¿Habrá producción nacional fuerte para lograr la independencia económica sólo sobre la base de incentivos aislados y que para conseguirlos hay que ir a patear las puertas de la Rosada? La resolución estructural de una de las enfermedades del país parece ser que pasa por una nueva ley impositiva que tenga en la mira la disminución de la presión fiscal. Cuando Fernández llegó al Gobierno, los gobernadores, a coro, fueron a reclamarle una modificación del último pacto fiscal que se había firmado durante el gobierno de Macri. Aquel acuerdo comprometía a las provincias a ir reduciendo impuestos, en particular Ingresos Brutos, para promover las inversiones, el desarrollo y crecimiento y evitar pérdidas de empleo. La crisis del 2018 puso en tela de juicio el pacto y, cuando llegó Fernández, directamente se anuló.

En Mendoza, algunas voces especializadas, críticas al gobierno de Suarez, cuestionan esas tendencias a la baja de impuestos, al sostener que así la Provincia ha ido perdiendo autonomía financiera, como ocurrió, afirman, en el 2017 con el pacto fiscal de Macri y los gobernadores.

La realidad, de todas maneras, se encargado de demostrar que la riqueza no es infinita, que no se puede mantener por siempre una política de extracción de recursos de la actividad privada para financiar el constante crecimiento de lo público, cuando lo público, el Estado, no ha demostrado mejorar o, directamente, no le ha dado más beneficios a la sociedad por su mayor incidencia y presión sobre todo lo que puede producir la economía.

Quizás la solución pase por una combinación de producción nacional fuerte, como dice Máximo Kirchner, y también por una progresiva disminución de impuestos que gravan el trabajo y las inversiones y permitan generar riqueza en una provincia que necesita recursos, claramente, para ser un poco más independiente y autónoma. Y no tener que mendigar en la Rosada, golpear puertas, chillar, gritar, patalear, pero aun así, siempre dependiendo del ánimo y voluntad de quien tiene la billetera y el garrote.