Cuando la frazada es corta, no queda otra que optar: o cuidamos del frío las extremidades, como pies, brazos o alguna otra parte, como el torso, por ejemplo, o protegemos la cabeza, la cara, el pecho. Los expertos coinciden, en general, en que es por la cabeza por donde el cuerpo pierde buena parte del calor, alrededor de 10 por ciento. Y que, al cubrirnos la cabeza, por tratarse de una de las zonas más sensibles al frío, creemos que estamos más protegidos o nos sentimos mejor.

La figura y la imagen de la frazada corta se suele llevar bastante seguido al campo de la administración de gobierno y del uso de los recursos públicos para encontrarles alguna explicación más o menos razonable a las decisiones que en esos ámbitos se toman. Cuando no hay demasiada plata, en el Estado, igual que en una empresa o familia, se tiene que optar y fijar prioridades. Pero, si a eso se le adiciona un problema quizás más complejo, el de las dificultades para decidir políticamente un rumbo, la metáfora de la frazada corta también aplica a la perfección, aunque más que nada para justificar una carencia que se tiene para fijar rumbos que significan el pago de un costo inicial, pero que al final del camino suelen traer sus recompensas.

La frazada corta en Mendoza, desde hace tiempo, se ha usado para modificar o transformar algunas falencias y dolencias que el Estado ha venido acarreando desde un buen tiempo a esta parte. Y se ha dejado de lado, a la espera de mejores oportunidades, para tiempos con viento favorable, la restructuración de la economía, por caso. Lo institucional y administrativo en cuanto a reformas y cambios, necesarios, para alguno de los tres pilares en los que se asienta la república, entendido como alguno de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, o en los tres a la vez y juntos, por sobre las reformas de fondo y también absolutamente necesarias sobre los aspectos que mueven y en los que se asienta la economía de la provincia, su famosa matriz, la que a esta altura ya no se sabe muy bien si es que no alcanza para satisfacer las demandas de 2 millones de personas residentes, o hay que modificarla, cambiarla o ampliarla. Pero, sin duda alguna, no ha podido por alguna razón extraña, a la luz de los resultados, ir por ambas cosas: lo institucional y lo económico. Una de las explicaciones puede ser la falta de decisión, valentía, fortaleza y persistencia para encararlas. La agenda del próximo período de gobierno, por su propio bien y sustentabilidad, debería prestarle atención a este fenómeno.

Tanto Alfredo Cornejo, desde el 2016 en adelante, como Rodolfo Suarez, desde el 2019 hasta ahora, han seguido el mismo patrón. Cornejo comenzó con los cambios en la Justicia, en la administración del Estado y algo en el sistema impositivo, y Suarez siguió el rumbo. Hubo diferencias, es cierto, entre uno y otro: lo de Cornejo contó con mayor espectacularidad y visibilidad, por caso, partiendo desde casi un desierto en esos asuntos. Suarez intentó, en un primer momento, dar un salto de calidad a todo aquello, imaginando un nuevo rumbo económico para Mendoza, cuando intentó incorporar la minería a la matriz tradicional y conservadora que nos ha venido acompañando casi sin cambios desde que la provincia es provincia. El intento fue eso, sólo un intento que quedó trunco. Entonces viró, pandemia de por medio, a los objetivos institucionales: apareció la consabida reforma constitucional, tal como lo había insinuado su antecesor y el antecesor del antecesor, y como ellos, sin alcanzar los objetivos. Y por estos días festeja lo que está en camino: la reforma al sistema de funcionamiento de la Suprema Corte de Justicia, que se ha sostenido por la existencia fija de las salas de magistrados y por la división de las especialidades de las distintas materias del derecho desde un poco más de 40 años a esta parte.

La agenda de lo que viene tiene que contener, sin dudas, una visión puesta, prioritariamente, en la cuestión económica. Porque, evidentemente, no alcanzará con las referencias a la macroeconomía para justificar lo que no se ha podido alcanzar en Mendoza. Este jueves nomás, dos gobernadores cercanos a la administración provincial, uno por ser vecino, Sergio Uñac de San Juan, y otro, si se quiere, por coincidencias políticas con el elenco de gobierno local, como Gerardo Morales, de Jujuy, han marcado en un foro, e involuntariamente, sin duda alguna, las enormes diferencias que tienen con Mendoza. Uñac ha remarcado que su provincia “es la única que sin petróleo y sin soja ha tenido una balanza comercial favorable” en dólares, y Morales ha destacado que, con el desarrollo de su industria minera, basada en el litio, en la oferta y en los precios que el producto está registrando en el mundo, se ha transformado en “una gran oportunidad para la Argentina”, desde su provincia.

Los 450.000 pobres que, según las últimas estadísticas del INDEC tiene Mendoza, entre pobres e indigentes, constituyen una sola razón en sí misma para que se trabaje en un cambio de prioridades de la agenda. Si de pobreza se trata, la provincia está por arriba de la media del país, igual que con San Juan. De alguna manera se tiene que comenzar a dar alguna respuesta a un problema que no puede dejarse sólo en manos de la Nación o de una administración nacional que tenga coincidencias con la provincial.

Cuando este jueves en LVDiez se le consultó a Suarez su parecer sobre el camino de la agenda política con el de la agenda social y las prioridades de ambas, respondió, como se podía prever: “Si fuera por eso, no podríamos hacer ninguna reforma”, justificando el proyecto en curso sobre el funcionamiento de la Corte, más los que se han intentado en la misma línea, como el de la reforma institucional. Quién puede negar que se necesite una Justicia más ágil, una Justicia que resuelva rápido casos de privaciones de la libertad o que no dilate resoluciones que con el paso del tiempo se transforman en perjuicios y quebrantos al propio Estado, como ha sido el caso de los agentes estatales que Cornejo cesanteó y, dos años después, la Justicia ordenó reincorporar; o el caso de los famosos equiparados en el Poder Judicial sin respuesta y otros tantos más. Pero, como también se dice que, en el gobierno, “nos tenemos que ocupar de todo”, pues en el gobierno, efectivamente, hay que ocuparse de todo.