¿Por qué la administración de Alfredo Cornejo debería tomar distancia del gobierno de Javier Milei y enfrentar el proceso electoral que se avecina en soledad, refugiado en Mendoza, buscando blindar su gestión de los efectos negativos que pudiesen surgir de un malestar creciente con el gobierno nacional?
Es una pregunta que algunos se hacen en Mendoza, inquietos porque entienden que, de no asumir una actitud más crítica, la hegemonía del oficialismo podría ser amenazada y sancionada con una derrota en 2027. A todo eso, Cornejo responde con silencios y decisiones que dicen todo.
Los silencios se quiebran cuando sale a ratificar públicamente cada vez que se lo interroga su alianza con Milei, con quien coincide en el rumbo que el libertario le ha dado a la nueva Argentina que nació a fines de 2023.
Las decisiones, en cambio, muestran las diferencias. Algunas medidas de gobierno marcan una distancia concreta con el modelo libertario, probablemente con la expectativa de que esas diferencias sean tenidas en cuenta a su favor —o, mejor dicho, a favor de sus candidatos— cuando el elector mendocino defina hacia dónde quiere que vaya la provincia.
Entre esas decisiones están, claramente, aquellas en las que la impronta y presencia del Estado se muestran con contundencia.
El mejor ejemplo está en el uso, ya casi en su totalidad, de los fondos del resarcimiento: aquellos cerca de 1.100 millones de dólares que Mendoza está invirtiendo en obras y que le permitieron mantener en pie la inversión pública en infraestructura, evitando con ello el colapso de uno de los sectores más golpeados a nivel nacional: la construcción, junto con la industria y el comercio.
Es una apuesta jugada a pleno en épocas de vacas flacas, más que flacas, que tendrá su paso por ventanilla político-electoral promediando el año próximo, cuando buena parte de esos emprendimientos se encuentren en plena ejecución.
También para mediados del año próximo el gobierno aguarda, con algo de ansiedad, el primer impacto a gran escala del sector minero. PSJ Cobre Mendocino comenzará la construcción del yacimiento en Yalguaraz, Uspallata, una obra que demandará durante un año y medio o dos la contratación masiva de al menos dos mil operarios, o más, para dejarlo en condiciones de comenzar la explotación hacia 2028. Obra pública y minería. Dos cartas que Cornejo espera tener sobre la mesa cuando comience a definirse la sucesión.
La oposición, mientras tanto, le señala su afinidad y coincidencia con Milei y pareciera advertirle, con sus críticas, que ese camino podría causarle más de un dolor de cabeza para imponer a su candidato favorito dentro de la interna para sucederlo.
Por eso, más que preocuparse por su propia oferta electoral, una de las estrategias opositoras que aparece en danza es activar operaciones a favor de algunos de los aspirantes del pan-oficialismo no cornejista, haciendo todo lo posible para que no se imponga uno de sus discípulos en la sucesión.
El razonamiento parece sencillo: si no se llega a construir algo competitivo, creíble y confiable para disputar la gobernación en 2027, al menos hacer lo necesario para que un no cornejista alcance el control institucional y, con eso, bloquear persiguiendo el fin de la hegemonía del modelo que comenzó hacia fines de 2015.
Por eso Ulpiano Suárez, Luis Petri y hasta Esteban Allasino —si el lujanino no tuviese la posibilidad de ser reelecto, un objetivo que parece seguro para el intendente— conforman ese menú interesado de operaciones y comidillas de café que recorren la provincia para limar al cornejismo.
Pero hay algo que todavía nadie puede saber: si tomar distancia de Milei mejoraría realmente las chances de un discurso electoral con intenciones de competir y protagonizar lo que se pondrá en juego el año próximo. Cornejo tiene claro que para las elecciones del 2027 debe llegar con un solo candidato empoderado para competir. No sólo por supuesto ante el peronismo, sino ante una eventual interna con Luis Petri.
Los sondeos permanentes dan cuenta, por ahora, del sostenimiento del modelo, pese al mal humor y al fastidio social que han ido en aumento.
El dato de Martha Reale, en agosto, resulta ilustrativo. “¿Cómo sabemos que el voto aguanta?”, se preguntó la consultora después de analizar el resultado de más de 1.200 encuestas nacionales. Y encontró una respuesta al volver a encuestar a las mismas personas: comparando julio contra agosto, persona por persona, la opinión sobre Milei había empeorado, pero el 96 por ciento seguía votando lo mismo y nadie se había pasado a Kicillof. “El que se enoja, por ahora, no cambia de bando: se refugia en el voto en blanco”, resumió Reale.
El clima social se irá moviendo en función de las respuestas de la economía y, claro está, de las alternativas serias que aparezcan del otro lado. Por ahora esas ofertas no se dejan ver, ni siquiera se insinúan.
En ese escenario, Cornejo no tendría razones para desentenderse de Milei. Al menos por ahora. Al igual que el grupo de gobernadores que juega cerca del Presidente, que se muestra aliado en las batallas parlamentarias y negocia con Diego Santilli, el ministro del Interior, en cada reunión que se programa, Cornejo negocia a su manera, con la vista puesta en 2027.
Es probable que todo lo que apoya y aquello a lo que pareciera ceder en beneficio de la Nación o de la gestión de Milei termine explicándose en la resolución de los acuerdos electorales del año próximo. Es un panorama que todavía aparece lejano y que recién tendrá su correlato y comprobación en un resultado favorable o no para sus intenciones, promediando 2027.
En esa mesa de acuerdos todo parece estar bajo análisis y revisión: procesos de licitación conjuntos, pero bajo control nacional, como el complejo Los Nihuiles, del que la provincia se desembaraza del total de las acciones al menos por los próximos 30 años; y hasta la discusión en torno de la eliminación o suspensión de las PASO nacionales, para la que el mendocino tendría una alternativa que buscaría discutir con la Nación.
El rumbo político de Cornejo, de su gobierno y de su modelo, mientras de él dependa, no sufrirá cambios. Al menos por ahora, hay que remarcar.
Seguirá el día a día, señalando diferencias, aunque no de fondo respecto del rumbo, sino vinculadas con aquellas reformas que todavía no han aparecido, como la tributaria y la previsional.
Y seguirá planteando, como ya lo hacen otros gobernadores, entre ellos Rolando Figueroa, de Neuquén, una revisión completa del sistema de reparto de impuestos conocido como coparticipación nacional, un debate que tanto Milei como cualquiera de sus antecesores ha evitado dar.
Cornejo, de momento, no parece dispuesto a romper con Milei. Tampoco a convertirse en un gobernador subordinado a Milei.
Su estrategia es otra: acompañar el rumbo, negociar los recursos, marcar las diferencias allí donde entiende que puede hacerlo y, sobre todo, esperar que la economía termine convirtiéndose en el principal argumento para explicar por qué decidió jugar de este lado.
La verdadera respuesta llegará con las urnas. Y será entonces cuando se sabrá si la alianza con Milei fue para Cornejo un salvavidas, un negocio político o el precio que tuvo que pagar para llegar con chances propias a 2027.
