El clima social y los nuevos tiempos juegan decididamente a favor del gobierno de Javier Milei. Incluso, desde la llegada libertario al poder y el escaso tiempo transcurrido en la gestión parece haber cambiado la lógica de los encuestadores que miden el humor político, la satisfacción social y las demandas de la población: ya no bucean en los porqués del ánimo, sino que sus trabajos se elaboran buscando el impacto de las medidas de un gobierno concentrado y obsesionado en la meta del equilibrio fiscal y la derrota de la inflación. No importa cómo se consiga el objetivo del orden general. En su gran mayoría los argentinos mantienen la esperanza en un gobierno que ha sabido interpretar la nueva configuración que adoptó el país tras el rotundo fracaso del último populismo progre, el que decidió el rumbo de las cosas durante los últimos veinte años: los dieciséis en el gobierno, y cuando fue oposición en la obstrucción absoluta y constante.
El avance oficial sobre las estatales Intercargo y Aerolíneas Argentinas ha marcado el clima de época. La salvaje alteración al servicio que produjeron los gremios de ambas compañías, apuró el plan de Milei para terminar con las dos empresas. El objetivo que no había logrado alcanzar dentro de la Ley Bases, un grupo de sindicalistas ultra K se lo terminó sirviendo en bandeja. Las miles de personas tomadas como rehenes por los gremios en los aeropuertos, pidiendo al unísono mano dura contra todos los empleados sin distinción, o bien la caída del mayor peso de la ley sobre los culpables de medidas inhumanas, insensibles, delirantes, no ha sido más que música para los oídos de un gobierno que al menos por lo que ha demostrado en los once meses de gobierno es un convencimiento notable y evidente de que llegó para cumplir con una misión que tiene el efecto de un mandato divino.
“A la Argentina le hacía falta este loco”, es la frase que sintetiza el humor mayoritario ciudadano a lo largo y ancho del país. Y Milei no ha hecho otra cosa que reforzar ese pensamiento. Dijo el jueves a la noche en la Cámara de Comercio de Buenos Aires: “Muchas veces me preguntaron qué es lo que siento al ser presidente, y yo digo que para mí es un trabajo más. Me dieron un shot description (un mandato, un objetivo a cumplir), que era bajar la inflación, hacer crecer la economía y terminar con la inseguridad. Y yo me dedico a hacer eso. Es decir, no me importa ni lo que digan las encuestas, no me importa nada. Yo hago lo que tengo que hacer”.
La política tradicional, convencional, hasta analógica se podría decir, y los que ven el rumbo de un gobierno con los mismos ojos que han visto lo que ha sucedido por décadas en el país –nada parecido a lo que está ocurriendo hoy–, ya deben estar tomando nota –y con más razón frente a la cercana temporada electoral–, de este fenómeno surgido a partir de la elección de un loco: a once meses, el Loco goza de la saludable compañía de la gente, incluyendo la de sectores visiblemente sufridos y afectados, de las mieles, en definitiva, que reparte el apoyo popular.
En las provincias, los gobernadores, como Alfredo Cornejo en Mendoza desde ya, se enfrentan a un dilema que les surge como producto de la gestión: hacer converger el paso redoblado de Milei detrás del objetivo del equilibrio fiscal a lo que dé lugar, la derrota de la inflación y el crecimiento, frente a las demandas insatisfechas en el territorio subnacional frente a un Estado que se retira y se desentiende.
En las últimas reuniones que el presidente ha tenido con los gobernadores (primero con los peronistas, luego con los del Pro y en la última semana con los radicales), Milei habló de economía, algo sobre el presupuesto del año que viene y mucho sobre el déficit cero. Y a todos les ofreció cederles bienes y facultades nacionales alrededor de los servicios, la logística y la infraestructura nacional de la que la nación decididamente ha decidido desentenderse o bien privatizando compañías estatales, entregando la iniciativa y actividad privada la inversión y el manejo de algunas áreas, o bien dejar esos espacios en manos de las provincias interesadas. Esto de traspasar obras y servicios a los gobernadores que se quejan por el fin de la inversión pública, es muy similar al método usado con los gremios de las firmas estatales a las que les dice: “Háganse cargo ustedes”.
De acuerdo con fuentes de acceso a la Casa de Gobierno, desde la nación le han propuesto a Cornejo que la provincia, junto con otras seis, tome a su cargo la nueva empresa que remplazaría a Aerolíneas Argentinas, la que puede ser liquidada o cerrada. A Mendoza se suman las provincias más grandes y necesitadas de conectividad. Una de ellas sería Córdoba con el gobernador Martín Llaryora a la cabeza.
Pero a Cornejo parece no cerrarle el esquema charlado, muy en borrador. Las dudas se asientan en el financiamiento de la nueva compañía: “No tenemos plata para eso, como le pasa a la nación”, dice Cornejo, que en caso de aceptar el convite, la provincia, con las otras partes de la aventura, recibiría la nueva empresa con los correspondientes aviones y lo que quede de la fuerza laboral. Aunque todo está muy en el aire, y el posible traspaso de la empresa aérea a las provincias bajo el nombre de ARSA Provincial o bajo la marca Austral sea una de tres alternativas que Milei baraja como solución para Aerolíneas, a Cornejo podría interesarle el tramo logístico del negocio; es decir como plataforma de servicios para la nueva empresa con la infraestructura con que se cuenta y la ubicación geográfica de la provincia. “Que Mendoza fuese un hub logístico de esa empresa no estaría mal”, se le atribuye a Cornejo, el gobernador de una provincia como otras que, sin Aerolíneas, sufrirían un impacto negativo todavía no calculado en su economía y en el turismo.
En resumen, la nación les ofrece a las provincias todo lo que pueda y deseen los gobernadores que se sienten obligados a su vez a encontrar soluciones a problemas que La Rosada ve muy lejanos. Las rutas nacionales en Mendoza, por ejemplo, destruidas y cada vez más peligrosas. “Nos han dicho que las tomemos, que con peaje se recupera rápido el gasto y que incluso se convertirían en una fábrica de dinero, muy rentable”, cuenta la fuente gubernamental de todo los que se les baja desde la nación a las provincias. Pero en Mendoza no ven privados interesados, por ahora, en tomar la ruta internacional, o el túnel Caracoles y que por su cuenta y riesgo realicen la inversión para mejorar esa infraestructura. Entonces es cuando la discusión con la nación comienza a deslizarse por casi todos los ámbitos, el filosófico, ideológico y el práctico cuanto menos. “Nos dicen que cuando se estabilice la economía y baje la tasa de interés, los privados vendrán solos a ofrecerse. Pero eso no ocurre todavía, con lo que el problema es ahora en un contexto en donde el Estado en manos de Milei no pondrá un solo peso detrás del equilibrio fiscal y las provincias no tienen plata para hacerlo”. A un gobernador, con el que Milei dialoga y discute el traspaso de la jurisdicción y el dominio de una ruta, la nación le habría llegado al punto no tan curioso de venderle dicha red vial, como si se tratase, dicen, de un gran negocio y altamente redituable del que se desprenden.
Todo esto que es materia de análisis entre los gobernadores y Milei, casi a diario, o entre los funcionarios provinciales y los nacionales, es parte de lo que se pondrá en juego a mediados del año próximo durante la campaña electoral: no es otra cosa que “el modelo Milei” o bien “el modelo del loco”. Será una batalla discursiva por la construcción del relato y del mensaje muy interesante. En la intimidad Cornejo suele definirse como “liberal”, como se lo ve a Milei. Su problema se centra en cómo será visto su “liberalismo” frente al “liberalismo” de Milei. El liberalismo, el método o el pensamiento de un Milei que de mantener y conservar el mismo nivel de apoyo que hoy le dan los mendocinos al momento de las elecciones, obligaría a Cornejo a tomar decisiones fuertes y ruidosas para no contradecir ese pensamiento y ganar todo lo que pueda de ese universo.
De ahí que se hable de la búsqueda de un acuerdo entre Milei y Cornejo para las legislativas del 2025. Pero ese acuerdo a lo sumo podría sellarse en el tramo nacional. Porque hay indicios de que para la elección provincial los libertarios provinciales jugarán su carta enfrentando a Cambia Mendoza pensando en el 2027.
Cambia Mendoza y el liberalismo mendocino (MendoÉxit, PD, CC, La Unión Mendocina, Jubilados, el Partido Libertario, La Libertad Avanza y otros tantos en formación) podrían llegar a competir por un 60 por ciento del electorado. El 40 por ciento restante podría repartirse entre el peronismo, los verdes y la izquierda. Un desafío clave, de resolución sensible y compleja y que dependerá de mensajes claros y efectivos, de la contundencia de los mismos y de la referencia que se tome frente a lo que quiere la ciudadanía, en su mayoría, que se cumpla como objetivo: una dirección distinta a la que se traía hasta el 2023, pero no sólo de la nación, sino probablemente incluyendo también a la provincial. Otro camino, otro rumbo, otra configuración a lo conocido desde por lo menos quince años a esta parte en Mendoza.
