Atacaron Libia. Hubo menos deliberación que en otras ocasiones. Una coalición informal que no se sabe qué es ni quién la lidera se dedica de modo escasamente coordinado a bombardear Libia. Dicen que la comanda Estados Unidos, pero no está claro que sea así, y que otros Estados no actúen por su cuenta. No es la OTAN. Incluso, miembros de la OTAN, como Turquía, se manifestaron en contra.
El “marco legal” del ataque es la Resolución Nº1.973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (www.un.org/es/comun/docs/?sy mbol=s/res/1973%20(2011)). El caos actual no es casual, es prohijado por esa resolución pensada para el saqueo. El punto 4 y otros con similar redacción “Autoriza a los Estados miembros que hayan notificado previamente al secretario general a que, actuando a título nacional o por conducto de organizaciones o acuerdos regionales y en cooperación con el secretario general…” atacar Libia, por supuesto invocando la “protección de los civiles”.
No hay muchas alternativas de interpretación del párrafo; el procedimiento sería, más o menos, así: un país decide atacar Libia, le comunica al secretario general y procede amparado por el “derecho internacional”. Un verdadero despropósito, tanto que Medvédev y Putin, el tándem del gobierno ruso, declararon que la resolución está mal hecha, que evoca las cruzadas y resulta agraviante para los pueblos árabes. Ahora reclaman el cese del fuego.
Queda como pregunta para el análisis por qué ni Rusia ni China hicieron uso del derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Las hipótesis más plausible para entender estas conductas parten de la necesidad de reconstruir teoría desde los países dependientes. Desde las teorías de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) hasta el Movimiento de los No Alineados, entre muchos otros antecedentes, ya dieron cuenta otrora de problemas semejantes.
Otro punto saliente y no muy comentado de la resolución es lo que han presentado como “el congelamiento de las cuentas de Gaddafi”. Bueno, no es exactamente así. La resolución decide la congelación de activos financieros y recursos económicos que se encuentren en su territorio (de los países miembros) y que sean de propiedad o estén bajo el control, directo o indirecto, de las autoridades libias. Esta cláusula amañada permite que las potencias se apropien de las reservas soberanas de Libia y otros activos, según algunos datos, bastante superiores a los 70.000 millones de dólares, que no son de Gaddafi, son de Libia; y, aparentemente, pueden servirles para salvar algunos problemas de liquidez.
Resulta incierto hasta qué punto Estados Unidos está convencido de la operación. Su secretario para la Defensa, Robert Gates, ha manifestado oposición al ataque y ha dicho que sería un error “sacar a Gaddafi de Libia”. Gates muestra un declaracionismo cada vez más pronunciado que contrasta con la política de Hillary Clinton avalada por Obama. Quien destaca en este enredo es Nicolas Sarkozy.
A pesar de su hiperactividad en relación con Libia, todavía no responde la acusación de Seif el Islam Gaddafi de que su padre había financiado su campaña electoral para llegar a la presidencia de Francia. En realidad, no fue eso lo que dijo Seif, sino que le pidió que le devuelva el dinero. Sarkozy no parece muy preocupado por brindarle oportunidades de ampliar su denuncia de la que dijo poder suministrar detalles de transferencias y demás elementos, toda vez que resulta difícil dar testimonio en medio del estallido de las bombas de la aviación francesa.
Berlusconi, quien no podía estar ausente, prestó las bases italianas para que operaran desde allí pero luego se retractó y anunció que retoma las bases mientras no sea una operación conducida por la OTAN. Así como hay en este lado del mundo teorías que han resignificado el concepto de populismo asociado a gobiernos que dan carnadura a las aspiraciones populares con trabajos como los de Ernesto Laclau o Roberto Follari, resulta necesario profundizar el estudio de personajes como el francés y el italiano mucho más representativos de lo que la vulgata mediática presenta como populismo y, fundamentalmente, como vemos, mucho más peligrosos.
La apropiación del petróleo libio, el negocio financiero subyacente en el congelamiento de los fondos o incluso objetivos más parroquiales como podría ser para Sarkozy y Cameron ofrecer a sus electorados una nueva utopía imperial; cualquiera de estos u otros objetivos que se enuncien o se deduzcan, lo cierto es que este bochorno marca a las claras el descalabro imperial y la necesidad de reconstruir un orden internacional sobre otras bases.
No tiene autoridad moral ninguno de los países invasores para reclamar respeto a los derechos humanos, siendo que ellos han demostrado y siguen demostrando no respetarlos. A la vuelta, en Yemen y Bahrein continúan las matanzas de los dictadores “amigos”, sólo como ejemplo. En el caso de Estados Unidos, su sólo rechazo a la Corte Penal Internacional lo inhabilita para cualquier señalamiento al respecto.
omo vemos, poder imperial puro y duro. Vale la pena destacar la posición de los países de la ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) de ofrecer una mediación y reclamar por todos los medios posibles una chance a la paz. Mientras tanto, algunos políticos de estas latitudes, como Elisa Carrió, escriben cartas a la Embajada de Estados Unidos u otros, como Ernesto Sanz, hablan con funcionarios estadounidenses para que intervengan en nuestra política doméstica. Estas cartas vienen a vuelta de correo con marines y bombardeos.
