No está del todo mal que los intendentes del oficialismo, no todos, en verdad, sino aquellos que ganaron bien y que tienen proyección, además de un nivel de conocimiento provincial aceptable, comiencen a mover fichas alimentando un proyecto propio con escala final en la Gobernación. Tampoco está mal que a los líderes de la coalición oficialista, por Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez, se les haya atribuido una maniobra para aquietar las movidas de los jefes territoriales bajo el argumento de que las cosas están tan mal que la ciudadanía no les tolerará movimientos políticos que podría interpretar o considerar egoístas, mezquinos y descalzados de la realidad. En verdad, tanto la política como el resto de la dirigencia y algún escandalizado por el lanzamiento de estrategias prematuras debiese desdramatizar el asunto. Siempre pasó, siempre sucedió, y por más que a alguien con voluntad y ambición de verdad se lo quiera o pretenda acallar o maniatar, buscará la forma de seguir adelante y rebuscársela ahora o más adelante.

Sin embargo, hay dos motivos o razones que todos en la política deben prestarle atención: los problemas, evidentemente, más en un mes de diciembre que particularmente empezó alterado y muy convulso (sólo hay que tomar nota de los piquetes en una pulpera y en una bodega en Alvear de los últimos días) y por sobre todo de lo que significa la política y los partidos políticos como instituciones y pilares de la democracia que han sido: aquellos partidos y estructuras a las que algunos años atrás se les reconocía su poder de influencia y capacidad de producir cambios para bien en todo lo establecido han caído en prestigio y credibilidad. Y, en particular, uno de ellos, que es el que sostiene el frente opositor en Mendoza –el peronismo– y, como veremos un poco más adelante, ya no es visto como una esperanza o vía o camino hacia la solución de los males que se padecen. Señales muy fuertes que la dirigencia no debiese ignorar, por el futuro y presente de quienes están en su conducción y por el de los mendocinos, claro.

Los trabajos que fue realizando el consultor Elbio Rodríguez a lo largo de la última campaña electoral, cuando se repasan y lejos de lo que desde el periodismo buscábamos antes de las elecciones, como quién de los candidatos medía primero, segundo o tercero en las encuestas, hoy cobran un valor trascendente para lo que viene.

Seis de diez mendocinos dicen confiar o creer en las estructuras o frentes partidarios y un poco menos de cuatro de cada diez los rechazan. Al descomponer la cuenta amplia, el radicalismo y el peronismo se llevan más de 40 por ciento de entre todos los partidos; los liberales el 4 por ciento, los verdes el 3,4 por ciento y la izquierda el 7 por ciento.

En resumen, quienes dicen simpatizar con la UCR como partido, como estructura o institución, suman el 22,2 por ciento y, por el peronismo como PJ, como movimiento y expresión política que hasta no hace mucho hacía ganar a cualquier candidato con el sello, nada más el 18,8 por ciento. Radicales y peronistas, juntos por adhesión partidaria apenas superan el 40 por ciento de todo el universo. Todo indica que se ha acentuado y agudizado el paulatino descreimiento y falta de confianza y de autoridad de los partidos políticos. Se sabía que eso estaba ocurriendo. Quizás lo nuevo es que poco han hecho sus líderes por revertir ese estado de cosas. O lo que han hecho para modernizarlos y ponerlos al nivel de las expectativas y necesidades de la gente ha sido magro y no alcanzó los resultados que se buscaban.

Este sondeo que Rodríguez realizó en los 7 departamentos más grandes de Mendoza expresó un resultado altamente inquietante para el peronismo, ahora ya visto como Frente de Todos, incluso, con sus principales figuras como candidatos. Esos datos, de poco menos de un mes atrás, no sólo ya le adelantaban al perokirchnerismo que sería derrotado duramente, sino que si la percepción que tienen los mendocinos sobre sus ideas y propuestas se siguen multiplicando y extendiendo en el tiempo, corre un serio riesgo de existencia. ¿Es tan así?

El 58 por ciento de los mendocinos dicen estar pasando por una situación económica entre buena y pasable: 11,4 por ciento para los que dicen buena y 46,6 por ciento para los que la considera pasable. En tanto que el 41,6 por ciento ha respondido que tiene un presente económico entre difícil y malo: 27,9 por ciento difícil y 13,7 por ciento malo. Pero, entre todos ellos, entre los que dicen pasarla más o menos bien junto con los dicen estar mal o con una situación económica comprometida, el perokirchnerismo ni siquiera es preferido como posible camino hacia la finalización de sus males, como una alternativa política de salvación.

Entre los que dicen tener una situación económica buena, el 46 por ciento votó a Cambia Mendoza, mientras que el 15 por ciento lo hizo por el kirchnerismo. Entre los que dijeron que su situación es pasable, el 40,5 por ciento votó por Cambia Mendoza y el 21 por el kirchnerismo.

Pero lo más complicado y preocupante para el kirchnerismo se presenta entre quienes dicen estar mal económicamente, casualmente entre los pobres o considerados pobres, que entre todos suman casi el 42 por ciento del universo, casi el mismo nivel de pobreza que refleja Mendoza. Veamos por qué: entre quienes dicen que la están pasando difícil, el 33,1 por ciento votó por Cambia Mendoza, el 23 por ciento por el kirchnerismo y un 23,2 por ciento no contestó. Y entre los que los que dijeron que tienen una situación mala, el 21,8 por ciento votó por el kirchnerismo, el 21,4 por ciento por Cambia Mendoza y un 40 por ciento se abstuvo de contestar.

Hoy, al menos en Mendoza, el peronismo tal como está y con lo que está ofreciendo, ha perdido –o lo está perdiendo– el poder de representar, incluso, a los sectores más empobrecidos o vulnerables. Y otra conclusión que surge de todo esto es que para los mendocinos el Gobierno provincial no parece ser el responsable de sus penurias económicas, sino que las traslada hacia la Nación, como la responsable de la macroeconomía y de la creación de oportunidades y condiciones para el trabajo, el desarrollo y la riqueza.