Ilustración: @ElGolDeBedoya

La palabra del momento en el peronismo mendocino es “batracio”. La repiten sus dirigentes con llamativa insistencia. Y tiene que ver con una dicotomía a la que le queda menos de una semana para la definición: o se van con Omar De Marchi o se quedan bajo el yugo de La Cámpora. Por derecha o por izquierda, el sapo tendrán que tragárselo igual. Y en cualquiera de los dos escenarios, lo que se evalúa es la supervivencia del movimiento tal como se lo conoció en la provincia previo a 2011. Ser o desaparecer; esa es la cuestión. Peronismo en llamas.

La relación entre el peronismo tradicional y el kirchnerismo atraviesa su pico de toxicidad. Ya no se soportan ni cuidan las formas. La ruptura es total a pesar de que el Frente Elegí fue el que cerró el plazo de armados de alianza con más tranquilidad. Allí sí fue una cuestión de imagen. Fue apenas un momento de disimulo, no más que eso.

La disputa no sólo es por el escaso y nulo poder que el PJ local tiene en Mendoza, con tendencia a la baja. La discusión pasa por ponerle caras, nombres y apellidos a una derrota que se avizora durísima. Y ver quién al menos puede quedarse con las migajas de una torta que, en la previa, disputarán Cambia Mendoza –con Alfredo Cornejo al mando- y su apéndice díscolo creado por De Marchi con La Unión Mendocina.

Salvo desconocidos con inquietudes que quieren tener cinco minutos de fama, nadie quiere encarar la fórmula para gobernador y vice. En la puja por el poder real, las precandidaturas de Martín Hinojosa y la de Alfredo Guevara no son tomadas en serio. Los dejan jugar, pero no más que eso. Y habrá que ver cuánto está dispuesto a sacrificar el frente. El titular del Instituto Nacional de Vitivinicultura es un globo de ensayo lanzado por Carlos Ciurca -principal operador de La Cámpora- que todavía no tomó nada de altura. Y al abogado vinculado con el sector más duro de la militancia K tampoco le alcanza para intentar pelear arriba.

El perokirchnerismo no tiene candidato ni candidata. La opción del intendente de Lavalle, Roberto Righi, se diluye cuando, detrás de él, La Cámpora quiere imponer las listas para las legislativas. Está en juego una docena de bancas y quieren retener al menos siete de ellas porque suponen que el caudal de votos será tan escaso que no alcanzará para más. En otras palabras: que el peronismo histórico de Mendoza ponga al padre de la derrota y que el kirchnerismo mantenga una mínima presencia en la Legislatura.

Es una negociación, al menos, extraña. Es mandar al muere a algún intendente a cambio de nada. O, en todo caso, con la promesa de seguir apoyando a esas comunas desde la Nación. Entonces la pregunta que surge es simple: ¿cuánto tiempo más el kirchnerismo seguirá en el poder a nivel país?

Para este sábado se había programado una reunión entre los intendentes que lideran esa resistencia. La presión para que se vayan con De Marchi es cada vez mayor. De hecho, varios de sus referentes ya están trabajando territorialmente para el lujanino. Y así lo harán hasta el fin de la campaña.

Se juega a dos puntas. Por un lado, sumarse a la suerte al movimiento anticornejista. Por el otro, restarle poder a La Cámpora. En esa tensión, la prioridad es hacer hocicar al kirchnerismo y reconquistar el partido. Una derrota histórica dejaría la puerta abierta. Por eso apuntan más que nunca al voto útil.

El encuentro de jefes comunales se concretó a medias. El maipucino Matías Stevanato fijó su postura y prefirió dedicarle su tiempo a la campaña por su reelección en el departamento. Dijo que está harto de La Cámpora y que su idea de acompañar a De Marchi se mantiene inalterable. El sanrafaelino Emir Félix, el de Tunuyán, Martín Aveiro, y el lavallino Roberto Righi se fueron juntando por separado.

La postura de Aveiro no es muy diferente a la que viene mostrando últimamente. Es un sí pero no. Trata de ser oposición al kirchnerismo sin sacar los pies del plato.

A Félix, por su parte, le cuesta la idea de ir con De Marchi. No le termina de cerrar. Sabe claramente que se quiere separar de los K, pero a qué precio. Prefiere, en todo caso, aprovechar que el partido Proyecto Sur quedó afuera del Frente Elegí y, como última instancia, armar algo por afuera para tampoco ir a unas internas, más allá de que desde la Casa Rosada, con Guillermo Carmona como emisario de Agustín Rossi, lo están invitando a hacerlo.

Righi se debate entre ser cabeza de ratón o cola de león. Si es candidato a gobernador por el perokirchnerismo sabe que irá a una guillotina electoral casi segura. Si acompaña en la fórmula a De Marchi, habrá que ver qué más le ofrecen a él y a sus amigos intendentes en el armado de las listas de La Unión Mendocina.

Si eso sucede, el kirchnerismo tendrá que jugársela. O deja pasar a Hinojosa o expone a uno de sus referentes. Anabel Fernández Sagasti no parece muy convencida de tener que afrontar una nueva derrota electoral; esta vez, con la posibilidad de quedar en tercer lugar. Si la opción fuera Lucas Ilardo, las chances, según las encuestas internas que manejan, sería aún menores.

Hace apenas unos meses, en una columna de opinión publicada en El Sol, Pedro Pettignano, reconocido militante del PJ, vaticinaba que el justicialismo local se encaminaba al derrotero que llevó al Partido Demócrata casi a la extinción; justamente, por esta tirantez y diferencias irreconciliables entre la ostentación de poder de unos y el rencor y la sed de venganza de otros.

La manera en que el kirchnerismo se adueñó del partido no se dio en ninguna otra provincia grande; ni en Córdoba, ni en Salta, ni en San Luis, ni en San Juan, por ejemplo. Tampoco ocurrió en Buenos Aires, donde los barones del conurbano negocian, pero no ceden poder ni control territorial. En Mendoza prefirieron quedarse a la sombra del campeón -y de la caja-. Y ahora que está en la lona, no saben bien para dónde ir.