Son días de puro vértigo en la Casa de Gobierno, en especial, en el cuarto piso, la sede de la Gobernación. Las secretarias corren de un lado a otro, en medio de operarios que remozan el portal de acceso a lo que es el despacho del Ejecutivo. Cerca de cien mil pesos se han invertido en mejorar las oficinas de recepción, restaurar algunas pinturas, limpiar paredes y cambiar los pisos. Se trabaja en construcción en seco, una moda que parece seducir a parte del Gobierno, entusiasmado en lanzar una política amplia de construcción de casas, para bajar en algo, al menos, el enorme déficit habitacional de Mendoza. Francisco Pérez se mueve entre esa marea. La excitación lo ha embargado porque, además de tanta parafernalia para poner todo a punto a días del inicio de los festejos vendimiales, espera reunirse hoy con funcionarios nacionales y, quizás, con Cristina Fernández, para ajustar los detalles de su posible visita a la provincia el fin de semana que viene. La presidenta tal vez le confirme hoy mismo lo que hará. Hay un tema que Cristina tiene que resolver mucho antes que decidir si viene o no para la Vendimia: su discurso ante la Asamblea Legislativa del 1 de marzo, dentro de una semana, un día antes de la locura vendimial mendocina. Por eso, Pérez viaja hoy a la Rosada, convocado, como han sido muchos, a una suerte de visita de rendición de cuentas de cómo van las cosas en Mendoza, la tierra en donde la oposición radical tiene algunas esperanzas de comenzar a ganar políticamente este año con las elecciones de medio término y el 2015, cuando lleguen las generales.

“Yo no hablo de política con Cristina; la presidenta no habla de política –asegura–, habla de gestión, de puro trabajo, por eso la atacan”, murmura Pérez en una charla con este cronista que se extenderá por algo más de dos horas, en plena siesta de jueves. Lejos de los asuntos coyunturales del momento que lo acucian y que Pérez parece haber resuelto ya en su mente, como que está convencido de que no logrará destrabar las negociaciones el fin de semana con los docentes que irán al paro el lunes, por ejemplo, está sumergido en un microclima dominado por otras cuestiones: lo desvela reformar la Constitución y ser parte de una liga de gobernadores peronistas en la que se está entreteniendo por estas horas, operando contra el sciolismo, como si fuera un contrafuego al avance “de aquellos que, sean de derecha o de izquierda, quieren volver al modelo de gobierno de las corporaciones”, dice. “Allí están Scioli, Massa (por el intendente de Tigre, presidenciable), Macri y otros”, agrega. ¿Y usted, Pérez? ¿dónde está? “En aquel grupo que cree que al modelo actual hay que mejorarlo, reconocerle algunos errores y mejorarlo. Es el modelo que garantizará lo que se ha hecho desde el 2003 a la fecha. Estoy convencido. Como estamos con Gioja, Urtubey, Fellner, Beder Herrera, Alperovich y otros”, afirma. Y sigue con algunos detalles de esta cruzada que, asegura, sin ser puramente K, comienza a armar una alternativa frente a la finitud del kirchnerismo de paladar negro que se presenta si Cristina no puede lograr la reforma constitucional para aspirar a otro mandato. Asevera que con algunos gobernadores comienza a reunirse mañana y que espera que el cónclave cobre más fuerza el fin de semana que viene, si llegan todos los mandatarios provinciales que invitó para la fiesta.

Entre las definiciones políticas, que ya tiene, como jugar alineado a Cristina en el escenario nacional, “dentro del peronismo”, aclara, defendiendo el modelo opuesto al que dice que representa el bonaerense Scioli, Pérez se ve con fuerzas de impulsar en la provincia la reforma de la Constitución. Y a eso va. “Yo ya fui gobernador, el bronce no me interesa, pero si me pregunta qué quiero para que esta gobernación trascienda, eso es la reforma de la Constitución. Sería el primero en conseguirla. Desde los años 90 que ningún gobernador se destaca por algo como lo hizo Bordón, o quienes lo sucedieron”, advierte, sin mencionar a Lafalla y Gabrielli. La reforma de Pérez es integral y ya no tiene empacho ni prurito alguno en reconocer que esa reforma la quiere con la reelección del gobernador por un nuevo período. Los sueños de Pérez son ambiciosos, alguno dirá que son estrambóticos, a la luz de cómo se da el debate político en Mendoza. Pero, el gobernador no se amilana y dice, en voz alta, que le gustaría ser reelecto. Entre los dos escenarios que imagina en su cabeza está el futuro que pretende construir de aquí al final del mandato: o se ve en la Nación, como alguna vez se analizó en esta columna, protagonizando en serio el período de la sucesión de Cristina; o se ve en Mendoza, peleando por su segundo gobierno. Todo un dato. No hay vueltas por ahora. Nada de embajadas, nada de alguna banca en el parlamento o algo por el estilo. Y se da manija y se embala cuando recuerda que los integrantes del peronismo no kirchnerista trajeron a Mendoza a la Juan Domingo (agrupación política afín a Scioli) y más cuando se le pasa por la cabeza, como una pesadilla, que llegó José Pepe Scioli, hermano del gobernador bonaerense, traído por el peronista no kirchnerista Enrique Thomas, “a decir, por ejemplo, que Cobos ganaría con más del 50 por ciento”. Desconfiado, Pérez cree ver hasta una jugada de Daniel tras esa visita fugaz. Tan es así que confiesa: “Yo le podría haber armado un quilombo en Buenos Aires (a Scioli), porque varios intendentes de la Costa me invitaron a que fuera este verano y paseara por allá. Podría haber llevado la Vendimia y la promoción turística, pero me pareció que no correspondía. Fíjese –dice, casi sin respiro y entusiasta– que Massa (intendente de Tigre) llenó de carteles la costa, pero no dice para qué, como un narcisista. Él juega… pero no dice a qué, puede ser para el 2015, ¿o no?”, inquiere, animado.

La interna del peronismo provincial no parece inquietarlo. Como tampoco cuál será el candidato que defenderá la ropa del Gobierno en las PASO de agosto y en octubre. ¿Usted cuánto va incidir?, le preguntamos: “No sé, se verá, buscaremos el candidato, el mejor”, sostiene, vagamente, con desdén. No le gusta hablar de los líos cercanos a Pérez. Sabe que no están bien las cosas, mucho más con el radical Cobos como candidato opositor. “De los mejores que tenemos hoy, los más posicionados están Ciurca y Abraham… pero el Carlitos casi seguro que dirá que no –aclara, por las dudas–, igual, estamos bien, 40 a 30, hoy, y eso que no hemos empezado a caminar. ¡Ojo, que tampoco se ha medido al resto de los posibles candidatos de la oposición, como puede ser el que represente a Iglesias y Fayad, o al propio Rosales (por Luis, el ex candidato a gobernador demócrata)! La oposición se puede dividir mucho; pero yo estoy seguro, segurísimo de que vamos a ganar”, sostiene, vehemente.

Pero, Pérez sabe que hay asuntos complejos que manejan el humor de la gente y que serán tenidos en cuenta este año, entre ellos, el del inconcluso y cada vez más embarrado emprendimiento de sales de potasio en el Sur. El parate de la minera Vale lo tiene loco. Y no sabe cómo se resolverá. ¿Qué dice? “Timerman no me pudo atender, pero me han comunicado que el canciller brasileño, luego de la reunión (con Timerman) se fue sin responder, en silencio. Tiene que consultar cómo seguirán, qué harán. Acá hay extorsión –dice sin medias tintas–, de Vale. Presionan para que se les quite el pago del IVA que son unos 1.500 millones de dólares. Le voy a decir algo que no se ha dicho todavía: el 18 de febrero nos juntamos en Buenos Aires todos. Estaban los gobiernos de ambos países (Argentina y Brasil), los representantes de Vale y había alguien más”. Pérez saca una carpeta y muestra el acta de aquel encuentro. Allí se lee que entre los asistentes estuvo, vía teleconferencia, un representante del holding árabe Mubadala, con sede en Abu Dabi. Pérez reveló que Mubadala, propietario del Manchester City de Inglaterra, por caso, quiere invertir en la mina de potasio. Hoy negocian la tasa de retorno. Piden 15 por ciento, y el Gobierno les garantiza el 12. Vale también los quiere en el negocio, pero como socios, en el que la brasileña seguiría dominando el emprendimiento y controlándolo, por sobre todas las cosas. Pero, no hay caso. Pérez no puede anunciar que se haya solucionado. Un dato para el final. El gobernador estará hoy en Buenos Aires. Le presentará al ministro de Salud, Juan Manzur, el novísimo plan del seguro social salud Mendoza, programa que Pérez presentará inmediatamente termine la Vendimia. “Esto va a ser impresionante”, dice, orgulloso, prometiendo que el despegue real de su gobierno, “se viene ahora”. Lo esperamos. Es hora.