Es muy probable que además de la bronca, el hastío y la impotencia que fue creciendo en cada uno de los argentinos, desde el pie hasta la cabeza, alcanzando esos niveles casi estrambóticos no registrados anteriormente, hayan sido los que le han dado el triunfo a Javier Milei en estas PASO hacia las presidenciales de octubre. Sobre esto parece que no hay dudas, mucho más desde que ese estado de ánimo se fue profundizando a medida que se salía de la pandemia y el gobierno de Alberto Fernández daba muestras de ineficiencia absoluta y total para dar respuestas a las nuevas/viejas demandas, más agravadas.
El fenómeno más preocupante si se quiere, cuando se analiza la situación general de la sociedad vista con la lógica tradicional de la política, es que en primer lugar el kirchnerismo –por los años en los que ha gobernado (16 de los últimos 20)– y la oposición de Juntos por el Cambio que le siguió en saga en muchos aspectos pese a las profundas diferencias que los separan, pudieron haberse erigido en los promotores de esa reivindicación de la antipolítica que se ha hecho un buen lugar en el escenario nacional con el triunfo del libertario. Vaya paradoja: aquellos que en el arranque del nuevo milenio llegaron para rescatar a la Argentina del “que se vayan todos” y se presentaron como los herederos de aquellas viejas y gloriosas armas de la primavera democrática de comienzos de los 80, hoy están viendo y presenciando su descomposición.
El nuevo factor que ha hecho su presentación estelar en este juego con la representación de Milei interpela a los frentes tradicionales desde sus entrañas. Porque el enojo, expresado con literalidad en esa necesidad de cambio brusco, a fondo y urgente del tercio ganador, parece haberle apuntado al fracaso de la dirigencia en la administración de aquella democracia recuperada 40 años atrás.
No se sabe muy bien si de ahora en más el libertario seguirá en ese camino de crecimiento y si quienes lo votaron ayer persistirán en su posición. Porque bien todo pudo haber sido el golpe sobre la mesa para llamar la atención con una fuerte advertencia. O si se trata de un hecho que va en serio de verdad; un rompimiento, un quiebre con todo lo establecido por una dirigencia que jugó con fuego y al límite de la capacidad de tolerancia y paciencia.
Y si hay un reclamo y manifestación de cambio en serio, el oficialismo no dio señales anoche mismo de haber tomado un debido registro de lo que está sucediendo. Por el contrario, un Sergio Massa grogui se dejó llevar por un entorno que le reclamó más fundamentalismo con una sola y única dirección: blindar Buenos Aires ante lo que se avecina. Como se está perdiendo en este primer tiempo, pareció decir Massa, saldremos al segundo con las mismas armas, sin modificaciones y con la misma estrategia. Como en Mendoza, el perokirchnerismo nacional no está advirtiendo la nueva fluctuación de las demandas, reconfiguradas. Y si en caso sí lo ha hecho, está diciendo que no se desviará del camino trazado.
También parece haber algo de alivio en Juntos por el Cambio por el triunfo de Patricia Bullrich por sobre Horacio Rodríguez Larreta. Porque Bullrich emerge como la más capacitada para enfrentar a Milei en el terreno de las transformaciones bruscas, al menos desde lo discursivo, que es lo primero que puede ponerse bajo análisis cuando se reanude el juego, en un par de semanas más.
El batacazo de Milei ha puesto a la Argentina en un espacio inexplorado. Tanto pobres, desdichados, desesperanzados, como ricos insatisfechos y hartos de populismo se han fijado en el libertario para probar otras recetas y medicinas. ¿Por qué no, si todo lo visto hasta ahora ha dejado un tendal de víctimas y derrotas aquí y allá? Vale la pregunta, con tono prepotente y pecho henchido, del ganador de estas elecciones. Una salida a la Argentina es lo que está indicando la mayoría de este domingo electoral. Un algo así como que “ahora decime lo que quiero escuchar, porque de tanto prestar la oreja a tanto relato ya tengo bastante. Y lo que quiero escuchar es lo que dije y pensé por tanto tiempo de quienes me ofrecieron el oro y el moro y sólo coseché penurias por tanto tiempo y ya no quiero más”.
