Alfredo Cornejo se equivocó feo. No en la crítica de Flor Destefanis como intendenta de Santa Rosa. Su comentario acerca de cómo la abogada gestiona su departamento y la injerencia que puede tener su esposo, es parte del juego político.
Lo hizo del mismo modo en que el perokirchnerismo mendocino cuestiona a Rodolfo Suarez como gobernador: desde que asumió tras una victoria con una diferencia histórica sobre Anabel Fernández Sagasti, intentan vaciarlo de poder al decir que no es más que un vocero de Cornejo.
En este punto, las reglas son las mismas, tanto para hombres como para mujeres. De lo contrario, es una impostura para la tribuna que ni vale la pena analizar.
Sin embargo, el titular de la UCR nacional pronunció un concepto que estuvo de más. Tal vez adrede o tal vez para ejemplificar la doble vara con que suele moverse La Cámpora, puso en duda el feminismo de la jefa comunal. Ahí la pifió. Incluso con errores, aún con resabios machistas, se puede ser feminista. Es parte de la deconstrucción lógica en un proceso de cambios sociales y culturales históricos. Quizá, Santa Rosa, sea un modelo de eso. Destefanis reemplazó a Norma Trigo, en un hecho que no registraba antecedentes en Mendoza y pocos en el país. El camino es por ahí, más allá de las diferencias políticas, partidarias e ideológicas. En un pequeño departamento mendocino se rompe el techo de cristal.
El discurso es reprochable porque menoscaba una condición, un concepto, que va más allá de las virtudes o defectos de Destefanis como funcionaria.
A partir de allí, llega la reacción montada en cólera. La dirigencia del PJ a pleno salió a hacer ruido en las redes sociales. Definitivamente, es en esa fauna donde se terminan dirimiendo estos asuntos. Voces de enfado, de ira y expresiones exaltadas para repudiar la frase desatinada del ex gobernador.
Comentario machirulo de Cornejo, por un lado. Indignación fingida y simulada, por el otro. Básicamente, porque la defensa de los derechos de las mujeres debería trascender los límites geográficos; porque las expresiones de malestar no condicen con el silencio cómplice de lo que, por ejemplo, ocurre en Formosa, donde decenas de chicas embarazadas huyen del sistema represivo montado por un mandatario que es del mismo color político.
Es cuando surge el feminismo por convicción o el feminismo por conveniencia. Suenan parecidos; son absolutamente diferentes. Y es al primero al que hay que apostar en serio. Siempre.
