Oscar Bonifacino, de 21 años y oriundo de Maldonado (Uruguay), hizo historia al convertirse en el primer boxeador sudamericano abiertamente gay que pelea con orgullo bajo la bandera LGBT. El deportista pasó por el streaming Choco TV y dejó en claro que su sueño, en gran parte, es ser un símbolo de visibilidad y dignidad.

Su camino no fue fácil: entre golpes físicos y emocionales, Bonifacino vivió una infancia marcada por el bullying, la violencia familiar y hasta recibió un disparo. Aun así, esa oscuridad lo llevó a considerar el suicidio hace cinco años.

“El deporte me salvó, toda mi vida fue muy difícil. Ahora siento que mi rol es este, ser una bandera para todos aquellos que sufren en silencio”, aclaró. 

Durante su debut profesional en febrero, decidió mostrarse como realmente es: con orgullo y sin esconderse. “Desde ese momento supe que peleo por algo más grande que un cinturón”, explicó.

Lejos de recostarse, Bonifacino afirma que los desafíos solo lo fortalecen: mientras se entrena en Montevideo bajo la tutela de promotores como Sampson Lewkowicz, mantiene viva una misión: “Quiero ser feliz, mostrar que se puede vivir siendo uno mismo y llegar a ser campeón mundial”.

Con miras a convertirse en el primer campeón mundial masculino de Uruguay, sueña con inspirar a quienes aún viven ocultos, mostrando que el boxeo, si bien históricamente machista, puede también convertirse en un espacio de inclusión.