La clasificación de la Selección argentina a los cuartos de final del Mundial 2026 no solo dejó una celebración multitudinaria en las calles mendocinas, también volvió a mostrar esa forma tan particular que tienen los argentinos de vivir el fútbol: con sufrimiento, nervios, abrazos y promesas que solo se cumplirán si el equipo de Lionel Scaloni sigue avanzando.

Durante los 90 minutos no hubo un segundo de silencio. En bares, plazas y pantallas gigantes, los hinchas cantaron incluso cuando el resultado parecía irreversible. Y cuando llegó el tercer gol el desahogo fue colectivo: personas que no se conocían terminaron abrazadas, llorando y saltando como si fueran amigos de toda la vida.

“Mucho nervio, pero con mucha ilusión de que podíamos ganar. Y ganamos”, resumió uno de los hinchas, todavía emocionado.

Otro fanático confesó que vivió el partido al límite. Sus palabras resumieron lo que sintieron millones de argentinos: durante 90 minutos, la vida pareció resumirse a una pelota, un arco y una ilusión compartida. “La verdad, muy cagado (sic). Pensé que se nos acababa, quedaban diez minutos, pero apareció el equipo. Muy lindo el triunfo, merecido”.

Hubo quienes directamente sintieron que el cuerpo no resistía semejante montaña rusa de emociones. “Mirá cómo está mi voz. No da más. Verdaderamente lo sufrimos. La pasión argentina está intacta. Casi me muero, de verdad. Nunca sufrí tanto un partido”.

Las promesas, pero sin anular mufa

Con la clasificación asegurada, la ilusión empezó a mirar más allá. Sin embargo, hablar del futuro todavía da miedo. La palabra “mufa” apareció una y otra vez entre los hinchas. “No lo vamos a mufar”, respondió un joven cuando le preguntamos si Argentina podía seguir avanzando.

Mientras algunos prefieren aferrarse únicamente a las cábalas -ver todos los partidos con las mismas personas, sentarse en el mismo lugar o usar la misma camiseta- otros ya dejaron hecha una promesa. Uno aseguró que dejará de fumar si la Selección logra el objetivo. Otro fue todavía más lejos. “Me rapo. Nunca me rapé el pelo, pero si pasa, me pelo todo”.

Porque si algo volvió a demostrar esta clasificación es que un Mundial, para los argentinos, nunca es solo fútbol. Es una excusa para creer, sufrir juntos y terminar abrazando a un desconocido como si fuera de la familia.

Pero, más allá del resultado, hubo una imagen que volvió a repetirse apenas sonó el pitazo final. Desconocidos abrazándose, familias enteras llorando y amigos saltando sin importar quién tenían al lado. Porque un Mundial, para los argentinos, nunca es solamente fútbol.