El mundo de la publicidad y la comunicación argentina atraviesa una jornada de luto tras confirmarse el fallecimiento de Ramiro Agulla, ocurrido este jueves 9 de julio de 2026, a las 4 de la madrugada. Según trascendió, el publicista se encontraba internado debido a un cuadro de neumonía que se agravó en los últimos días, derivando en un shock séptico que terminó con su vida a los 62 años.
Agulla es reconocido como una de las figuras más influyentes de la industria creativa desde los años 90. Su carrera dio un salto fundamental cuando, junto a Carlos Baccetti, fundó la agencia Agulla & Baccetti. La firma se convirtió rápidamente en un referente de la publicidad moderna, logrando que grandes anunciantes buscaran en su creatividad el impacto que cambiaría para siempre la comunicación visual en el país.
Su legado está compuesto por piezas que se convirtieron en parte del imaginario popular. Entre sus campañas más recordadas destacan “La llama que llama” para Telecom/Personal, el comercial “El Oso” para Quilmes y la pieza “Gueropa” para Renault.
Estos trabajos fueron el reflejo de su ambición por reinventar la publicidad local y conectar con el público a través de nuevos lenguajes.
De la publicidad a la política
Más allá de su faceta comercial, Agulla incursionó en la política, terreno donde su impacto fue igualmente significativo. Su trabajo más emblemático en este sector fue la campaña presidencial de Fernando de la Rúa en 1999, bajo el eslogan “Dicen que soy aburrido”, una estrategia que se convirtió en un hito de la comunicación electoral argentina.
A lo largo de sus cuatro décadas de carrera, prestó servicios a una amplia gama de sectores políticos en Argentina y asesoró figuras internacionales en países como México, Chile y Estados Unidos. Ante quienes cuestionaban que trabajara para dirigentes de ideologías tan opuestas, Agulla solía mantener una postura pragmática: “Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery”.
Una historia personal marcada por el compromiso
Su vida personal estuvo atravesada por un hecho trágico ocurrido durante su adolescencia. En 1978, su padre, Horacio Agulla —periodista y activo militante político— fue asesinado por un grupo de tareas vinculado a la última dictadura militar. Ramiro siempre sostuvo que, con el paso del tiempo, logró integrar esa experiencia personal en su trayectoria profesional, declarando en reiteradas entrevistas que trabajó para “convertir esa bronca en algo positivo”.
Con su partida, el sector publicitario despide a uno de sus mayores exponentes, un creativo que supo entender, antes que muchos, cómo captar la atención de las audiencias en una era de cambios profundos.




