El locro es mucho más que un plato típico: forma parte de la identidad gastronómica argentina y cada 9 de julio vuelve a ocupar un lugar central en las mesas familiares. Su combinación de maíz blanco, porotos, carnes y verduras lo convierte en una comida ideal para los días de frío y en una tradición que se mantiene generación tras generación.

Aunque existen distintas versiones según la región del país, la receta clásica conserva una base común y algunos secretos que hacen la diferencia al momento de cocinarlo.

Los ingredientes para un locro tradicional

Para unas seis u ocho porciones se necesitan:

  • 250 gramos de maíz blanco partido.
  • 250 gramos de porotos blancos.
  • 200 gramos de panceta.
  • Pechito de cerdo.
  • Falda vacuna.
  • Cuerito de cerdo.
  • Un chorizo colorado.
  • Un chorizo criollo.
  • Tres cebollas.
  • Dos cebollas de verdeo.
  • Un puerro.
  • Media calabaza.
  • Medio morrón rojo.
  • Sal, pimienta, comino, pimentón, orégano y ají molido.

Un paso clave es dejar el maíz y los porotos en remojo desde la noche anterior para reducir los tiempos de cocción y lograr una mejor textura.

El paso a paso para que salga perfecto

El primer paso consiste en cortar todas las carnes y verduras antes de comenzar la cocción. Luego se recomienda hervir durante unos minutos el chorizo y el cuerito de cerdo para retirar parte de la grasa.

En una olla grande se dora la panceta y se incorporan la cebolla, el puerro y la cebolla de verdeo. Una vez que las verduras estén tiernas, se agregan las carnes, el maíz, los porotos y agua suficiente para cubrir todos los ingredientes.

Después de aproximadamente una hora y media de cocción se suman la calabaza en cubos y los condimentos. El locro deberá cocinarse lentamente hasta que las carnes estén tiernas y el caldo comience a espesarse.

El secreto para un locro bien cremoso

Uno de los trucos más utilizados consiste en rallar una parte de la calabaza e incorporarla durante los últimos minutos de cocción. De esa manera el guiso gana cuerpo de forma natural, sin necesidad de agregar harinas u otros espesantes.

Por último, el toque final lo aporta la clásica salsa picante. Se prepara salteando cebolla, cebolla de verdeo y morrón con abundante aceite, a los que se agregan pimentón, ají molido y orégano.

Al momento de servir, cada plato se completa con una cucharada de esta salsa, que realza el sabor del locro y le aporta el picante característico de esta preparación tradicional.