El Gobierno nacional avanzó este lunes con la regulación de vapeadores, tabaco calentado y bolsitas de nicotina a través de la resolución 549/2026, con el objetivo de formalizar un mercado que hasta ahora operaba, en gran medida, en la informalidad.

La medida deja atrás el esquema prohibitivo vigente desde 2011 y establece la obligatoriedad de registrar los productos, declarar su composición y cumplir estándares de calidad. Además, fija límites a la concentración de nicotina y elimina los saborizantes en los cigarrillos electrónicos, en un intento por frenar el acceso de adolescentes.

De acuerdo con fuentes oficiales, el objetivo es dotar al Estado de herramientas para controlar, fiscalizar y sancionar la venta irregular, en un contexto donde el consumo ya existía pero sin regulación efectiva.

Un mercado instalado y con fuerte presencia joven

En la práctica, el fenómeno ya está consolidado. Desde el sector comercial aseguran que el perfil de los consumidores cambió en los últimos años y que el crecimiento entre jóvenes es evidente.

Un vendedor del rubro, que pidió reserva de identidad, señaló que la demanda se expandió con fuerza en los últimos tiempos.

“Antes era el tipo de 40 que quería dejar de fumar; hoy ves a chicos de 16 o 20 que arrancaron directo con el vape”, explicó.

Según detalló, el rango predominante se ubica entre los 20 y 35 años, impulsado por la exposición en redes sociales y su presencia en ámbitos recreativos. También reconoció que, antes de la regulación, el acceso era prácticamente irrestricto.

“Era un viva la pepa. Cualquiera compraba por redes y se lo mandaban por moto, sin controles”, afirmó.

Sabores, jóvenes y riesgos: el punto de tensión

Uno de los ejes centrales de la normativa es la eliminación de los saborizantes, señalados como una de las principales puertas de entrada al consumo adolescente.

Desde el sector comercial advierten que se trata del núcleo del negocio. “El 85% o 90% de las ventas eran sabores. Casi nadie busca gusto a cigarrillo”, sostuvo el comerciante.

Y anticipan posibles efectos no deseados. “Sin sabores, el consumo no va a desaparecer: se va a ir al mercado negro”, advirtió.

Desde el ámbito sanitario, en tanto, respaldan la preocupación por estos productos. El médico neumonólogo Ramón Ángel Alchapar (matrícula 2875) alertó sobre sus consecuencias.

“Lo grave es que van a enfermar a la población joven”, afirmó.

El especialista explicó que los vapeadores no generan vapor inocuo, sino un aerosol con sustancias potencialmente tóxicas.Tiene propilenglicol, dioxinas, benceno y metales como plomo, níquel o estaño. Todo eso se inhala, detalló.

Además, vinculó los saborizantes con enfermedades graves. “Están asociados a patologías como la bronquiolitis obliterante”, indicó.

Desinformación y consumo naturalizado

Otro de los aspectos que preocupa es el nivel de información que manejan los consumidores. De acuerdo con el vendedor consultado, existe una percepción distorsionada sobre los riesgos.

“Muchos creen que es humo con olor rico y nada más”, señaló.

En ese sentido, consideró que falta información clara sobre los efectos del vapeo, en un escenario donde conviven ideas erróneas tanto de minimización como de exageración del daño.

Un riesgo subestimado

Alchapar cuestionó además la idea de que estos dispositivos sean una alternativa más segura al cigarrillo tradicional.

“No sabemos si es menos peligroso, porque no sabemos qué está inhalando cada persona”, sostuvo.

A su vez, advirtió que no necesariamente ayudan a dejar de fumar: “No sirve para dejar de fumar, se termina haciendo un consumo dual”, explicó.

Un escenario abierto

La regulación busca ordenar un mercado preexistente y reducir los riesgos asociados al consumo sin control. Sin embargo, tanto desde el sector comercial como desde el ámbito médico coinciden en que el fenómeno ya está instalado.

El desafío, ahora, será lograr un control efectivo y generar mayor conciencia sobre los riesgos, especialmente entre los jóvenes, el grupo más expuesto a estos productos.