A la migración de médicos en busca de mejores oportunidades económicas, ahora resurge una problemática que complica la atención de los afiliados, ya que cada vez más médicos dejan de recibir obras sociales y prepagas.

Según un informe publicado por la Confederación Médica de la República Argentina (Comra) la ola de renuncias médicas ya alcanzó al 10% de la plantilla en el AMBA y hasta el 15% en el interior del país.

En Mendoza no existen datos precisos, sólo estimaciones. Desde la Asociación de Clínicas y Sanatorios (Aclisa) manifestaron que es una realidad que se observa, que va en ascenso y que, según datos relevados, aproximadamente el 10% de los profesionales que antes recibían prepagas u obras sociales, hoy ya no lo hace.

De este modo, aquellos médicos de mayor prestigio o los que pueden construirse una marca propia intentan abrirse de las prepagas hacia la atención particular, donde pueden poner una tarifa “razonable” y solventar los costos de insumos o equipos importados.

Tendencia

Años atrás, incluso, antes de la pandemia de Covid-19, eran muy pocos los médicos que no recibían prepagas u obras sociales. Lo hacían determinadas especialidades.

En la actualidad, no hay distinción y en las cartillas de los consultorios o clínicas privadas son muchos los profesionales desde pediatras hasta cardiólogos, incluso, neumonólogos que sólo atienden de manera particular. La consulta va de los 3.500 a los 6 mil pesos, dependiendo de cada especialidad.

Esta situación está repercutiendo en el sistema sanitario, ya que a la falta de profesionales y el tiempo de espera para conseguir un turno (que en el sector privado ronda los 60 días) se le suma la imposibilidad de encontrar un especialista que reciba la prestación.

Por otra parte, los que optan por recibir prepagas están incorporando como modalidad una serie de coseguros que los afiliados tienen que pagar, entre otras cosas, para solventar los gastos de los descartables.

Imagen ilustrativa.

Como consecuencia, la primera opción del afiliado es cambiarse de prestadora. Al menos, buscar una más accesible. Pero también se registran situaciones en las que dan de baja la prestación y recurren a la asistencia del sector público que, en las últimas semanas, se ha visto desbordado por la cantidad de pacientes con insuficiencia respiratoria, en especial, de niños.

Médicos, en busca de alternativas

Cansados de lidiar con el sistema, los profesionales de la salud buscan estrategias y alternativas para poder cobrar sueldos dignos.

“La situación actual me llevó a no recibir pacientes nuevos. Solamente trabajo con los que ya venía atendiendo, la mayoría cuenta con prepagas, y les cobro un coseguro de mil pesos para afrontar gastos del descartable”, comentó una prestigiosa periodoncista de Mendoza.

Otra odontóloga, además, expresó que emplea la misma metodología, aunque sí está recibiendo nuevos pacientes. Eso sí, les cobra la consulta a 4.500 pesos de forma particular.

Muchos odontólogos optaron por no recibir pacientes nuevos y, en caso de hacerlo, no les reciben prepaga ni obra social, sino que les cobran particular.

Por su parte, un cirujano que prefirió preservar su identidad, consignó que desde que arrancó su carrera profesional no “transó” con las prepagas y obras sociales. Es decir, sólo aceptaba a algunas y la decisión tuvo que ver con los bajos honorarios que recibía por su labor y los tiempos de ejecución de los mismos.

“Entiendo que los pacientes tienen un problema a la hora de consultarnos y no podemos crearle un segundo inconveniente por no recibir la prestación, por lo que en esos casos lo que hago es atenderlos en el efector público donde, además, me desempeño y que sea la institución la que se ocupe del cobro a la prestadora”, explicó y agregó: “No sólo los médicos tenemos problemas con las obras sociales y prepagas, las entidades también”, explicó.

Finalmente, un ginecólogo dijo que después de la pandemia dejó de recibir prepagas y tiene que ver con que no está conforme con el pago que le brindan.

Según contó el especialista, con lo que percibe de las prestadoras no llega a cubrir gastos fijos como el alquiler del consultorio, el sueldo de la secretaria, el seguro de mala praxis, los insumos y la carga impositiva, entre otros.