A mediados de la década de los ’80, muchos años antes de que se sancionara la Ley de Salud Mental (26657) en el 2010, el Hospital Escuela de Salud Mental Carlos Pereyra fue pionero en Mendoza porque brindó atención ambulatoria a aquellos pacientes que se veían imposibilitados de continuar su tratamiento en la sede de la calle Ituzaingó de Ciudad.
La idea siempre fue defender los derechos de las personas que acudían a estos servicios y que posteriormente se aplicaría con la norma que está vigente. Actualmente, la ley de Salud Mental previó las sustituciones de los hospitales monovalentes (aquellos que tienen única especialidad, en este caso, psiquiatría), tanto públicas como privadas, por un sistema de atención de salud mental de base comunitaria y cercana a la población. Se entendió que estas instituciones eran lugares de encierro sin respeto por los derechos humanos.
Así fue como se fueron promoviendo mecanismos alternativos, como la atención ambulatoria para estos tipos de pacientes.
Pacientes que llevaban 20 años en el hospital
En 1986, el hospital Pereyra empezó a trabajar en una idea de apertura a la comunidad. Entre otras cosas, querían garantizar los derechos de los pacientes neuropsiquiátricos a no ser discriminados y a ser atendidos en un ambiente apto con resguardo de su intimidad.
Con la vista puesta en desalentar las internaciones indefinidas, en 1989 se creó el servicio de atención domiciliaria -en el Departamento de Rehabilitación Psicosocial-, luego de analizar y observar que el hospital no era un espacio para alojarse o para vivir, sino un lugar para realizar un tratamiento y para acompañar un proceso de enfermedad.
Desde hace más de 25 años, Mabel Dispensa se desempeña en el Pereyra y actualmente es jefa del departamento de Rehabilitación Psicosocial. Aseguró que “la incorporación de este área permitió que las personas que estuvieron años y años internadas volvieran a sus domicilios y a conectarse con la sociedad. Se empezó a trabajar con las familias de los pacientes para reubicarlos, el objetivo era disminuir el número de la población que se encontraba internada y reinsertarla en la sociedad”.

Con ese cambio de perspectiva y con el peso en la mirada de la sociedad sobre este tipo de instituciones, “el desafío fue enorme”, recordó Dispensa. “En ese entonces, el equipo se encontró con pacientes que llevaban más de 20 años de hospitalización y el objetivo era mejorar la calidad de vida de estas personas, mediante un acceso a la salud mental garantizado”.
Las paredes hablan
Más de tres décadas han pasado desde que el servicio ambulatorio se instaló en el Pereyra y está sólo destinado para aquellos pacientes a los que se les dificulta, por diferentes razones llegar a la sede. La finalidad es que no interrumpan su tratamiento.
El equipo responsable del servicio es interdisciplinario y está conformado por psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y enfermeros. Así el paciente o usuario (tal como se lo denomina desde la implementación de la ley) logra un abordaje integral.
“El número de pacientes que forman parte de esta modalidad es variable, hoy, estamos trabajando con unos 80 hombres y mujeres, todos mayores de 18 años, y la patología que se replica en la mayoría de ellos es el trastorno mental severo que va desde una psicosis, esquizofrenia, depresión hasta discapacidades intelectuales”, detallaron los especialistas.
La manera es mediante la organización de cronogramas de visitas que se arman todas las semanas teniendo en cuenta no sólo las zonas en las que residen los pacientes, sino la impronta de su enfermedad.

“Este tipo de tratamiento ambulatorio lo que permite es que ese paciente, al que se le dificulta acceder al hospital no recaiga por falta de atención”, explicaron.
“Está claro que cada paciente requiere un tratamiento diferente y el abordaje que se hace no es sólo con ese usuario, sino que al ser ambulatorio uno ingresa a su núcleo más cerrado y puede conocer su entorno y lo que allí se genera. Las paredes de cada una de las viviendas que visitamos realmente hablan”, expresaron los profesionales.
Si bien el número es variable, los médicos aseguraron que con la pandemia de coronavirus aumentó el número de pacientes que requieren atención integral en sus domicilios.
En la actualidad, las admisiones que se realizan permiten que sólo personas que residan en un radio cercano al hospital, es decir, en Las Heras, Godoy Cruz y Ciudad, puedan acceder al programa. Sin embargo, se sigue asistiendo a usuarios que forman parte de la modalidad desde hace muchos años y viven en zonas muy alejadas como Blanco Encalada -Luján de Cuyo-, San Martín, El Carrizal, Barriales -Junín-, entre otras, explicaron.
Las visitas se realizan cada 28 días, número que coincide con el tratamiento farmacológico que reciben las personas, en algunos casos se hace cada menos días, porque sus controles así lo requieren.
En cuanto al tipo de remedios que se les proporciona, la jefa del servicio contó: “Usamos mucho el recurso de la medicación de depósito que se inyecta y se va liberando durante el transcurso de todo el mes, para que el paciente no tenga que estar consumiendo tantos remedios vía oral, porque a veces cuesta la adherencia terapéutica”.

