La firma y la cara las pondrá Gonzalo Nazar. El procurador adjunto en materia penal será quien, con su rúbrica, termine de cambiarle el rumbo a una causa que había puesto a la justicia mendocina en el top five de la agenda de opinión pública provincial, nacional y mundial. Este lunes, cerca del mediodía, saldrá la resolución con el recupero de libertad de Oscar Jegou y Hugo Auradou, los dos jugadores de rugby franceses que, todavía, siguen imputados por abuso sexual agravado con acceso carnal y la participación de dos o más personas.
Lo que está en duda es el alcance que tendrá la medida. Hay fuertes discusiones en el seno de la Procuración por estas horas. El tema pasa por devolverles la libertad completamente y que puedan regresar a Francia y volver a Mendoza si son requeridos; liberarlos, pero que no puedan salir del país, o hay quienes entienden que se podría dictar una falta de mérito y seguir manteniéndolos a raya por si la Fiscalía de Delitos Contra la Integridad Sexual los necesita. Todas opciones parecen la antesala al sobreseimiento de ambos jugadores. Sucede que, por ahora, nadie se anima; más que nada, por el qué dirán.
Por esa misma razón, el fiscal Darío Nora elevó el expediente a su jefa, Daniela Chaler; para no tener que asumir toda la responsabilidad. Chaler hizo exactamente lo mismo con el fiscal adjunto. Y Nazar se convirtió en el último eslabón.
Lo concreto es que no existe prueba alguna para mantenerlos acusados por un delito que tiene una escala penal que va a los 8 a los 20 años de prisión. Los dilemas judiciales no tienen que ver nada con lo técnico, sino con la trascendencia que tuvo el caso. La cautela y el tiempo transcurrido están relacionados con factores que van más allá de la evidencia y la investigación. Primero, la feria y el paro judicial. Eso dilató todo. Después, la manera más decorosa y amable de reconocer que alguien se comió una curva, pasó de largo por culpa de prejuicios y ahora urge retomar el camino con algo de elegancia.
La denuncia hecha el 7 de julio parecía contundente. Una mujer acusó a dos rugbiers franceses de haberla violado. Según contó, conoció a uno de ellos en un boliche, fueron hasta el hotel donde paraba la delegación que enfrentó a Los Pumas un día antes en Mendoza; ella se negó a mantener relaciones sexuales con ellos; la golpearon y la abusaron. Denuncia y fotos. Veinticuatro horas más tarde, los dos jóvenes eran detenidos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La decisión inicial fue acertada. Era una acusación grave y justo el Seleccionado francés estaba a punto de viajar a Uruguay. Si se enteraban de la denuncia en su contra, existía riesgo de que Jeogu y Auradou se fugaran. Fue lo más lógico en ese momento. Y se concretó con la premura del caso.
A la denunciante hay que creerle, siempre. Luego, investigar y despejar la bruma.
Después, el show mediático de abogada Natacha Romano. Entrevistas por aquí, entrevistas por allá; y el escrito de la denuncia circulando por todas las redacciones y el efecto buscado: si bien la investigación recién arrancaba, la condena social estaba instalada.
En la Fiscalía se sintieron desbordados, avasallados. Les marcaron la cancha. No hubo templanza. En parte, por la carga ideológica que le imprimieron al asunto. Error número 1: prejuzgar. Error número 2: los hechos son sagrados, y es ahí a donde debería haber apuntado la investigación desde el vamos. Error número 3: no abstraerse de la batalla mediática entre abogados querellantes y defensores. Error número 4: la perspectiva de género, guste o no, es subjetiva, y debe aplicarse después de tener toda la evidencia sobre la mesa; no antes. En los tribunales no hay espacio para los preconceptos.
Fue la misma querellante quien, en su relato, levantó las primeras banderas rojas de la causa. Habló signos de violencia en el boliche donde su clienta y uno de los jugadores se conocieron. No pudo explicar por qué, a pesar de eso, se fueron juntos. De todos modos, el “no es no” puede ocurrir en cualquier momento; antes y durante el coito. No es no. Y no hay discusión en ello.
Eso sí: arrepentirse horas después no vale. No funciona así. Y en las pruebas que tiene la Fiscalía en su poder, la historia parece haberse dado de esa manera. Si bien el abuso sexual es un delito de instancia privada y en la mayoría de los casos “intramuros”, esta vez fue la denunciante la que, tal vez sin querer, contó todo lo que había sucedido. Lo hizo con audios a una amiga. Compartió allí su experiencia de esa madrugada larga. Los detalles no vienen al caso. Pero la versión de la violación surge horas más tarde de la narración de una noche de diversión, donde el feedback entre las dos interlocutoras deja en claro que en todo momento hubo consentimiento.
Hay más: los golpes no fueron golpes. Al menos así lo explicó la profesional del Cuerpo Médico Forense que declaró en el expediente. No hubo golpes de puño. Los moretones tienen otro origen. Tampoco aparecieron lesiones compatibles con abuso sexual.
Toda esa información, más las imágenes de las cámaras de seguridad del hotel Diplomatic, ya habían sido analizadas por el fiscal Darío Nora. Y en todos los casos, el resultado era concluyente. Por eso, Rafael Cúneo Libarona, provocador y pillo como pocos, decidió hacer declarar a sus clientes en indagatoria hace unos días. Fue una manera de meter presión. Así como lo hizo Romano al principio, él actuó ahora. Sabía que no había mucho margen; que este lunes vence el plazo dado por la jueza Eleonora Arenas para convocar a una audiencia de prisión preventiva. Pues eso no ocurrirá. Los franceses recuperarán la libertad y podrán caminar más allá de lo que hoy les permite la tobillera electrónica.
