Mendoza tiene un sinfín de opciones y experiencias de enoturismo, adaptables a gustos, paladares y bolsillos en sus más de mil bodegas. Para muchos turistas, la enorme oferta puede ser abrumadora. Por ello es que para quienes buscan ampliar sus conocimientos en el universo del vino, pueden optar por una cata bien diferente.
Las catas verticales son especiales, no solamente por sus características y elevado precio, sino porque no son muchas las bodegas que la ofrecen.
Marisol de la Fuente es sommelier y explicó en diálogo con El Sol que las catas verticales constan, en esencia, en “poder evaluar el potencial de evolución de un vino”. Es decir, se prueban distintas añadas de un mismo vino.
“Vas probando un vino de distintos años y a la fecha de hoy, cada uno de ellos habrá evolucionado un tiempo diferente. Algunos cuatro años, otros cinco, otro diez. Entonces, lo que se va viendo es qué es lo que va pasando con ese vino a lo largo del tiempo”, relató la sommelier.

La experta aclaró que, por supuesto, “todos esos vinos son pensados para evolucionar 10, 15 o 20 años”.
Lo que puede ocurrir en este tipo de catas es que se aprecie, por ejemplo, que en cierto año haya cambiado el enólogo de esa bodega, “o en alguna de las añadas cambió el estilo o hubo un tema climático con una uva que dio un vino totalmente diferente”.
“Estos factores terminan impactando en la forma que evoluciona un vino. La idea es poder ir viendo la historia que ha tenido el vino y cómo se lleva con el paso del tiempo”, precisó.
Un punto primordial para este tipo de experiencias es la guarda de la botella. Eso incluye “oscuridad, control de humedad, nada de vibraciones, sin olores, sin mucho frío, sin mucho calor”.
Cómo se realiza una cata vertical
Generalmente, consignó de la Fuente, se empieza por los vinos más nuevos, los que tienen menos años, luego se pasa a los que van evolucionando.
Aunque aclaró que hay algunos enólogos que lo hacen al revés: empiezan por los más antiguos y pasan luego a los más jóvenes.
“La característica principal es mostrar el contrapunto o el contraste que hay en ese vino o las modificaciones que hay en ese vino que son consecuencia del paso del tiempo”, agregó.

A quiénes están dirigidas
Hay dos cuestiones a tener en cuenta si se opta por este tipo de catas. En primer lugar, recomiendan que las personas que lo hagan sepan o conozcan del mundo del vino o que realmente esté interesado en ver este tipo de evoluciones. Y en segundo lugar, el precio suele ser muy elevado respecto de otro tipo de catas.
“Estos vinos van a ser muy diferentes a los vinos de la diaria que consumimos. Tal vez los que tienen menos años van a ser más cercanos a un consumidor de vino, pero a medida que te vas alejando con el paso del tiempo, te vas encontrando con aromas, con sabores, con características que son bastante diferentes. Y tal vez para un consumidor no habituado, incluso puede encontrar que esos sabores no les son agradables”, se explayó Marisol de la Fuente.

Dónde hacer una cata vertical en Mendoza
Aunque no es tan habitual encontrar este tipo de experiencias enoturísticas en las bodegas mendocinas por el costo que les implica abrir botellas de añadas antiguas, algunas tienen opciones interesantes para quienes quieran incursionar en una visita diferente.
Bodega Kaiken ofrece tres experiencias de degustación vertical privadas.

- Ultra Malbec o Cabernet Sauvignon (3 añadas antiguas + añada en curso). Precio por persona $79.400.
- Obertura Aventura Cabernet Franc (3 añadas antiguas + añada en curso). Precio por persona $115.000.
- Degustación de espumantes (se degusta chardonnay, Pinot Noir y dos espumantes de 3 cosechas turísticas).

Otra que ofrece cata vertical es Bodegas López, en Maipú, con su línea Montchenot, su marca de alta gama más amplia.
Partiendo del blend de Cabernet Sauvignon, Merlot y Malbec como bandera, despliega sus tintos en dos pilares: las ediciones especiales, compuestas por el Gran Reserva Tinto 100 años cosecha 1975, Chateau Montchenot Edición Especial cosecha 1983 y Gran
Reserva 115 años cosecha 1988, y sus Gran Reserva, con crianzas de 5, 10, 15 y 20 años.
Petit Montchenot representa el último miembro en incorporarse a la familia, tratándose de un blend de cabernet sauvignon y malbec con 12 meses de crianza en foudres de roble francés de 4000 litros.

Esta experiencia tiene un costo de $14.950 por persona, dura una hora y media y es para grupos de hasta diez personas. Está disponible los días martes a las 11 y los jueves a las 15.
La cata incluye: Montchenot 5 años cosecha 2017, Montchenot 10 años cosecha 2012 y Montchenot 15 años cosecha 2007, además de una selección de quesos, charcutería regional, frutos secos y aceite de oliva Virgen Extra.
En el caso de Bodega Vistalba, se propone una cata en casa, ya que no cuentan con la experiencia turística.
En su página web venden un kit de tres botellas en un estuche de madera.

Se trata de una selección de vinos de alta gama dentro de la colección de vinos de Corte. Las añadas 2004, 2010 y 2015, permitirán observar cómo cambió su color con el correr de los años, los aromas se volvieron más complejos y en boca los sabores más sofisticados.
El precio del box es de 295 mil pesos.
