Muchas son las historias, con finales tristes y alegres, que dejó la pandemia de Covid-19. Una de ellas es protagonizada por Alfonsina Alarcón Méndez, una pequeña que transitando su séptimo mes y medio de gestación viajó hacia Buenos Aires para “arreglar” su corazón, tras ser diagnosticada con una cardiopatía congénita.
La particularidad de este viaje es que Eva y Juan Manuel, los padres de la criatura, tuvieron que hacerlo en ambulancia. Luego de un largo periplo, mucha burocracia y autorizaciones, la pareja recorrió rutas nacionales durante 12 horas con la intención de salvar la vida de la beba, que en un mes y medio iba a nacer.
De la incertidumbre a la vida
Eva transitaba su sexto mes de embarazo cuando, en medio de un control de rutina, fue notificada que la beba que estaba en su vientre tenía una cardiopatía congénita y debía ser tratada con tiempo para no correr riesgo de vida.
“El consejo de los médicos locales era viajar a Buenos Aires ya que en Mendoza la operación no se realizaba en ningún hospital. Así fue como luego de obtener permisos y autorizaciones por parte de nuestra obra social, emprendimos viaje el 2 de agosto del 2020″, contó. -Osep se hizo cargo del traslado en ambulancia, la internación y la cirugía de alta complejidad, entre otras necesidades que tuvieron que afrontar en esa provincia-.
A la hora de narrar cómo fue el trayecto, la joven que en ese entonces tenía 29 años, contó que “fue muy duro e incierto” ya que “las rutas estaban desoladas, por la pandemia no se podía circular” y viajaron “con mucho miedo a lo que se venía”.
Tras muchas horas de recorrido, Eva y Juan Manuel, que estuvieron todo el tiempo acompañados por profesionales, llegaron al departamento que habían alquilado, frente al hospital.
Hasta ahí todo había salido tal cual lo planearon, sin embargo, al tercer día de haber viajado, el papá de Juan Manuel falleció.
“Fue un golpe muy duro para todos, en especial para él, ya que no habían vuelos, ni colectivos y no pudo viajar a Mendoza para despedir a su padre y acompañar a su familia”, recordó Eva.
A pesar del dolor, los jóvenes no podían bajar los brazos ya que en unos días la pequeña llegaría a este mundo. “Juanma se puso una coraza y me alentó a seguir, cada vez que entrábamos a consulta sentía miedo y temía por la vida de Alfonsina”, expresó la joven madre.
Finalmente, el 16 de septiembre, la pequeña nació por cesárea y cinco días más tarde fue sometida a su planificada cirugía.

“La contención que tuvimos por parte de los especialistas fue increíble. Tanto es así que nos avisaron el horario exacto en el que empezó la operación para que no estemos nerviosos de antemano y, luego de 4 horas, nos permitieron ingresar a terapia para besarla y compartir unos minutos con la beba”, recordó.
Durante 11 días Alfonsina estuvo en el nosocomio y luego llegó la hora del alta hospitalaria, aunque no estaban autorizados aún para retornar a Mendoza. Debían realizar una serie de controles más.
Durante ese tiempo, los jóvenes estuvieron contenidos por sus familiares y amigos, con quienes se contactaron mediante videollamadas o comunicaciones telefónicas.
A modo de anécdota, cuentan que como no tenían nada preparado para vivir en esa provincia, cuando les dieron el alta improvisaron una cuna con las valijas que habían llevado en el viaje. Allí descansó la pequeña Alfonsina hasta retornar a Mendoza.

La odisea para volver
La vuelta a la provincia se convirtió en una verdadera odisea, ya que tuvieron que hacerlo de manera particular, porque la obra social solo cubría a Eva y no a la menor.
“No sabíamos qué hacer, nadie podía viajar a buscarnos y los aviones y colectivos no circulaban por la pandemia”, dijo Eva y agregó: “Por suerte, mi cuñada Marisa encontró el servicio de unos taxis que estaban autorizados para transitar por las rutas y así volvimos”.
“El regreso fue en taxi y hasta San Rafael, ya que el hombre tenía que buscar a un pasajero y no tenía permiso para llegar al Gran Mendoza. Una vez en el Sur, mi cuñado viajó en su auto, nos rescató y así pudimos llegar a nuestra casa”, recordó.
Tras el largo periplo vivido, la vida de Alfonsina que este año cumplirá sus 3 años, es más que normal. Solo tiene que realizarse ciertos controles en Mendoza y su actividad es la misma que la de cualquier niño.

“No podemos creer lo que nos ha pasado, sin embargo, cuando la vemos entendemos que valió la pena todo, los miedos, el dolor, el llanto, la tristeza. Hoy somos muy felices y les agradecemos a cada una de las personas que nos acompañó en este proceso y, sobre todo, a los médicos que nos asistieron”, concluyó.
