A simple vista, cuando se recorren las casi diez hectáreas que componen este barrio ubicado al suroeste del departamento de Godoy Cruz, puede apreciarse el progreso que, gracias a la unión y el trabajo de los vecinos, se ha conseguido. Sus casitas son pintorescas, prolijas, de construcción antisísmica y en su gran mayoría con obras de ampliación y mejoramiento comenzadas.
Sin embargo, este esfuerzo al parecer no ha sido suficiente para las autoridades municipales, quienes aún no les otorgan los planos de loteo y urbanización. Los vecinos del Urundel peregrinan desde la época en que Carlos de la Rosa era intendente hasta la actualidad, umbral de la despedida de Cesar Biffi, para obtener un mínimo reconocimiento que les permitiera mejorar su calidad de vida.
Su reclamo es más que lícito: tener agua de red, pagar sus impuesto como corresponde, en algún momento dejar de figurar en los papeles como asentamiento –o sea, villa– y convertirse en un barrio, como lo que en realidad es.
Lamentablemente, este sueño, al parecer, deberá esperar mucho tiempo más, porque estas casi cien familias, que sólo anhelan dignidad y hace 21 años viven conectadas de manera clandestina a un solo caño de agua que surte a más de cien casas del barrio, están rodeadas de asentamientos inestables que surgieron posteriormente a su instalación en la zona, y para el municipio la solución debe ser integral y abarcar a todos los pobladores, no sólo a un sector, aunque lleven más de dos décadas de lucha y se empeñen cotidianamente en crecer y prosperar. A continuación, detallamos la historia.
CÓMO NACE EL URUNDEL. El barrio está ubicado precisamente entre el límite de El Trapiche y Capitán Sarmiento. Lo circundan los barrios OSN, Jardín Trapiche II y III y La Estanzuela. El titular original de estos terrenos fue don Tiburcio Benegas, y el nombre Urundel deviene de las bodegas del Trapiche.
La escritura que acredita esta posesión data de 1883. Sin embargo, Benegas nunca se hizo cargo de estos terrenos, que durante muchos años estuvieron abandonados, seguramente, debido a que son tierras en desnivel. Pero estas tierras fueron habitadas por más de cincuenta años por doña Elvira Garay, situación que permitió a la mujer obtener la propiedad sin título.
Tras el sismo de 1985 y ante la urgencia de un grupo de personas necesitadas de espacio físico por haberlo perdido todo, se llega a ocupar esta zona, hasta ese momento en estado de descuido total. Este grupo de personas, si bien usurpando terrenos, no se quedó en el lamento y comenzó a trabajar para estar mejor.
Los nuevos habitantes necesitaban agua y otros servicios, y para conseguirlos por la vía legal correspondiente es que conformaron una unión vecinal que ha hecho historia, la unión vecinal El Jarillal, otro de los protagonistas relevantes en esta historia.
EL JARILLAL. Después de un recorrido por el barrio y del dialogo con sus vecinos es que toman fuerza las dos palabras que le dan titulo a la institución unión vecinal, y es lo que verdaderamente ha existido aquí, unión entre los vecinos que, a más de 20 años de aquel 1985, han logrado tener un salón multimodal de eventos, que hasta hace algunos años funcionó como aula satélite y como lugar de talleres de capacitación para la gente del barrio, contar con teléfono, luz y pagar doce mil pesos de deudas municipales para obtener algún día el plano de loteo y el título supletorio de las casi once hectáreas a nombre de la unión vecinal, luego de que doña Elvira Garay les ofreciera cederles la propiedad de la tierra, con la condición de que allí no se construyera una villa y que el día que se contara con la escritura se otorgaría el título a cada socio, abrieron un plazo fijo a nombre de la institución y se conectaron clandestina y rudimentariamente para poder tener agua, pero todavía pelean por dejar de ser asentamiento y comenzar a tener los beneficios y la dignidad de un barrio con todas las de la ley.
LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO. Los vecinos de este barrio tienen internalizada esta denominación, el barrio (aunque en los papeles figure como asentamiento, incluso en los mapas) es el Urundel de arriba y la villa propiamente dicha es el Urundel de abajo. Según refieren los vecinos la gente de la villa tomó el nombre sin que les correspondiera, por comodidad a la hora de fijar domicilio en el centro de salud de la zona y otros trámites.
La diferencia tajante la establecen basados en el hecho de que no pertenecen a la unión vecinal a la que todos aportan y, por ende, no los consideran vecinos a quienes les correspondan los beneficios que pelean. El límite físico lo establece la cancha Bustamante, los de arriba de la cancha y los de abajo.
Estas diferencias tienen también su correlato social. Los de arriba no tienen un buen concepto de los de abajo, zona que consideran hasta peligrosa. “Del puente para acá es uno cosa y del puente para abajo es otra, y nosotros no podemos hacernos cargo de eso”, cuenta Daniel, un vecino preocupado.
Aún así, abajo existen tres familias que aportan a la unión vecinal y que tienen su situación relativamente saneada. Según los datos aportados por el municipio, esta compleja división, en números sería:Urundel de arriba, 77 familias; Urundel de abajo, 21 familias, en las inmediaciones de la cancha Bustamante al norte viven 17 familias; en la cancha abajo, dos familias, en una zona denominada El Pozo, seis familias, y en la plazoleta del Abuelo (zona de reservorio hídrico) cinco familias.
FACTIBILIDAD. Desde el municipio son claros al responder que declarar la factibilidad de loteo, urbana y ambiental, en las condiciones actuales es casi imposible. A pesar de la buena voluntad de los vecinos del Urundel de arriba, su situación geográfica no es la mejor.
Desde la Dirección de Vivienda del municipio, a cargo de Darío Falcone, informaron que es conocida la situación, pero que las soluciones deben ser integrales y para todos, independientemente del trabajo de la unión vecinal y de los años que llevan habitando la zona y hasta mejorándola. Para Falcone y el equipo de jóvenes abocados al proyecto del barrio Urundel, la prioridad es atender a la población en mayor riesgo de esas tierras, que no son precisamente los vecinos del barrio, sino las villas inestables de la zona.
En términos técnicos, el Urundel es un “fundo enclavado, es decir, terreno sin salida a ningún lado”. “Desde ahí empezamos mal, porque no tenemos margen para ninguna obra de loteo, y menos urbanización”, explicó el titular de Vivienda. “Además, hay gente allí a la que una tormenta grande se la lleva. A esa gente hay que sacarla, y para eso necesitamos fondos. Ya hemos reubicado a algunos, pero los que más problemas tienen por estar en un reservorio hídrico (terrenos de hidráulica) todavía no. En este estado de situación, nadie puede determinar factibilidad, es mucho el trabajo que falta por hacer”, confirmó el funcionario.
EL PROBLEMA. Los fondos para reubicar a esta villa deben obtenerse del Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba). Godoy Cruz tiene varios trabajos exitosos con este subsidio, como la reubicación y erradicación de gran parte del Campo Papa y del barrio Sol y Sierra. Según el municipio, el próximo Promeba es para el Urundel.
Sin embargo los vecinos muestran documentación con una aceptación del proyecto por parte de este programa fechada en el 2003. Incluso, la obtención del subsidio debería sortear obstáculos legales de importancia para poder verse reflejada en la realidad.
TODOS PROPIETARIOS. Cuando la unión vecinal El Jarillal, comenzó a pelear el título supletorio debió contratar un profesional para el asesoramiento legal, para ello fue convocado el doctor Correas, cuyos servicios fueron pagados con terrenos del barrio ante la imposibilidad de hacerlo en efectivo.
Correas se quedó con cuatro hectáreas, aproximadamente, y en sus terrenos se instaló la mayor parte de la villa. Para poder abrir la calle, condición ineludible para el loteo y la urbanización, se llegó a un acuerdo con Correa y se intercambiaron parte de sus terrenos por otros ubicados al sur del barrio.
Esta gestión la realizó el municipio, al igual que el acuerdo con Meca, una inmobiliaria que también tiene porción de terrenos en la zona y representaría los intereses de un señor de apellido Nazar. Según la comuna, la condición impuesta por Correa para cambiar los terrenos fue que la tierra que quedara en su poder tuviera todas las conexiones de agua y cloacas hechas, cuando estas se logren, para así revalorizarla y con Meca pagar el precio que imponen, para lo que también se necesitarían los fondos del Promeba.
Cabe aclarar que esta inmobiliaria habría sobrevaluado el terreno al conocer los intereses cruzados en esta negociación. Pero la cosa no terminaría allí, el Promeba subsidia la vivienda de gente de escasos recursos, y, en el corazón del barrio Urundel, una situación similar a la de Correa se habría dado con el nuevo abogado de la unión vecinal, el doctor Escayol, quien debería vender los terrenos obtenidos en concepto de pago por los vecinos para no figurar en la nómina de beneficiarios del Promeba y por eso sea frenada la operatoria. Según los vecinos, esto ya se habría producido, a pedido de ellos mismos.
AGUA QUE NO HAS DE BEBER. Como viene la historia, al parecer los augurios no son muy buenos para los vecinos del barrio Urundel. Sin el plano, en primer lugar, de loteo y posteriormente de urbanización, será imposible que puedan tener red de agua, a pesar de que Obras Sanitarias les haya otorgado actas de factibilidad para agua y cloacas en tres oportunidades.
Sin la declaración de factibilidad de hidráulica no se puede ni empezar, y esto no ocurrirá hasta que la gente que está en el reservorio sea reubicada. Sin la declaración de factibilidad ambiental tampoco se puede hacer mucho, y esto no se dará hasta que el resto de la villa se vaya. Vale destacar que el barrio recibirá a tres familias de la villa. Para dejar de ser asentamiento necesitan el loteo.
Así, los terrenos que hoy figuran a nombre de la unión vecinal podrían ser repartidos entre los socios y obtener el título de propiedad individual. Por ahora son condominio. Para obtener agua también es fundamental la urbanización, que es el paso posterior al loteo, que por ahora viene bastante trabado. Así que, lamentablemente, lo que se ha peleado por 21 años está un tanto lejos de conseguirse.
Vale la pena hacerse una pregunta: ¿si un barrio con bases edilicias, sociales, solidarias que se encuentra a diez minutos de nuestra ciudad capital, con comodidades conseguidas a puro pulmón por sus vecinos, puede seguir por otros veinte años más tomando agua de un caño y, más aún, clandestinamente?
