Discrecionalidad las altas en planes sociales como el Potenciar Trabajo; obligar a los integrantes que perciben asistencia económica a pagar una cuota sindical , y la pérdida de alimentos por no haber sido entregados en tiempo y forma. Esa serie de irregularidades fueron denunciadas por un exintegrante del Polo Obrero en Mendoza, que rompió el silencio y dio detalles sobre supuestas coacciones y manejos espurios en la organización que es liderada por Martín Rodríguez en la provincia.
Cómo funcionaba
Estructuralmente, el PO funciona con Martín Rodríguez a la cabeza y una serie de delegados y subdelegados de distintos barrios y localidades de Mendoza.
Para formar parte de la organización piquetera, una persona debe acercarse a alguna de las delegaciones y pedir su incorporación. La propuesta del Polo Obrero es simple: trabajar en el comedor por un bolsón de comida y la promesa de un plan social en el futuro.

Con la venia de Rodríguez, la decisión sobre a quiénes daban de alta en los planes sociales era totalmente discrecional por parte de los delegados.
“Ellos vienen y te dicen que tienen para dar de alta a 10 personas. No hay un criterio para elegir a quién. Ellos deciden. En asambleas muchas veces se le da de alta a gente que nunca pisó la organización, sino que son amigos de los delegados y nadie controla nada“, afirmó un exintegrante de la organización
A cambio, quienes resultaban elegidos debían pagar de manera obligatoria el 3% de lo que percibían en concepto de “cuota sindical” para poder “financiar las actividades de la organización”.
Las encargadas de recaudar este dinero eran las delegadas, quienes a través de planillas y listados controlaban que todos cumplieran con sus cuotas. Del total del dinero recaudado, la mitad que daba en la rama provincial del Polo Obrero, y el resto se enviaba al plano nacional, liderado por Eduardo Bebilloni.
El pago de la cuota sindical no era una cuestión optativa y eran obligados a pagarla bajo amenaza de que si no lo hacían podían perder el plan y hasta ser expulsados de la organización.

Las presiones por el diezmo
La presión por parte de la cúpula directiva del Polo Obrero se podía ver en los diferentes grupos donde se coordinaban las actividades. El Sol accedió a una serie de audios enviados a diferentes delegadas, para que “den los datos” de las personas que cobran planes y no pagaron el 3%.
“Qué está pasando con la asamblea, porque lo que me trajiste ha bajado mucho con respecto al mes pasado. Contame qué onda. Necesito los números de teléfono de quiénes no han entregado las cuotas sindicales. Les dije varias veces que traigan cuántas personas tenés cobrando, cuántas son las que entregan y cuáles no. Es súper importante eso. En este momento voy a mandar un mensaje que me pidieron que mande que habla del tema”, se escucha en uno de los audios.
La presión de los dirigentes del Polo Obrero sobre los delegados para que cobraran la cuota sindical era constante. En otro registro de audio se puede escuchar a una mujer molesta con las presiones.
“No es como vos decís Martín, que nosotros hacemos quilombo con la organización. Están inventando cualquier cosa. Querés hacer una reunión con mi asamblea, hacela vamos a ver si la gente te da bola. Porque acá los que pelean para que entreguen la cuota sindical, para que vos o la organización se lleve la plata somos nosotros. Nosotros ponemos la cara”, se escucha decir a una mujer notablemente molesta haciendo alusión al destino que se confería a la plata de la recaudación.
Alimentos vencidos y comidos por las ratas
El Polo Obrero recibe alimentos tanto del Ministerio de Capital Humano como desde la Subsecretaría de Desarrollo Social de la provincia. Estos módulos alimentarios son almacenados en un depósito que la organización tiene en la calle Colombia al 1.270 de Villa Nueva, Guaymallén, y son distribuidos por la organización a los comedores para que preparen las viandas, como también a los bolsones de alimentos a quienes trabajaban cocinando.

A pesar de que deberían ser entregados de la manera más rápida posible, hay alimentos que se terminan perdiendo en los depósitos o no contaban con las condiciones de salubridad necesarias para su mantenimiento.
“Yo trabajaba en el depósito y cada dos por tres teníamos que tirar comida porque se vencía antes de que se entregara o porque se lo comían las ratas”, explicó un exintegrante de la organización.
La pérdida no significaba un problema sino en otra oportunidad para realizar una protesta. “Usan como pretexto que no tienen comida para hacer marchas y que la gente salga a pedir. Así logran que les den más”, señalaron.

La respuesta del Polo Obrero
El principal referente de la organización, Martín Rodríguez, desligó al movimiento de todo tipo de acusaciones, afirmando que no existen presiones por el pago de aportes.
“Nuestras declaraciones sobre el aporte voluntario son públicas. Y justamente es voluntario. ¿Cómo haríamos para obligar a alguien si cada uno de los beneficiarios maneja su tarjeta y su cuenta ?”, dijo Rodríguez y agregó que “si alguien hacía eso, le decíamos que no eran nuestros métodos”.
Por otra parte, en lo que respecta a los alimentos en los depósitos, destacó el rol asistencial del Polo Obrero y negó que se hayan tenido que tirar alimentos.
“Lo de la mercadería es falso. Jamás hemos tenido que tirar algo de comida. Asistimos a más de 50 comedores y merenderos y entregamos módulos de asistencia alimentaria con controles del Gobierno”, cerró.
El Sol intentó comunicarse con Ernesto Mancinelli, director General de Desarrollo Comunitario, pero no obtuvo respuesta del funcionario que está bajo la órbita de Natalio Mema, ministro de Gobierno.
Cambios y condenas
Con el cambio de gobierno nacional, la política asistencial tuvo un cambio abrupto. La gestión Milei decidió, a través de la ministra Sandra Pettovello, cortar con la intermediación de las organizaciones piqueteras que presionaban en la calle para pedir alimentos.
En Mendoza, en febrero de este año, Rodríguez fue condenado a 2 años y 8 meses de cárcel por cortar la calle el 1 de febrero. La pena era condicional. Es decir, que si Rodríguez volvía a cortar la calle, entonces el castigo sería de cumplimiento efectivo e iría a la cárcel. A la vez, la Municipalidad de Capital multaba a las organizaciones piqueteras, pero el cobro de las sanciones aunque millonario era difícil de percibir.
Como ahora la asistencia es directa al beneficiario, movimientos como el Polo Obrero, conducidos por Eduardo Belliboni, perdieron poder.
Belliboni, en tanto, enfrenta acusaciones en la justicia por extorsionar y amenazar a beneficiarios de planes sociales para que asistieran a las marchas. A esto se suma una causa por facturas truchas y la falta de rendimiento por compras que eran financiadas por el Estado nacional.
