Una investigación que se extendió durante casi 20 años, realizada por dos investigadores del CONICET, reveló las distintas situaciones que rodean a una comunidad rural de Tupungato en pleno crecimiento y a pocos kilómetros de una zona de producción vitivinícola premium con bodegas de capitales extranjeros. Pero al incremento demográfico le siguieron el déficit en servicios básicos y las tensiones entre quienes llegaron por primera vez y los que vinieron años después.

Ubicada a 18 kilómetros de la ciudad de Tupungato, la localidad de Cordón del Plata se formó en 1987 a partir de la conformación de la cooperativa “El Álamo“, creada por los trabajadores agroindustriales de la zona, mientras esta se transformaba: del antiguo modelo productivo, enfocado en una producción más pequeña, se pasó a las nuevas empresas, especialmente vitivinícolas, con grandes inversiones extranjeras.

Luego del aval legal para construir en esos terrenos, financiados por el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) y el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), comenzaron a construir el primer barrio. Décadas después llegaron nuevos moradores que crearon los barrios Integración, Amigos y Vecinos y Loteo Bazán. Esto últimos fueron originados por la conformación de asentamientos y a través de la venta de terrenos de carácter irregular.

Desde 2005 Matías Berger, de UNLA-CONICET, y Elena Mingo, de CEIL-CONICET, visitaron en varias ocasiones la zona para desarrollar este estudio. En diálogo con El Sol, los investigadores explicaron que el crecimiento en la población la posiciona como una de las mayores en el departamento de Tupungato.

Aunque el Censo de 2022 no especifica los datos concretos de la población del distrito, los investigadores estimaron que el número de personas residiendo en el Cordón del Plata ronda entre 22.000 y 25.000 habitantes.

Para dimensionar la cantidad de personas en ese distrito ubicado a 6 kilómetros al este de la ruta 89 y a 13 kilómetros al sur de la villa cabecera, en todo el departamento vivían 41.280 personas, según la foto censal de ese momento.

La falta de servicios

La situación del crecimiento demográfico supone que crezca también la demanda de servicios, como salud, transporte, agua, luz o educación.

Mientras, en algunas partes, las instalaciones eléctricas, y de sistema de cañerías están aplicadas correctamente y con un funcionamiento adecuado, la parte que fue “recientemente” edificada o que se instaló en terrenos privados no corren con la misma suerte.

Berger señaló que en las casas construidas en zonas de titularidad irregular, como los barrios “Amigos y Vecinos” y el “Loteo Bazán” -que para la municipalidad “es una finca“-, no se realizan las obras necesarias para poner en marcha los servicios públicos básicos, por lo que “afecta a toda la planificación urbana de la zona”.

Mingo destacó que la situación legal de esta parte de la localidad lleva a que la Municipalidad de Tupungato “pueda y no pueda prestar servicio“. Y agregó la falta de tareas de recolección de basura, construcción de veredas y calles, entre otros.

También hay un déficit en cuanto al transporte público. Sólo “tienen un colectivo que lleva a Tunuyán y Tupungato (Ciudad)”, una vez al día.

Hay una tercera complicación: la falta de capacidad educativa. Únicamente existen una escuela primaria y una secundaria. El limitado cupo hace que un considerable número de chicos se vea obligado a desplazarse para recibir educación. Para esto, se ha pedido un servicio de transporte más amplio.

El problema se agrava cuando los jóvenes terminan sus estudios secundarios y quieren continuar educándose. En la mayoría de los casos requiere que se desplacen a alguna institución universitaria del Gran Mendoza. “Los que quieren estudiar se ven restringidos por los costes del transporte (privado)”, indicó Mingo.

Estos gastos se agravan, ya que no existen estaciones de servicio en la localidad, obligando a los habitantes a movilizarse a otros puntos para abastecerse de combustible.

Otro servicio que no es capaz de satisfacer las necesidades de la población es el de la salud. Solo se cuenta con un centro de salud de atención médica básica, donde un médico atiende diariamente, mientras que los especialistas visitan la zona esporádicamente.

Este sistema se ve sobrecargado por el crecimiento de la población, haciendo que las consultas médicas se dilaten por varios días.

Berger señaló que esta serie de necesidades lleva a que se generen conflictos entre quienes forman parte de la primera instalación y se sientan los “habitantes legítimos” y a quienes deberían estar destinados estos servicios.

El Sol intentó contactarse con varias áreas de la Municipalidad de Tupungato para conocer a detalle la implicación municipal en la comunidad. Sin embargo, no recibió respuesta alguna luego de explicar el motivo de la consulta.

La tensión social

Los investigadores del CONICET señalaron que la división barrial supone una diferenciación entre comunidades. El barrio “original” (El Álamo), “mira como extranjeros al barrio de la comunidad boliviana, cruzando la calle”, relató Mingo.

Se trata de los barrios “Amigos y Vecinos” y “Loteo Bazán”, que cuentan con una gran presencia de familias de origen boliviano.

Estos, en su mayoría, adquirieron los terrenos a través de ventas irregulares. Los creadores del estudio explicaron que sus vecinos creen que están muy cerrados en su comunidad, lo que complica su integración.

Por otro lado, los residentes del barrio Integración, surgido por un asentamiento, son comúnmente estigmatizados como conflictivos y delincuentes. La investigadora Mingo señaló que en torno a estos pobladores “se construyó una mirada de prejuicio” del resto de barrios, porque son considerados como “conflictivos y delincuentes”.

Lo que genera el sector privado

Finalmente, uno de los factores que origina un gran número de conflictos es la relación de esta población con el sector privado agroindustrial. Por años, la región del Valle de Uco fue considerada como un área de inversión importante por la producción vitivinícola y de otros frutos.

Esta consideración requiere obligatoriamente una masa obrera considerable, la que por años motivó la implantación y el crecimiento poblacional de esta localidad.

El investigador del CONICET y docente en sociología urbana y rural de la UNCuyo, Jorge Ivars, explicó que esta realidad genera “transformaciones en los territorios“, conocidas como una “dislocación social”.

En concreto, los cambios del contexto industrial y del mercado de la zona suponen que se impongan “movimientos homogeneizantes”, los que llevan a que patrones ajenos a estas poblaciones rurales se impongan y haya una reacción negativa de la comunidad local.

“Esto provoca cambios subjetivos al modificar la mentalidad de los sujetos en la forma de relacionarse con el mundo“, detalló Ivars.

El investigador explicó que la necesidad de las empresas y del mercado de mano de obra termina en muchos casos llevando a “conflicto entre iguales que buscan diferenciarse

Dichos conflictosse agravan con la cuestión racial“, como es el caso de la comunidad con descendencia boliviana.

La llegada estacional de más trabajadores

Las necesidades de la producción agrícola mendocina de mano de obra movilizan a miles de trabajadores, de varias partes del país, a las zonas rurales de la provincia, como es el caso de Cordón del Plata.

Estos obreros “golondrina” vuelven a llevar al límite las capacidades de los servicios de la localidad.

Los residentes permanentes sienten que estas falencias se deben a la los demás grupos sociales en lugar de enfocarlas en la presencia gubernamental. Según Berge en vez de pensar que el barrio necesita recursos, se concentran en los que llegaron después”.

Ivars también tocó esta situación al definir que los pobladores sienten que “‘el que me genera problemas es el que está cerca mío'”, en lugar de entender los “mecanismos sociales” y la implicación de las instituciones involucradas.