Durante décadas, la mansión Notti-Cantú de Guaymallén pareció detenida en el tiempo. En la propiedad permanecían muebles antiguos, ropa, objetos familiares y hasta un Ford de 1946 que había pasado más de medio siglo guardado en una de sus cocheras. Pero el abandono y los reiterados robos fueron despojando a la histórica propiedad de buena parte de ese patrimonio familiar, hasta dejarla prácticamente vacía y en ruinas.
La casona de unos 125 años, ubicada en Bandera de los Andes al 2250, fue vendida finalmente en 400.000 dólares de contado, casi 200 mil dólares menos que el monto publicado inicialmente. El terreno de casi 5.000 metros cuadrados fue adquirido por la Fundación Congreso, que proyecta construir allí una escuela secundaria y un playón deportivo. Según confirmó la Municipalidad de Guaymallén, la estructura principal de la vivienda será conservada y tendrá un uso administrativo. La cochera, en cambio, ya fue demolida.
Y con ella desapareció también el lugar que durante décadas protegió a uno de los objetos más singulares de la propiedad: el viejo Ford de 1946.
Según el testimonio de la persona que tuvo a cargo la venta de la propiedad y conoció la mansión durante sus últimos años, el automóvil llevaba más de 60 años dentro de esa cochera. Había permanecido allí desde mediados del siglo pasado, como una suerte de cápsula del tiempo familiar, hasta que terminó convirtiéndose en una de las últimas víctimas del abandono.
El robo ocurrió apenas dos meses antes de la venta de la propiedad. “Una noche, los delincuentes se llevaron las cuatro ruedas, pero unos días después regresaron, colocaron ruedas al vehículo y se lo llevaron de la cochera. No pudieron hacerlo por sus propios medios mecánicos: el auto fue retirado empujándolo“, contó Mónica.
Nunca se supo quién se lo llevó ni cuál fue su destino.
El episodio fue, de alguna manera, el último capítulo de una larga historia de saqueo que había comenzado mucho antes.
De una casa detenida en el tiempo a una casa despojada
Quienes ingresaron a la mansión años atrás todavía podían encontrarse con escenas difíciles de imaginar en una propiedad abandonada, pero buena parte de ese mundo fue desapareciendo.
“Había grandes muebles en distintas habitaciones, vestidores con ropa colgada, zapatos, carteras, valijas y sábanas bordadas que nunca habían sido utilizadas”, destacó la mujer que fue elegida por los dueños para poner en venta la propiedad.
Los robos y el vandalismo marcaron los últimos años de la antigua casona. “En distintas oportunidades se encontraron camionetas y camiones dentro del predio, que era utilizados para cargar muebles de gran tamaño”, agregó.
La familia no permaneció indiferente ante los reiterados hechos delictivos y tomó distintas medidas para proteger el inmueble. Sin embargo, pese a tapiar los accesos, instalar alarmas y reforzar la seguridad, los delincuentes continuaron ingresando.
“Fueron robando, y robando, y robando”, resume el relato sobre lo que ocurrió durante años.
El deterioro no se limitó al robo. También hubo episodios de vandalismo y hasta incendios, el más recordado ocurrió en 2025. Con el paso del tiempo, la mansión dejó de parecer aquella vivienda majestuosa que alguna vez había sido y se convirtió en un espacio cada vez más deteriorado.
La última vez que Mónica ingresó, unos seis meses atrás, la imagen era muy distinta de aquella que había encontrado años antes: el piso estaba prácticamente cubierto por una capa de papeles, libros, telas, ropa y trapos.
Entre los pocos objetos que todavía quedaban apareció una pequeña caja triangular de madera. Era una pieza antigua que, según pudo averiguarse, había sido utilizada para guardar pañuelos de tela.
El Ford que sobrevivió décadas
El destino del automóvil resulta particularmente simbólico.
El Ford de 1946 había sobrevivido durante más de seis décadas dentro de aquella cochera. Permaneció inmóvil mientras todo el entorno del carril Bandera de los Andes cambiaba y mientras la propia mansión iba perdiendo habitantes, muebles y objetos.
Pero no sobrevivió a los últimos años de abandono.
Primero le quitaron las cuatro ruedas. Después, directamente, se llevaron el auto.
Hoy, además, ya no existe la cochera que lo había protegido durante décadas. Las máquinas avanzaron sobre esa parte del predio como parte de los trabajos de transformación del terreno.
La mansión Notti-Cantú no desaparecerá por completo. Su estructura principal, según el municipio, será conservada. Sin embargo, el paisaje que la rodeaba ya comenzó a cambiar.
Los grandes muebles que alguna vez llenaron sus habitaciones fueron robados en su mayoría. El Ford que permaneció décadas encerrado en la cochera también desapareció. Y los pocos objetos que sobrevivieron quedaron como los últimos vestigios de una vida familiar que el abandono fue borrando de a poco.
