Juana María Baez tenía 26 años cuando su padre encendió el televisor y la vio en el programa más visto de la Argentina. Lucía una gran corona y un brillante vestido violeta. Estaba sentada en el living de Susana Giménez y el rubio dorado de su cabello competía con el de la conductora mientras mostraba con orgullo su verdadera identidad.

Corría el año 2000 y en medio del cambio de milenio decidió romper con los esquemas, dejar de disfrazarse de hombre para aparentar de día y ser lo que ella sentía, no sólo de noche. En aquel entonces, incluso, se convirtió en la primera bailarina trans que lograba ser reconocida como tal y ser contratada como mujer en la Fiesta Nacional de la Vendimia, luego de haber participado 14 años como bailarín.

A sus 48 años, y con más de 20 años arriba de las tablas como show-woman, Juana Hersigova es una diva de la movida nocturna. A lo largo de su trayectoria compartió escenario con Cris Miró y Lizy Tagliani, entre otras figuras. 

Además, realiza eventos solidarios, es una referente de la comunidad LGBTIQ+ y una de las que impulsó la derogación en 2006 del artículo 80 del Código de Faltas que penalizaba la “simulación de sexo”. Este mes, y más de dos décadas después, volverá a participar de una Vendimia, la de la Ciudad de Mendoza, con un cuadro especial que habla de la inclusión.

Empecé en un momento muy difícil, donde la discriminación era muy fuerte y la policía muy represiva. Por más que estábamos en democracia quedaban algunos rezagos de la dictadura. No podíamos reclamar nada y para la sociedad éramos hombres travestidos”, recordó Juana, quien durante el día muestra otra faceta, más relajada y a cara lavada.

Infancia humilde y discriminación

Todo comenzó en una casa precaria de clase media-baja de Godoy Cruz, donde esa niña que vestía pantalón y llevaba nombre de varón bailaba y soñaba con ser artista. “Yo sufrí mucho el hambre. Me despertaba el 6 de enero, día de Reyes, luego de poner el pastito y las zapatillas…y no había nada”, inició la presentadora al rememorar su infancia y al reconocer que actualmente su gran objetivo es que los niños tengan un mejor futuro. 

De hecho, Hersigova es la ideóloga de la “Fiesta del Orgullo LGBTIQ+ en familia” que este año tendrá su cuarta edición, posiblemente, en el Valle de Uco. El evento con fines benéficos ya se realizó en Guaymallén, San Martín y Las Heras y tiene como premisa concientizar sobre la importancia de la contención familiar y celebrar las conquistas ganadas.

“A los 17 años le dije a mi familia mi verdadera identidad y mi padre en ese momento me echó de casa”, contó. 

Alternando entre los domicilios de familiares y su propio hogar, Juana comenzó a estudiar profesorado de Educación Física y a “jugar al disfraz” para “cumplir con las reglas” impuestas. “De día andaba de chico y de noche me producía, cuando no me veía mi papá”, afirmó, pero hizo hincapié en que su madre sólo le pidió una cosa: “Sé feliz y cuidate”.

El impacto llegó cuando salió en el living de Susana Giménez y se cayeron las caretas. “No le dio un infarto en ese momento de suerte”, dijo la mujer y sentenció: “Yo nunca di explicaciones de nada cuando decidí ser lo que soy porque me amo, pero recibí mucha discrminación con palabras como ‘puto’, ‘maricón’…”.

Con sus padres, que ya fallecieron, logró limar asperezas y mantiene el vínculo intacto con sus 4 hermanos.

Una operación clave y una vida sobre las tablas

“Vedette, actriz, productora, bailarina y capocómica”, ningún título le falta a Juana Hersigova, según ella misma destacó a modo de broma. Su nombre artístico lo tomó de Juana de Arco, una mujer luchadora, y Eva Herzigová, una modelo top checa-italiana ícono de los ‘80 y que tiene su misma edad.

Si bien en 1998 fue electa Miss Mendoza Gay, tras colocarse siliconas en los pechos en 1999, inició una carrera en ascenso, logró ser Miss Argentina Trans y en la primera década del 2000 forjó su nombre, encabezando una obra de teatro de revistas como primera vedette.

Junto a la Turca, (Ana Laura Nicoletti) se convirtieron en dos estandartes de la movida nocturna. La rubia y la morocha- como Susana y Moria- comenzaron siendo amigas y luego tuvieron un enfrentamiento que tenía que ser frenado por guardias de seguridad.

“Hace cuatro años que estamos como nunca, unidas y nadie nos puede hacer pelear. Nosotras seguimos vigentes”, dijo orgullosa.


Cambio de paradigma

Juana es hoy una de las “sobrevivientes”, no sólo porque logró sortear la violencia que se vivía en las calles por su identidad de género, sino también porque en Argentina, el promedio de vida de las personas trans no supera los 40 años. En este sentido, hizo hincapié en la necesidad de que la ley de Cupo Laboral Trans se cumpla efectivamente. 

Nosotras emprendimos la lucha y seguimos luchando, allanando el camino. Me gustaría que todo cambie. Pero es cierto también que la mayor discriminación la sentí en mismo ambiente. Las trans entrábamos a un boliche y parecía que molestábamos, nos señalaban como algo feo”, recordó y enfatizó que la situación dio un vuelco en locales alternativos íconos como “Mil brujas pub” y “Blue Night” que “aceptaban a todo el mundo”.

Asimismo precisó cómo en 2000 un grupo de coreógrafos no quiso que ingresara a la Fiesta Nacional de la Vendimia por su condición trans, pese a que bailó 14 años como bailarín. “Fue Pedro Marabini quien ordenó que se me respetara mi identidad de género y pude bailar como Juana. Nunca olvidaré lo que hizo este maravilloso director”, explicó.

Y agregó: “Después de tantos años, el 25 de febrero seré parte de los artistas que participarán en la fiesta de la Vendimia de la Ciudad de Mendoza y estoy muy agradecida a Laura Fuertes que me hizo parte del espectáculo”.

Actualmente Juana sigue conduciendo show, realiza una especie de pasantía en la municipalidad de Godoy Cruz como asistente de vestuario y busca seguir produciendo eventos solidarios. “Sólo puedo agradecerle a Dios que me ha dado salud y a la gente que me elige”, concluyó.