Imagen creada con Inteligencia Artificial.

Es el último grito de la moda delictiva del otro lado de la cordillera. Y, por supuesto, es el modus operandi de la temporada que tiene como víctimas preferidas a los argentinos que están eligiendo las playas del Pacífico para vacacionar.

Todo ocurre cerca del empalme de la Ruta 5 con el desvío que lleva a la ciudad de Viña del Mar o a las localidades balnearias que están ubicadas en esa dirección. El movimiento es imperceptible. Algunos hablan de clavos “miguelitos” o de dardos lanzados desde otro rodado. Lo cierto es que nadie sabe en qué momento los autos comienzan a mostrar algún defecto en la marcha, y la señal de que hay una rueda pinchada es inequívoca. Y en la ruta, en viaje y con familia, no hay más opción que encontrar un lugar en la banquina, orillarse y sacar el gato y el auxilio.

En ese instante comienza la segunda parte del golpe. Aparecen dos autos que, por lo general, son de alta gama. Uno se estaciona adelante y otro atrás del vehículo averiado. Los pasajeros muestran cortesía, empatía y solidaridad. Los conductores se bajan y preguntan con qué pueden ayudar. Los acompañantes se quedan adentro viendo cada movimiento.

La idea de los ladrones es hacer algo de inteligencia antes de mandarse. Observan con detenimiento cuántas personas viajan, qué sacan del baúl y qué tipo de productos guardan o tienen al alcance de la mano. Son no más de diez minutos de estudio.
Cuando los que están supuestamente ayudando entraron en confianza, arranca la tercera etapa del atraco, con el asalto propiamente dicho. Se bajan todos de los autos estacionados y llevan adelante una suerte de robo piraña.

En pocos segundos arrasan con todo. Aprovechan a que las víctimas estaban con la guardia baja y les dicen que no hagan ningún movimiento en falso si quieren que la historia termine rápido y sin heridos.

Son varias las familias mendocinas que han pasado por lo mismo. La última lo supo el viernes pasado cuando se acercó hasta un destacamento de Carabineros para hacer la denuncia. Los efectivos sabían perfectamente de qué les estaban hablando porque ya habían escuchado relatos similares.

Los botines preferidos de los delincuentes son los teléfonos celulares, las notebooks y las billeteras. El objetivo es poder usar rápidamente las tarjetas de crédito y de débito y dejar a los damnificados incomunicados durante horas para que no tengan chances de bloquear los plásticos. Justamente, uno de los últimos afectados, cuando pudo comunicarse con Mendoza y pedir a sus familiares que le hicieron los trámites de denuncia, supo que sus tarjetas ya habían sido usadas en Falabella.

Por lo tanto, más allá de las advertencias frente a esta modalidad, se sugiere llevar las tarjetas escondidas en alguna parte del auto, al igual que alguno de los teléfonos celulares para poder activarlo de ser necesario.