OTROS CRIMINALES.
La provincia de Córdoba fue en 1987 el escenario de un nuevo arresto de un criminal de guerra nazi: el antiguo comandante de las SS Josef Schwammberger. Este director de varios campos de concentración del distrito de Cracovia (actual Polonia) fue devuelto a Alemania en 1990 y condenado a prisión perpetua en 1992, doce años antes de su muerte. En mayo de 1994 y tras confesar a la televisión estadounidense haber participado en la matanza de civiles durante la Segunda Guerra Mundial, el ex capitán de las SS Erich Priebke quedó arrestado en la ciudad sureña de Bariloche. Priebke había llegado a Buenos Aires en 1948 bajo el falso nombre de Otto Pappe y después de permanecer cinco años en esa capital se trasladó junto a su esposa a Bariloche, donde vivió como un ciudadano respetable e, incluso, presidió la Asociación Cultural Germano- Argentina y dirigió un colegio de la comunidad alemana.
Después de un intrincado proceso judicial, la Corte Suprema argentina concedió a finales de 1995 su extradición a Italia, donde dos años más tarde fue condenado a cadena perpetua por el fusilamiento de 335 civiles italianos y 75 judíos en la denominada Matanza de las Fosas Ardeatinas (1944). En la lejana localidad de El Bolsón, en las estribaciones de la cordillera de los Andes, vivió tranquilamente hasta su muerte en el año 2000 otro ex capitán de las SS, Herbert Habel, quien en una entrevista periodística hasta se dio el lujo de reconocer que había recuperado su verdadera identidad gracias a las gestiones de Perón. Pero, Argentina no sólo fue tierra fértil para alemanes en plan de escape, sino que además acogió a una buena cantidad de dirigentes pronazis de otros países de Europa, entre ellos Radislaw Ostrowsky,Ante Pavelic y Ferdinand Durcansky, los equivalentes de Hitler en las actuales Bielorrusia, Croacia y Eslovaquia, respectivamente. Pavelic estableció una suerte de gobierno “ustasha” en el exilio, para lo cual contó con un “patrimonio” de unos 200 kilos de oro saqueados del Banco Central croata.
Años después intentó venderlos en Buenos Aires a simpatizantes del nazismo, según determinó la Ceana. Junto a Pavelic se refugió en Argentina Dinko Sakic, antiguo jefe de Jasenovac, el campo de concentración más importante de Croacia y donde se cree que murieron más de 500.000 civiles, en su mayoría serbios, judíos y gitanos. Sakic residió durante 50 años en la localidad bonaerense de Santa Teresita, hasta que en 1998 fue detenido y extraditado a Croacia. El mismo camino recorrió su esposa, Esperanza Sakic, comandante del sector femenino de ese mismo campo de exterminio. Dinko Sakic murió en una prisión de la capital croata en julio de este año, siete meses después del fallecimiento en las afueras de Buenos Aires de Ivo Rojnica, otro miembro del gobierno títere croata y cuyo pedido de extradición estaba a punto de impulsarse en Zagreb.
Entre los tristemente célebres criminales de guerra nazis que pasaron por Argentina estuvo Joseph Mengele, responsable de inhumanos experimentos con detenidos en el campo de concentración de Auschwitz. El médico llegó a este país en 1949 con la falsa identidad de Gregor Helmut, pero años más tarde consiguió que la Policía Federal le expidiera un documento con el nombre de José Mengele. En 1959, Alemania pidió su extradición, pero las demoras del gobierno argentino de entonces en realizar los trámites burocráticos permitieron a este siniestro personaje huir primero a Paraguay y después a Brasil, donde murió ahogado en el mar en 1979. Las supuestas historias en Argentina de Adolf Hitler y su secretario personal,Martin Bormann, han sido eje de todo tipo de especulaciones.
Mientras el Centro Simon Wiesenthal abona la teoría oficial, según la cual ambos se suicidaron en Berlín en 1945, varios son los historiadores e investigadores que sostienen que el Führer y su brazo derecho se escaparon a Sudamérica y que en Argentina encontraron sitios en dónde esconderse. ¿Mito o realidad? es una incómoda pregunta que muy pocos, a estas alturas, están dispuestos a hacerse.
Seis décadas después de su providencial huida de Alemania, el criminal nazi Aribert Heim –famoso por inyectar jeringas con gasolina en el corazón a los prisioneros del campo de concentración de Mauthausen– parece estar cercado en algún lugar de la Patagonia. La posibilidad de que el apodado Doctor Muerte esté en Argentina ha reavivado la polémica sobre el rol que desempeñó el país durante el gobierno peronista al recibir a cientos de nazis al cabo de la Segunda Guerra Mundial. De lo que nadie duda es de que Argentina fue uno de los refugios predilectos de los colaboradores del Tercer Reich que huyeron de Alemania y otros países europeos, al amparo de gobiernos obsecuentes que blindaron su llegada y aseguraron protección.
PERÓN LOS ACOGIÓ.
Investigadores consultados por Efe, sin embargo, coinciden en que este país comenzó a saldar esta deuda con la humanidad en sus últimos 25 años de democracia, en los que fueron capturados y extraditados cuatro criminales de guerra, mientras que otro murió cuando estaba a punto de correr la misma suerte. “Es indudable que Juan Domingo Perón abrió generosamente las puertas a los nazis y los protegió, pero esa actitud no se limitó a su gobierno sino que fue una política de Estado hasta 1983”, destaca Sergio Widder, representante para América Latina del Centro Simon Wiesenthal. Según esta organización “cazanazis”, unos 300 criminales de guerra y miles de colaboracionistas del régimen de Adolf Hitler llegaron a Argentina al concluir el conflicto bélico (1939-1945).
Esta cifra supera largamente la de 180 criminales calculada por una Comisión de Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en Argentina (Ceana), que hizo una investigación entre 1997 y 2005, después de que el gobierno de Carlos Menem dispuso la apertura de los archivos oficiales. Muchos de esos nazis fijaron su residencia en Argentina, mientras que otros se limitaron a utilizar al país como puerta de ingreso hacia otros destinos americanos. El primero de los hallados en este país austral fue Adolf Eichmann, quien en 1950 había ingresado con un pasaporte falso a nombre de Riccardo Klement, emitido por la Cruz Roja.
En un operativo cinematográfico llevado a cabo el 11 de mayo de 1960, Eichmann, uno de los arquitectos del exterminio judío, fue secuestrado en las afueras de Buenos Aires por un comando de los servicios secretos israelíes. Los agentes de inteligencia lo retuvieron durante nueve días en Buenos Aires y, aprovechando la visita de una delegación de su país, lo sacaron clandestinamente de Argentina en el avión oficial que el 20 de mayo llevó al contingente de regreso a Jerusalén. El asunto provocó un conflicto diplomático entre Argentina e Israel, donde quien fuera director de la Oficina de Asuntos Judíos del nazismo fue juzgado y condenado a la horca en 1962. Fue Gerhard Bohne, responsable del programa de eutanasia del nazismo, el primer criminal de guerra extraditado por Argentina hacia Alemania.
Ocurrió en 1966, durante el gobierno de Arturo Illia. En 1985, dos años después del regreso de la democracia, Interpol detuvo en Buenos Aires a Walter Kutschmann, antiguo jefe de la Gestapo en Polonia, quien murió un año más tarde en prisión mientras se tramitaba el juicio para su extradición a Alemania.
Pero, Argentina no sólo fue tierra fértil para alemanes en plan de escape, sino que además acogió a una buena cantidad de dirigentes pronazis de otros países de Europa, entre ellos Radislaw Ostrowsky,Ante Pavelic y Ferdinand Durcansky, los equivalentes de Hitler en las actuales Bielorrusia, Croacia y Eslovaquia, respectivamente. Pavelic estableció una suerte de gobierno “ustasha” en el exilio, para lo cual contó con un “patrimonio” de unos 200 kilos de oro saqueados del Banco Central croata.
Años después intentó venderlos en Buenos Aires a simpatizantes del nazismo, según determinó la Ceana. Junto a Pavelic se refugió en Argentina Dinko Sakic, antiguo jefe de Jasenovac, el campo de concentración más importante de Croacia y donde se cree que murieron más de 500.000 civiles, en su mayoría serbios, judíos y gitanos. Sakic residió durante 50 años en la localidad bonaerense de Santa Teresita, hasta que en 1998 fue detenido y extraditado a Croacia. El mismo camino recorrió su esposa, Esperanza Sakic, comandante del sector femenino de ese mismo campo de exterminio. Dinko Sakic murió en una prisión de la capital croata en julio de este año, siete meses después del fallecimiento en las afueras de Buenos Aires de Ivo Rojnica, otro miembro del gobierno títere croata y cuyo pedido de extradición estaba a punto de impulsarse en Zagreb.
Entre los tristemente célebres criminales de guerra nazis que pasaron por Argentina estuvo Joseph Mengele, responsable de inhumanos experimentos con detenidos en el campo de concentración de Auschwitz. El médico llegó a este país en 1949 con la falsa identidad de Gregor Helmut, pero años más tarde consiguió que la Policía Federal le expidiera un documento con el nombre de José Mengele. En 1959, Alemania pidió su extradición, pero las demoras del gobierno argentino de entonces en realizar los trámites burocráticos permitieron a este siniestro personaje huir primero a Paraguay y después a Brasil, donde murió ahogado en el mar en 1979.
Las supuestas historias en Argentina de Adolf Hitler y su secretario personal,Martin Bormann, han sido eje de todo tipo de especulaciones. Mientras el Centro Simon Wiesenthal abona la teoría oficial, según la cual ambos se suicidaron en Berlín en 1945, varios son los historiadores e investigadores que sostienen que el Führer y su brazo derecho se escaparon a Sudamérica y que en Argentina encontraron sitios en dónde esconderse. ¿Mito o realidad? es una incómoda pregunta que muy pocos, a estas alturas, están dispuestos a hacerse.
