La caída durante casi siete horas de las plataformas más utilizadas (Facebook, Instagram y WhatsApp) generó diversas complicaciones, más allá de la pérdida de contacto. Pero para los profesionales de la salud, esta desconexión obligada de las redes sociales llega como auxilio para “hacernos pensar lo que hacemos día a día en forma automática. Aunque lamentablemente la mayoría cae en el enojo lejos de la reflexión, porque pensar tiene un costo, un esfuerzo y una necesidad de poner en práctica la voluntad”.
Los especialistas advierten que el uso del celular se ha vuelto patológico. “Tóxico como la marihuana, que se está tratando de meter como legal, aunque lo único que produce es aturdir la conciencia de las personas. Ahora es multitudinario”, reflexionó Benigno Gutiérrez, médico psiquiatra.
La nomofobia, considerada como el miedo irracional a permanecer un intervalo de tiempo sin un teléfono celular, “a entontecido a los jóvenes” indicó Gutiérrez. Esta valoración fue compartida por la psicopedagoga Silvana Muñoz y la psicóloga Laura García.
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“El episodio me encontró trabajando en la escuela y vi cómo la mayoría de las personas adultas, chicos y chicas estaban ansiosos y desesperados por que se reestablecieran las redes. Miraban y agarraban el celular a cada rato, por momentos no hubo tema de conversación o precisamente el tema era que no se podía enviar un WhatsApp”, relató Muñoz.
“No se generó un momento para dejar el teléfono, lo miraban aunque no podían hacer nada en medio de una falta de tolerancia y queja constante”, continuó.

La caída mundial de redes sociales produjo situaciones de incertidumbre porque han logrado que exista una dependencia a ellas: “Una sensación de no saber qué hacer, pese a que el teléfono celular permite llamar, no es necesario escribir un mensaje. La gente se desesperó“, contó la psicóloga.
Analistas coincidieron en que “los únicos justificados” son aquellos que usan las redes como herramienta de trabajo. Pero a la gran mayoría le afectó porque “estos aparatitos tienen un mecanismo de evasión del vacío existencial y de la conciencia”, explicó Gutiérrez.
“La pandemia nos ha perseguido en materia de angustia. Cualquier cosa que pasa ya nos maldispone a un montón de cosas. Entonces ya la gente tiene miedo, no sabe qué hacer, no sabe para dónde correr. Ha generado situaciones complicadas”, analizó el psiquiatra.
Según el relato de los profesionales del psicoanálisis, para los adultos el suceso no fue tan terrible. Fueron los adolescentes quienes sintieron mayor ansiedad y bronca “porque han crecido con la dependencia de las redes sociales y no sabían cómo manejarse sin ellas”, explicó Laura García.
“Los extremos siempre son patológicos. Si estamos todo el día con el teléfono en la mano, si nos acostumbramos a eso, cuando pasan estas cosas aparece sintomatología. Esto nos enseña a que tenemos que buscar alternativas, equilibrio y no generar dependencia a nada”, sugirió la psicopedagoga Muñoz.
La carencia detrás de la patología
El ser humano se siente obligado a darle sentido a las cosas a través de actos, lo que se llama construir la propia existencia: “Cuando uno está pasivo o desorientado, se produce una gran angustia llamada vacío existencial. Inherente a la vida humana”, explicó Gutiérrez.
La electrónica permite la evasión y el aturdimiento. Se ve claramente en todos lados. La gente está rodeada de otras personas, pero está desconectada de ellas “porque inconscientemente está haciendo una evasión de su vacío existencial”, sostuvo Muñoz.
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“Una pareja va a cenar, están sentados uno frente al otro, y cada uno está con el aparatito en la mano y casi no se comunican. Inclusive hay algunos que se comunican a través del aparatito“, escenificó Gutiérrez.
La conciencia no sólo es reflexión, sino que a la vez es una fuente de padecimiento, de acuerdo con Muñoz: “La conciencia tiene un peso en nosotros, y hacernos consientes de las cosas se nos transforma en un problema, entonces se cae fácilmente en el aturdimiento que todos tenemos con las redes sociales, y cuando estas desaparecen, entramos en pánico”.

Cuando se está demasiado en redes sociales, se está poco en la vida real, reflexionan los entrevistados. “Es una forma de irse, de vivir el exceso de desconexión. Antes vivíamos muy bien sin teléfonos. La vida era más saludable. No niego los beneficios de la conectividad en relación al trabajo, al estudio y actividades afines, pero en relación a lo psicológico son mayores las desventajas que los beneficios. La gente entabla vínculos no reales, con gente que en realidad no conoce”, argumentó García.
Recomendaciones
El primer consejo es que se debe tomar conciencia de que lo que está ocurriendo es algo natural. “Que al desconectarse de las redes y todo eso, la persona se está encontrando consigo mismo. Se debe serenar y resolver a sí mismos”, indicó Gutiérrez.
Algunas personas llegan a un momento en que se sienten aturdidas y necesitan dejar el celular uno o dos días, y hasta incluso irse a otro lado. Cuando se produce un corte obligado por la caída del sistema, el proceso no es a voluntad sino que es impuesto por la realidad. Entonces, se debe aprovechar porque “la conciencia necesita de la pausa para que se reordenen las cosas en el interior de los seres humanos y se entiendan mejor a sí mismos. Es necesario cortar con el estímulo permanente porque lleva al atontamiento“, continuó Gutiérrez.

“Mi consejo fue que se detuvieran un momento a tomar conciencia de que estar sin el estímulo de las redes sociales es el estado natural de los seres humanos. Es la otra punta de la polaridad en la que vivimos actualmente. Y que de tanto en tanto las personas necesitan dejar todo eso de lado y encontrarse con el que tienen en frente, con el sol que tienen delante, con la naturaleza, porque es lo fundamental y natural. Lo saludable es saber vivir en equilibrio, en el camino del medio de ambas polaridades”, recomendó la psicopedagoga.
“La canalización de la ansiedad es siempre la misma: la actividad física. Salir a caminar, tratar de evitar el pensar. Cuando uno recurre al pensamiento recurrente de algo “malo”, no salís más, entrás en un círculo vicioso. Hay que focalizar la atención en otra cosa matando ese tiempo en otra actividad no mental”, aconsejó García.
