Hace diez años, después de las elecciones legislativas que transformaron sorpresivamente al Frente de Izquierda en la tercera fuerza política más votada de Mendoza, un inesperado tuit encendió un caliente debate en la provincia. “¿Alguien por acá votó a Del Caño? Necesito urgente me digan por qué y qué esperan de él en el Congreso Nacional. ¡Por favor porque no logro entender!”, reclamó la por entonces funcionaria provincial y exreina nacional de la Vendimia, Flor Destéfanis.

Mucha agua corrió bajo el puente en esa década. Cosas del destino, hoy Destéfanis es intendenta de Santa Rosa y presidenta del PJ, la izquierda volvió a convertirse en un partido netamente testimonial y ahora fue la derecha la que irrumpió con todo en Mendoza. No como tercera, ni siquiera segunda fuerza: ganó las Primarias por amplio margen, provocando caras de velorio en Cambia Mendoza y una resignación ya casi automática en el peronismo local.
“Hace diez años que no perdíamos una elección en Mendoza”, argumentaban los radicales. Si bien el dato es erróneo (Juntos por el Cambio fue segundo en las Primarias nacionales 2019 en la provincia), sirve para medir el impacto del golpe que no vieron venir. La reacción inmediata fue intentar nacionalizar el resultado para no afectar la carrera hacia la gobernación donde Alfredo Cornejo, que sigue siendo favorito para las generales del 24 de septiembre. Pero lo que parecía un camino allanado ya no lo es tanto. En el peronismo, en cambio, ya casi que ni buscan excusas y se conformaron con sacar un puntito más que en las Primarias provinciales: de 15,68% pasaron a 16,86%. Si los viera el General…
“Necesito urgente me digan por qué”, agregaba en su mensaje Destéfanis. No hablaba de Javier Milei, obviamente. Pero trasladando esa pregunta a la actualidad, las respuestas pueden ser varias. ¿Hartazgo? ¿Bronca? ¿Propuestas? ¿Voto castigo? ¿Esperanza? ¿Indiferencia? ¿Desencanto?
“El único que en su discurso le hablaba a la gente era Milei”, razonó el consultor Elbio Rodríguez. Es que mientras Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta se peleaban, y Sergio Massa intentaba diferenciarse de Alberto Fernández y combatir sin éxito contra la inflación, el economista liberal construyó su épica dirigiéndose directamente a una sociedad desesperada y cansada de la política, con un violento discurso antisistema. Siempre se dijo que su público cautivo eran los jóvenes. Pero lo votaron los adultos, los ancianos, los ricos, los pobres, la clase media, los radicales, los peronistas. Y la lista sigue.
Milei irrumpió a los gritos en la escena política nacional, apuntó contra la casta, pese a que se unió a parte de ella. En Mendoza, por ejemplo, sus principales socios fueron los conservadores demócratas que volvieron a celebrar una victoria por la que no hicieron demasiado. Con apostar por Milei, aportar algunos apellidos ilustres y prestar el sello y la sede de calle Sarmiento les alcanzó para volver a los primeros planos. Pero si piensan que el impresionante caudal de votos de La Libertad Avanza en Mendoza les pertenece, se equivocarán. Porque ese 44,80% es todo de Milei. Imposible de trasladar a nadie. Aunque habrá intentos por captar ese voto: el primero en la lista es Omar de Marchi, quien este domingo hizo una visita para nada ingenua al comité demócrata para celebrar un triunfo ajeno.
“Qué esperan de él”, se preguntaba el 27 de octubre de 2013 la actual jefa comunal peronista de Santa Rosa. Terminar con los privilegios políticos y enderezar la economía son las respuestas lógicas para el fenómeno Milei, si finalmente llega a la Casa Rosada. Cómo podrá hacerlo con minoría absoluta en el Congreso y sin gobernadores ni intendentes de peso que le respondan es todo un desafío y un misterio. ¿Será posible, por ejemplo, dolarizar y eliminar el Banco Central? ¿Cómo? ¿Para qué? ¿Con qué equipo? Nadie lo sabe. Tal vez, ni el propio Milei.
“¡Por favor porque no logro entender!”, suplicaba por explicaciones Destéfanis hace una década. Lo mismo hacen muchos políticos provinciales y nacionales este lunes. Son aquellos que fueron sorprendidos por el huracán Milei y a los que les costará reaccionar después de la paliza liberal.
