La muerte de David Bowie debido a un cáncer de hígado en 2016, dejó una legión de fans huérfanos de ídolos musicales. Cuando la comunidad melómana estaba aún catatónica debido al fallecimiento, llega una segunda sorpresa: Prince Rogers Nelson, para la posteridad únicamente Prince, es hallado muerto en su estudio de Paisley Park, en las afueras de Mineápolis. La autopsia señala que la causa es una sobredosis accidental de fentanilo, un opioide relacionado también con otras pérdidas, como la de Tom Petty. El año seguiría avanzando, con más capítulos de muerte hasta prácticamente el final.

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Este miércoles se cumplen cinco años del final del gran renovador del funk y el soul del cambio de siglo. Un portento tanto musical como sexual, ya que, para él, la energía de ambas actividades estaban en sincronía.

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Aún hoy, un lustro después de aquello, todavía hay muchas incógnitas por despejar en cuanto a las circunstancias de su fallecimiento. Aunque con posterioridad a su muerte diversas fuentes señalaron los problemas del autor de ‘Purple Rain’ con los opiáceos, otras voces señalan que todo fue fruto de una confusión.

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Es el caso del biógrafo oficial de la estrella, Dan Piepenbring, quien en una entrevista con LOC sostenía que no era “adicto a ninguna sustancia ni que las usase de manera recreativa”, sino más bien una “víctima” de la industria farmacéutica y de un despiste: “Tal vez él no supiese que estaba tomando fentanilo, sino que ingirió una pastilla contra el dolor falsa, ‘cortada’ con esa droga”.

Prince distinguía entre una “energía femenina”, que era la creativa -fruto en cierta forma de su tutela en Minneapolis por Bernardette Anderson, una protectora de los músicos locales- y la masculina, que se movía en el terreno de la competitividad y el dinero.

Aún así fue un gran conquistador de mujeres y estuvo casado en dos ocasiones (una de ellas, con la bailarina Mayte García). Sin embargo, no le sobrevivió ningún descendiente conocido. Sí que dejó una hermana y cinco medio-hermanos, que pelean por su legado. A principios de año se tasó su fortuna en unos 160 millones de dólares, lo que ha provocado que en estos cinco años hayan aparecido casi un millar de personas que dicen tener algún tipo de parentesco con el autor de ‘1999’.

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El extraño show en Buenos Aires de 1991

La cancha de River no estaba atiborrada de fans. Los cerca de 25.000 espectadores estaban cómodos y expectantes. Fue un show contundente, enérgico, casi perfecto. Todavía los recitales de estadio no contaban con parafernalia, Prince no necesitaba más que un buen sonido. La banda estaba afilada y Prince mostró su destreza escénica. Por momentos parecía que ese hombre podía hacer lo que quisiera sobre el escenario.

Tocó algunos hits, un medley de Alphabet Street y Take me With U, Nothing Compares 2U y la infaltable Purple Rain. Intentó interactuar con un público entusiasmado pero poco conocedor de las letras de las canciones en inglés.

El juego de dejar que los que estaban en el campo de juego completaran la letra fracasó en algunas oportunidades. Desde su micrófono el cantante preguntó, dos o tres veces : Are you want to go home? Recibíó, cada vez, un contundente y alargado Nooo. Pero poco después de la hora y cuarto de inicio del recital, Prince dejó el escenario. La gente aplaudió entusiasmada y esperó su regreso.

Todos pensaron que se trataba de un breve intervalo o de un cambio de vestuario. Al tiempo, el público pasó del OOOH O OOH OOH de Woodstock a cantos más agresivos. Es difícil determinar en qué momento la gente entendió que el de Minneapolis ya no volvería. Lo cierto es que cuando sucedió la respuesta fue contundente. Los objetos empezaron a caer sobre el escenario y los cánticos con contenido racista a aparecer (contra Prince y contra el promotor).

El clima se enrareció y la violencia se transformó en física. Y sin mayor motivo aparente -tal vez alguno se animó a hablar de lo majestuosa que había sido esa breve hora y cuarto- comenzaron las trompadas y corridas. Se encendieron varios focos de pelea simultáneos. Daniel Grinbank se mostró furioso con el artista en declaraciones radiales pero aclaró que el contrato había sido cumplido. Prince estaba obligado a que su actuación fuera de, al menos, 75 minutos. Y él estuvo 78 minutos sobre el escenario. 3 más de los necesarios.

Esa noche entre el público estaban Luis Alberto Spinetta y Charly García que mostraron su fascinación con las habilidades musicales de Prince y condenaron los agravios del público