Hay facetas poco conocidas de la banda de rock Los Enanitos Verdes. Sobre todo, en los inicios cuando los tres primeros integrantes rondaban los 20 años.

La muerte de Marciano Cantero abrió las puertas de las remembranzas, de su obra discográfica o en otros formatos electrónicos, y se recordó su carrera musical con hits inolvidables y de vigencia actual.

Salieron a relucir toda clase de anécdotas en donde la figura de Marciano junto a los otros integrantes del grupo, desandaron caminos por Sudamérica, Centroamérica, México y Estados Unidos.

Pero hay situaciones que marcan a los artistas con heridas de un camino difícil de transitar, que dejan huellas en los primeros años de existencia.

Y uno fue testigo de esos momentos, como me contaba Ariel Lucero, el corresponsal en Mendoza de la revista Expreso Imaginario, que les propuso al trío rockero bautizarlos como Los Enanitos Verdes. Fue porque una familia mendocina estaba pasando un día de paseo por Puente del Inca y se sacaron una foto. Cuando revelaron el rollo notaron que sobre una piedra había una imagen de una “personita” atrás de ellos. Lo denominaron un enanito verde y la nota salió en la revista Gente de gran venta, en esos tiempos de mediados de 1979.

Como la banda rockera integrada por Cantero, Felipe Staiti y Daniel Piccolo no tenía nombre, Lucero mandó el informe de la primera actuación como Los Enanitos Verdes, que debutaron el 11 de abril de 1980 en el estadio cerrado de Andes Talleres con el solista Jorge Benegas y el cierre de la banda líder de esos momentos en Mendoza: Altablanca.

Roly Giménez, en su libro “Aún sigue cantando”, rescata una opinión de Staiti: “Nosotros nos conocíamos de nombre. Yo ya había tocado con el Marciano en el colegio Agustín Álvarez. Creo que fue el primer concierto punk en Mendoza, se cortaban las corbatas, tiraban bombitas de olor, se armó un despelote bárbaro. No teníamos nombre, en realidad, yo ya había empezado a tocar con él antes. A Daniel Píccolo lo conocía en el movimiento Peregrinos, donde él era sonidista. En ese momento era muy interesante el movimiento del rock, acá. Altablanca eran como los Génesis. Me acuerdo ir a verlos a Arizu (en La Bodega Arizu, en calle San Martín de Godoy Cruz, se realizaban recitales en un galpón entre los toneles). Por esa época formamos los Enanitos Verdes, al principio éramos más heavy, más fuerte musicalmente“.

El debut llegó en la noche del viernes 11 de abril y mientras tocaban los Enanitos desde una de las tribunas voló un tomate que impactó en Marciano, que siguió cantando.

Mario Matar (guitarrista de Altablanca) lo recuerda así, en ese libro de Giménez: “Fue el recital del famoso tomatazo que no le dio bola y siguió cantando. Es que cantaba muy mal el Marciano en esa época, desafinaba. Había muchísimo público, muchos borrachos, la cana tuvo que llevarse a dos o tres que se estaban peleando y por diez minutos se cortó el show por esos tipos“.

En ese año ’80 a “Los Enanos”, como se los denominaba por esos días, jamás los inundó el “miedo escénico”. Los pibes veinteañeros continuaron tocando en escenarios provinciales y acudían a diversos festivales rockeros con bandas mendocinas.

El domingo 23 de noviembre de 1980 se realizó en el Tiro Club Tunuyán el recital de música contemporánea llamado el Gran Festival de “4 horas de amor, música y paz”. Muchos de los asistentes aprovecharon el día caluroso para ir al río, comer un asado y principalmente tomar mucho.

Los Enanitos Verdes, tocaron su música que tenía mejor acordes que en el debut, y además estuvieron Los días del Duende, Leyenda, Jorge Benegas, Yam, Amauta, Eduardo Mirabelli y Gamma con Carlitos Ruiz de sonidista.

El trío mejoraba en cada presentación y la música fue variando para baladas y canciones más tranquilas con Marciano como primera voz. Trascendieron las fronteras provinciales, grabaron un disco que nunca se editó y en unos años se incorporó Sergio Embrioni. En 1984 fueron grupo revelación en el festival de La Falda, en Córdoba, y eso les posibilitó grabar (unas 80 horas, en Buenos Aires) con Leo Sujatovich (tecladista de Spinetta Jade) y la participación en la canción Aún sigo cantando, de David Lebon.

El sábado 24 noviembre del ’84 subieron al escenario del teatro Independencia para presentar el primer disco en donde los cuatro integrantes desparramaron talento apoyados en la voz armónica de Marciano y la guitarra furiosa de Felipe Staiti.

En la crónica para diario Mendoza escribí: “Una noche de noviembre del ’84 los Enanitos Verdes demostraron que no son tan enanos y que tampoco su música está tan verde“.

Todavía no podían “vivir” de la música y recibieron un llamado de Piero para que lo acompañaran en una gira latinoamericana como integrantes de su banda. Fueron Marciano y Felipe y además convocaron al tecladista Tito Dávila y al guitarrista Mario Matar.

Después de la gira que les dio un respiro económico a dos integrantes de los Enanos, se incorporó Dávila en los teclados y se fue Embrioni a Alcohol Etílico.

Llegó el segundo disco “Contrarreloj” (1986) producido por Andrés Calamaro, que le dio un matiz para transformar a muchos de sus temas en hits, como La muralla verde, Conciencia contrareloj, Tus viejas cartas, Simulacro de tensión…

Después llegaría el momento de grabar Lamento boliviano, una canción de Alcohol Etílico compuesta por Dimi Bass (Raúl Federico Gómez) y Natalio Faingold. Esa canción les dio a Los Enanos un gran impulso para la venta de sus discos.

Las giras por Sudamérica, América Central y el Norte de América se sucedieron con éxitos notables con reconocimientos y nominaciones y premios internacionales. La banda tuvo cambios en su composición a través de 43 años desde aquel 1979.

Y Marciano aguantó el tomatazo sin interrumpir la canción en Andes Talleres. Como un grande, como dándole otra oportunidad al que lo tiró. Así el agresor, a los años, habrá pasado fiestas familiares, boliches y muchos karaokes, cantando las canciones de ese músico con lentes, al que le estampó un tomate.    

(Esta nota está dedicada a tres grandes músicos que dejaron huella en Mendoza y el mundo: Sergio Embrioni, Mario Matar y Marciano Cantero).