Hicieron de todo para que no usemos el “vos”. Se pasaron el siglo XX prohibiendo el “vos”. Y acá estamos. Vos tenés. Vos podés. Salí de acá. Andá para allá. Las maestras metieron el sonido “elie” para la “LL” hasta donde no iba (“Iba caliendo la liuvia”) porque la “ye” estaba mal vista, pobrecita. El inspector de escuela Nicolás Trucco en julio de 1909 escribió: “Al visitar algunas escuelas, he hallado maestros que decían a los alumnos: sentate o parate. Este defecto debió ser corregido hace tiempo. El maestro tiene plena libertad para dirigirse al alumno empleando el pronombre tú o usted, pero debe hablar siempre en castellano”. Lo decía en la revista “El monitor de la educación común” creada por Domingo Faustino Sarmiento en el año 1881. Tenía sentido: en 50 años el país recibió más de 8 millones de personas que hablaban distintas lenguas, de alguna manera había que dar directivas para que todos más o menos pudieran comunicarse. Pero parece que al conventillo no llegó “El Monitor de la educación común” y así se fue armando una lengua mínima, vital y móvil; un acercamiento social y obligatorio. El cocoliche se fue armonizando y todos tuvieron algo para decir, una palabra traída desde los barcos y desparramada porque sí, una inflexión de tierras lejanas, un eco de países nunca olvidados. Al inspector Trucco no le funcionó el ídem para corregir a todos esos desarrapados que siguieron diciendo “sentate” o “parate”; la idea de que debíamos hablar el Castellano de Castilla y que lo demás era “barbarie” no funcionó. La escuela prohibía el voseo, la escritura usaba el “tú”, pero los chicos en los recreos seguían usando el “vos”. Entonces apareció la radio y el Estado una vez más pensó que tenía el poder de cambiar la manera en que se hablaba. En 1934 hubo una circular estatal hacia la radiodifusión: “En todas las transmisiones, sin excepción alguna, debe cuidarse con rigurosa escrupulosidad una absoluta corrección en el empleo del idioma castellano, evitando los modismos que desvirtúan y son tan comunes en el decir corriente, como “salí”, “andá”, etc.”.

La época de oro del cine argentino tenía a Mirtha Legrand, Zully Moreno, Mecha Ortiz o Amelia Bence hablando en la pantalla un idioma que no estaba en las calles. Sin embargo, el poder estatal insistía: 20 días antes de pasar el mando al General Perón, el General Farrell -en maniobra compartida- lanza el “Manual de Instrucciones para las estaciones de Radiodifusión”; ahí se consideraba al voseo como “una desfiguración sistémica del idioma nacional”.

Un paréntesis en el tema del voseo

Claro que el “Manual” fue el inicio de una preocupación cada vez mayor del General. En poco tiempo tomó algunas medidas como la expropación y limitación del papel de diario; la modificación del código penal para limitar la crítica a su gobierno potenciando la figura de “desacato”; la creación de la comisión bicameral investigadora de actividades Antia-Argentinas; la declaración del estado de guerra interno y el estado de sitio para suspender las garantías constitucionales; los allanamientos, la adquisición, la clausura de medios como la expropiación del diario La Razón, la compra por el estado del Diario Democracia, de Radio Belgrano y de la Editorial Haynes que publicaba revistas muy populares como El Gráfico, Billiken, Para ti, Caras y Caretas, PBT, El Hogar, Selecta, el diario El Mundo y una red de emisoras de radio denominada Azul y Blanca; la red de radios Splendid, que se la compran a Peralta Ramos pero lo dejan como director, o sea, sigue dirigiendo la radio pero ahora ya no como dueño sino como empleado con altísimo salario del Estado; algo parecido a lo que ocurrió con Radio Belgrano, donde primero le suspendieron a su dueño Yankelevich la licencia por las críticas que en la radio se hacía al gobierno y un año después se la compran dejándolo a cargo de la dirección con jugoso sueldo estatal.

En fin, que los nietos putativos de Mussolini ni siquiera son originales con su idea de manejar el discurso creyendo que de esa manera manejan los hechos, que de eso se trata esta nota por si no había quedado claro.

Tú puedes

Volviendo al vos, recién en 1982 la Academia Argentina de Letras lo incluyó en la norma culta o estándar del país. Cien años después de que todos lo habláramos la Academia -y el Estado- nos dieron licencia para charlar como ya lo hacíamos. ¿Qué quiere decir que todo el esfuerzo estatal para que se hable de determinada manera no alcance para nada? Que es un esfuerzo inútil, que se gastó energía y recursos para una pelea perdida de antemano. Que el poder, como siempre, está en manos de los ciudadanos. Son gestos vacíos los intentos de imponer una lengua no sexista mientras que los mismos que la quieren imponer continúan con acciones sexistas.

Un ejemplo concreto del Presidente Coso, al que hay que reconocerle la coherencia de que nunca está haciendo lo que dice que hace y nunca está diciendo lo mismo que dijo y en realidad nunca está haciendo demasiado o al menos, lo que resulta necesario. Una nueva hazaña es decir A y hacer B en el mismo día.

El martes, a la mañana temprano aparecía aparecía el decreto 680/2020 en el Boletín Oficial, anunciando la creación del “Gabinete Nacional para la Transversalización de las Políticas de Género” con su firma, la de Santiago Cafiero y la de la Ministra de Mujeres, Géneros, Diversidad y Coso, Elizabeth Cosa Gómez Alcorta. Al mediodía dos de los firmantes (Alberto Coso y Santiago Coso, no Elizabeth Cosa) comieron un asado en Olivos, como todos los martes con Sergio Massa, Wado de Pedro y Máximo Kirchner pero no se quejen por la lista machirula de comensales habituales. El Presidente, atravesado por la política de género, recapacitó sobre los invitados y decidió agregar más gente por el temita de la diversidad, la transversalidad y coso. Sí, efectivamente, agregaron a Axel Kicillof, Gabriel Katopodis, Mario Meoni, Fernando Espinoza, Jorge Ferraresi y Juan Zabaleta. O sea, por más Gabinete Nacional para la Transversalización de las Políticas de Género en el Boletín Oficial que anuncien, los que cortan el bacalo, la tira de asado o lo que sea que haya en la mesa, son hombres. Si hubo alguna mujer habrá estado haciendo las ensaladas, sirviendo los platos o barriendo el patio, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la Primera Cosa Fabiola seguro estuvo descansando porque como bien se encargó de avisarnos Télam del norte, “El día de las Infancias” se lo pasó envolviendo regalos “que ella misma seleccionó” para los chiquitos internados en hospitales del conurbano. En simpático video, la agencia estatal “Amado Líder” nos mostró a una cruza de Imelda Marcos con Xuxa envolviendo una palita y un baldecito para jugar en la arena, destinado a un nenito convaleciente en una cama de hospital. O sea, podés decir “les niñes” y hasta “les pibis” pero el lugar que esta administración termina adjudicándole a la mujeres es el de “Primera Dama”, una verdadera Dama de Beneficencia, dos conceptos machirulos en une sole persone.

Mientras esto ocurra, las circulares de ANSES, el Banco Central o cualquier otro organismo del estado serán nada, otro caramelito de madera para zombies fanáticos. Como el grito de las militantes feministas que vitoreaban “Alberto Presidenta” (sic) a principios de marzo cuando Presidente Coso las juntó en el CCK para decirles que enviaba al Congreso el proyecto para legalizar el aborto y que ahora que el Papa metió sus polleras y el aborto parece ser no tan urgente volvieron a dedicarse a “sus labores” como se ponía en el siglo pasado al trabajo hecho por mujeres, porque coso.

Si todos estuviéramos hablando como Mirtha Legrand en “La vendedora de Fantasías” tendrían sentido esos razonamientos serios que hacen los Rosendos Nosierto de la tele anunciando el “poroteo” de votos; las resistencias de la oposición; las trampas del oficialismo en la ley de reforma de la justicia. Si todos hablásemos como Zully Moreno en “Dios se lo pague” significaría que el Estado pudo imponer su lengua.

Pero no.

No funciona así.

Los análisis televisivos olvidan que el actor principal está en la calle, que desafía el miedo a la peste por el miedo a la otra peste, encarnada en los delirios de la presidente vice; la única persona que en este país se da el lujo de tener un plan, que puede cruzar fronteras para ver a su hija, mientras acá, acá todos prohibidos. Años de análisis de discurso hicieron olvidar el análisis de la realidad. Cuando micromilitan las palabras se olvidan que ni un diccionario entero puede borrar los hechos. No por decir que no hay cuarentena se consigue que no la haya -¿se comprende el despropósito de decirle eso a esta sociedad, lo desconectado de la realidad que hay que estar?-. No porque el Presidente Coso asegure que hace “de la verdad un culto” queda alguien que se lo crea. Quizás se entienda ahora su amor confesado a los gritos por Raúl Alfonsín: fue bajo esa presidencia radical que se legalizó el divorcio. Y si algo que este Presidente Coso muestra día a día es que es un fanático divorcista: de la realidad, de sus propias promesas, de su palabra, de la sociedad. El día en que el país lloró la terrible perversidad que las autoridades le cometieron a Solange y a su familia, el Presidente Coso nos mostró a los argentinos que se puso a cantar una canción en homenaje a Gustavo Santaolalla. En su gobierno se está matando al teletrabajo, a la posibilidad de alquilar, a la aviación comercial, a la educación pública, a la subsistencia de los jubilados, a la industria turística y muy pronto a los avances en internet y telefonía. El país nunca estuvo tan aislado. Nadie puede prever nada porque al Presidente Coso no le gustan los planes. No entiende, no sabe, no le importa.

Ni la escuela, ni el cine, ni la radio ni la televisión consiguieron que hablásemos de “tú”. Porque decidimos seguir diciendo “vos”.

Cuando el Presidente Coso dice “no me van a doblegar los que gritan” está tratando a centenas de miles de compatriotas de enemigos extranjeros.

Sigue hablando de “tú” a una sociedad que lo trata de “vos”.

Y no se da cuenta de que el único que está gritando, sólo, fané, descangayado, es él.

(PD: Esta columna fue escrita casi de improviso; este domingo pensaba publicar una nota sobre violencia policial y violaciones a los derechos humanos que está llegando a un nivel inédito en democracia y que muestra una vez más la profundidad de la hipocresía gubernamental que se presenta como abanderado de los derechos humanos pero el mazazo emocional que resultó para el país la triste resolución de lo ocurrido con Solange me decidió a postergar el tema, no sé si podemos soportar tanta angustia hoy. Ojalá podamos ser dignos de las palabras de Solange: “Hasta el último suspiro tengo mis derechos”)