A principios de este año, el presunto dealer Luis Alberto Ozán, acusado de matar el año pasado al policía Ariel Silvestre Rojas en Godoy Cruz, parecía estar cerca de regresar a las calles después de dar negativo en una rueda de reconocimiento.

Pero la Justicia le dio un duro revés al negarle la libertad, considerando que existía otra prueba clave que estaba por encima de las demás: la declaración del hijastro del imputado, quien fue testigo presencial y relató con detalles el asesinato. 

El testimonio, sumado a la negativa judicial, lograron que a partir de ese momento la causa resultara irremontable para la defensa. Ante ese desolador panorama para el imputado, este martes admitió la autoría del hecho de sangre durante un juicio abreviado y recibió una pena de 9 años de prisión por el delito de homicidio simple.

El acuerdo fue pactado entre el representante legal de Ozán y el fiscal de Homicidios Carlos Torres, quien estuvo a cargo de la instrucción. Luego, el juez Juan Manuel Pina, del Juzgado Penal Colegiado Nº1, dictó la sentencia.

El caso

La reconstrucción que hicieron los detectives del caso sostienen que la noche del domingo 13 de octubre Rojas llegó hasta la zona de calles Gorriti y Río Tercero, a bordo de un Chevrolet Celta blanco, acompañado por su pareja.

Acto seguido, descendió y se encontró con Ozán, a quien le preguntó si tenía “alita”, es decir, cocaína. La respuesta fue positiva y el efectivo de Investigaciones, que estaba fuera de servicio, le entregó el dinero.

Acto seguido, el imputado fue a buscar la droga y cuando regresó hizo el gesto para entregarle los ravioles junto al vuelto del dinero, pero se dio vuelta y salió corriendo hacia calle Chuquisaca, de acuerdo con las fuentes del hecho.

Ante eso, el funcionario público salió a perseguirlo. Ambos doblaron corriendo por calle Capitán Candelaria, para luego bajar otra vez hacia Don Quijote de la Mancha.

Fue allí donde el policía logró alcanzarlo y lo tiró al piso. Allí se produjo un forcejeo en el que Ozán sacó un arma blanca y le propinó una puñalada en el pectoral a la víctima, que le quitó la vida en cuestión de minutos.

Esa situación fue presenciada por el hijastro del acusado, quien tras el ataque le entregó al adolescente la vaina del cuchillo y le pidió que la ocultara, para luego darse a la fuga. Ese elemento luego fue secuestrado en un allanamiento.

Días después, el 26 de ese mes, Ozán fue detenido en la casa de familiares en Palmira, San Martín.