La primera opción es Alfredo Cornejo. La segunda, el candidato de Cornejo. No importa el nombre o su trayectoria. Aparece ahí, al tope de la intención de voto o de nivel de conocimiento. Es la última encuesta que llegó al despacho del mandatario mendocino hace unos días. Muestra la solidez que tiene el gobierno local a pesar de la crisis nacional. Es el punto de partida para el armado de una estrategia electoral. Los votos, por ahora, están. La duda es saber a quién irán a parar. Quién será el ungido por el gobernador para meterse en esa carrera que hoy creen ganada.
Tres nombres aparecen en esa lista. No hay novedades: Martín Kerchner, Rodolfo Suárez y Tadeo García Zalazar. Hubo un cuarto alguna vez que formó parte de la lista parilla del muestreo. Era Dalmiro Garay, pero la vacante en la Suprema Corte tras la jubilación de Alejandro Pérez Hualde hizo que Cornejo le diera un destino diferente en su entramado político. No están entre las opciones Omar De Marchi ni Julio Cobos, y eso tiene sus porqué.
La diferencia es de tres a uno cuando la encuesta se convierte en un potencial cuarto oscuro. Alejandro Bermejo, Anabel Fernández Sagasti y el retorno a la arena de Rodolfo Gabrielli son las opciones que hoy más evalúa el oficialismo. El intendente de Maipú cuenta con capital político propio; la senadora kirchnerista ya confirmó que va a intentarlo, y el ex gobernador es una alternativa que surgió dentro del PJ. Entonces los sondeos fueron por ese lado.
La intención del peronismo, en el mejor escenario, llega a los 12 puntos. Muy lejos de los 36 que cosecharía el resto de los candidatos que cuenta con el aval del gobernador. Son votos prestados, es cierto. Es, más que nada, transferencia y relación con el nombre. De las tres posibles, ninguno llega al caudal que recibiría Cornejo si pudiera ir por la reelección. Solos tampoco sacarían mucho. Todo cambia cuando la foto de cualquiera de ellos -Kerchner, Suárez o García Zalazar- aparece al lado de quien será su padrino político.
El jefe comunal de Capital se dio cuenta que se apresuró a la hora de bajarse de una precandidatura para gobernador hace meses. Los números lo devolvieron a la realidad y a la posibilidad de sentarse en el sillón de San Martín. En su entorno reconocieron que esos índices lo entusiasmaron. “El objetivo del Rody es darle continuidad a este proyecto y a la gestión de Cornejo”, señalaron, y explicaron que dentro del Gran Mendoza, Suárez se proyecta especialmente hacia el norte. Capital y Las Heras son sus puntos fuertes. Punto más, punto menos, por ahora está encima en la intención de votos. Eso sí: no es del riñón del Cornejo, y puede influir.
Diferente es el panorama de García Zalazar. Su influencia va desde Godoy Cruz hacia Luján y hacia Maipú. Mide muy bien en el segmento más joven, entre 18 años y treintañeros. Ese dato refuerza su idea de dejar pasar esta elección, renovar el Godoy Cruz y tirarse de cabeza directamente en el 2023.
Kerchner está lanzado desde hace meses. El objetivo del actual titular de Infraestructura es posicionarse y lograr meterse en la consideración del electorado. Hoy parece ser el elegido, pero más que nada porque Cornejo sabe que, en comparación con los otros dos que son intendentes, potenciarse desde un ministerio no es nada fácil, y por eso le cede protagonismo en las fotos oficiales de los actos. En la puja territorial gana espacio en Guaymallén y en departamentos más alejados del Gran Mendoza.
“Igual, falta muchísimo. En un país relativamente estable podríamos estar pensando ya en la campaña. Pero en Argentina, en estas condiciones, es imposible. Es día a día. Y, sobre todo, tenemos que pasar diciembre. Después, en marzo, todo se va a ir aclarando”, aclararon desde la mesa chica del gobernador.
Más allá de estos números, el temor es que la crisis nacional se potencie y eso impacte directamente en la línea de flotación de la política mendocina. Por eso –y porque era un disparate- Cornejo usó la caja de resonancia que tiene su cargo como presidente de la UCR a nivel nacional y salió a diferenciarse de Mauricio Macri por la compensación tarifaria a las empresas de gas. Fue el plan A. Pero también aseguran que había un plan B: saltar del barco antes de que se hundiera y liberarse del lastre. En otras palabras, si era necesario, romper con el espacio Cambiemos.
Hubo dos nombres ausentes en esa evaluación. El primero Omar De Marchi. El intendente de Luján ya hizo pública sus aspiraciones y su deseo de pelear por la gobernación. Dijo que cuenta con el aval de Macri, pero debe decidir si irá a una interna con el radicalismo, donde se vería debilitado por el peso específico del aparato de la UCR, o si opta por una alianza que le dé un espacio propio. O, tal vez, termine negociando una candidatura o un cargo en el armado de la estrategia electoral.
Si nada de eso se da, en Casa de Gobierno hay un par de nombres para hacer ruido en Luján. Podrían ser aliados a De Marchi o una amenaza para debilitarlo en el departamento. El secretario de Servicios Públicos, Natalio Mema, es uno. El otro podría ser Kerchner, pero eso obligaría a hacer un juego de enroques.
El otro ausente fue Cobos. Sus allegados y asesores afirmaron que tenía ganas de volver a ser gobernador. Coqueteó con la idea. Hizo ruido y generó expectativa… hasta que el escándalo de su novia, nombrada a dedo en la Justicia Federal, primero, y después designada por él mismo como asesora, lo salpicó. Se enterró solo, dicen. Dejó de ser el yerno perfecto que toda buena mendocina quiere tener y se convirtió en uno más de la clase dirigente contaminada. Y de ahí cuesta mucho salir.
