Los responsables de Armamentos y Municiones de la Policía paraguaya hacían inventario el pasado viernes en un arsenal situado en Capiatá, a 21 kilómetros de Asunción, cuando descubrieron algo inaudito: 42 fusiles de combate negros apilados en vertical, uno al lado del otro, habían sido sustituidos. En vez de armas de guerra, había réplicas de juguete hechas de plástico y madera.

La Fiscalía sospecha que los FN FAL -acrónimo de Fusil Automático Ligero en francés-, de origen belga y fabricación brasileña, fueron robados poco a poco, pero “de forma sistemática”. Su destino más probable fue la venta ilegal en Brasil o Argentina, por lo que se pidió la colaboración de las autoridades de los países vecinos para encontrarlos.

El tema preocupa al nuevo presidente paraguayo, Mario Abdo Benítez, que asumió el cargo el 15 de agosto y que acusa al anterior comandante de la Policía Nacional de enviar tarde los informes de inventario de armamento, según dijo a la prensa su ministro del Interior, Juan Villamayor.

Según la investigación, hace más de un año que la Policía había recibido una alerta de que fusiles automáticos como estos estaban siendo vendidos en el mercado ilegal por unos 10.000 dólares cada uno. Pero como no se aplicaron los controles rutinarios no se descubrió el cambio.

“Si este protocolo se hubiera hecho siempre en la administración anterior, ya habríamos tenido más información del momento en que se daba la desaparición de las armas”, declaró Villamayor.

El ministro informó además que desde enero a julio de este año, un total de 90 armas cortas han desaparecido o fueron extraviadas por agentes del cuerpo. “No se puede sostener como normal que un oficial de Policía pierda el arma”, dijo Villamayor tras reunirse con el presidente.