Hartselle está ubicado en el condado de Morgan, en Alabama. Es un pequeño pueblo en el sureste de Estados Unidos, cerca de La Florida, donde viven algo más de 12.000 habitantes. Un lugar donde sus habitantes blancos hubiesen deseado la esclavitud hasta nuestros días. Donde los negros debieron luchar por sus derechos y eran postergados hasta en los años `70.
Allí volvió un hijo pródigo, cuando el color de piel ya no era una razón de segregación. Charles Russell, apodado “Bonnie”, a los 66 años pisa otra las calles de un pueblo orgulloso.
Esta historia está ligada al básquetbol y a Mendoza porque Russell vivió ocho años en nuestra provincia jugando para distintos clubes, cuando se asentó después de recorrer varios países al sur de los Estados Unidos.

Un reencuentro especial
Tommy Deas contaba en una nota para Executive Sports de Alabama, en Estados Unidos: “Cuando Charles ‘Boonie’ Russell condujo poco más de 200 kilómetros a Tuscaloosa para una reunión a principios de marzo de 2014, no tenía ni idea de que eso le llevaría a reunirse con un objeto querido que no había visto por cuatro décadas”.
Russell viajó desde su casa en Hartselle al juego entre Alabama-Auburn, donde los miembros del equipo de la Universidad de Alabama de 1974 fueron reconocidos en el 40° aniversario del título universitario de la Conferencia Sudeste. Salía con sus viejos compañeros tras recibir el homenaje, cuando una mujer que estaba en las tribunas se acercó a él.

“Tengo algo que te pertenece”, le dijo Martha Ann Wyatt. Russell no sabía cómo reaccionar ya que no tenía ni idea de lo que la mujer estaba hablando. “Tengo su anillo del campeonato de la SEC (Conferencia Sudeste)”, le mencionó.
Russell no había visto ese anillo desde finales de los 70, cuando se lo prestó a un amigo que necesitaba dinero. El plan era que el amigo lo empeñara y luego lo compraría de vuelta y se lo devolvería. Pero eso nunca ocurrió.
En esos tiempos Russell dejó el país para comenzar una carrera de 20 años jugando al básquetbol por América, comenzando en México.
Su historia
Charlie fue un ganador. En la escuela secundaria rural de Morgan llevó a su equipo a un campeonato estatal. En dos años en Alabama Christian College (ahora Faulkner University) promedió 24 puntos y 13 rebotes.
En un juego en Alabama, lanzó 21 envíos de dos y encestó 19. En ese partido totalizó 54 puntos.
El entrenador de la Universidad de Alabama le consiguió una beca y en 1973 se matriculó para jugar en la SEC (Liga Universitaria).
“Tuvimos que tomar el camino de la SEC e ir a diferentes lugares: a Ole Miss (Mississippi), a Oxford y Mississippi State y a los otros equipos, la mayoría de ellos eran todos blancos. Eso no nos importó. Queríamos jugar básquet y todos éramos de Alabama. Y fue especial”, recordó Russell.
El DT hizo algo inaudito para la época, ya que en las temporadas ’73 y ’74 llegó a poner a cinco jugadores de raza negra juntos en la cancha. El resultado deportivo tapó los problemas de discriminación: fueron campeones.
Sueños rotos
Russell fue elegido por Los Angeles Lakers en el draft (lotería) de la NBA en la quinta ronda en 1975. Pero una lesión lo postergó de las prácticas y sintió una gran frustración por no entrar a la liga profesional.
Entonces fue cuando decidió emprender el camino hacia el sur de América y dejó su anillo de campeonato universitario, su recuerdo más querido del básquetbol, con un amigo que luego lo llevó a una casa de empeño.
Bajó de país en país jugando al básquetbol, hasta llegar a Chile. En Mendoza lo vieron en un torneo amistoso y motivó que la dirigencia de Mercado (el equipo conformado por dirigentes de la Feria de Guaymallén) lo tentara para que viniera a la provincia. Llegó en 1991 y se quedó ocho años.
Su llegada Mendoza
Ocurrió en setiembre de 1991 cuando un empresario “fantasma” organizó un torneo internacional en el estadio Ribosqui de Maipú. A primer turno, Biguá (campéon de Uruguay) superó a Libertad (campeón de Paraguay) 95 a 53. A continuación jugaban Petrox (campeón de Chile) frente al seleccionado mendocino que llegaba de participar del Argentino de Chaco.
Ganaba el equipo chileno (con la participación de Russell) al término del primer tiempo 57 a 40 cuando llamativamente el organizador tomó un micrófono y anunció que el torneo no continuaba por falta de dinero. Un fracaso organizativo.
Así se conoció el nombre de Charlie Russell en Mendoza. La dirigencia de Mercado, que lo vio en ese primer tiempo, comenzó a negociar y lo convenció para que firmara un contrato.

El equipo era dirigido por Mauricio Moyano y fue campeón del torneo Clausura y luego anual de 1991 al vencer a Regatas. Los hermanos Fernando y Gonzalo Reyes, Javier Cantaloube, Marcelo Armendáriz, Daniel Lucero, Raúl Ruiz y el juvenil Rubén Llanos eran algunos de sus compañeros.
Al año siguiente Russell se fue a Anzorena, donde tuvo grandes momentos, y después llegó a Regatas para ser también campeón del torneo local. Sin embargo en el Lago nunca lo pusieron en el equipo del TNA -la liga de ascenso al máximo nivel, por esos años- durante tres temporadas.

Charlie volvió a Anzorena y jugó por última vez en Mendoza en el Apertura de 1999. Tuvo amores, desencuentros, amigos y dejó la última parte activa de su rodilla derecha en los duros pisos de baldosas de muchas canchas mendocinas.
Reencuentro y felicidad
Su ancha caja torácica y sus brazos musculosos contrastaban con sus piernas largas y con gemelos finitos y fibrosos. Russell ya miraba al Norte. Era tiempo de volver. Lo aguardaba el pequeño pueblo de Hartselle.
Cuando lo llamaron para el homenaje a los campeones universitarios de 1974, cuarenta años después, Martha Ann Wyatt le dio lo que había comprado treinta años antes por 50 dólares en una casa de empeño.

Wyatt apreciaba el anillo, manteniéndolo en una vitrina casera entre sus otros objetos de recuerdo de Alabama, pero siempre había tenido la intención de devolver el anillo si tenía la oportunidad. Russell dijo que tuvo suerte de que lo comprara una fanática tan atenta.
Después de ese primer encuentro en marzo, Wyatt programó un día para que se reunieran y le devolviera el anillo a su dueño. Finalmente pudieron encontrarse en la casa de la mujer en Coaling, el 13 de mayo de 2014. Era el día del cumpleaños número 61 de “Bonnie”.
“Llegar a ver el anillo habría sido especial cualquier día de la semana, pero fue un buen regalo de cumpleaños”, dijo Russell. “Hay personas especiales en el mundo, que hacen cosas especiales”, agregó al referirse a Wyatt.

En un lado del anillo de oro está grabado su apellido y su número de camiseta, el 32. El otro tiene el logo del torneo universitario y el récord del equipo (22-4). Arriba tiene una piedra roja. “Es increíble”, dijo Russell.
“Siempre dicen que el Señor obra de maneras misteriosas, y esa es una de las cosas más misteriosas que he visto”. Otra vez el anillo está en su mano izquierda. Charlie recibió su regalo del cielo.
