Aunque no es una solución de fondo a los problemas de los pequeños productores locales, es un primer paso. En definitiva, se trata de posar los ojos con mayor atención sobre las realidades de las economías regionales y empezar a potenciarlas. Por eso, los fondos oficiales que empiezan a ponerse a disposición de los viñateros es un alivio a una acuciante situación que se replica y golpea a vastos sectores económicos, sobre todo, a las pymes: las serias dificultades y trabas para acceder a financiamiento a tasas razonables.
Así, el manejo inteligente y claro de los fondos públicos es clave en este contexto, además del compromiso de todos los actores para que la ayuda no termine beneficiando sólo a un grupo reducido y de poder. De ahí la importancia de empezar a dar respiro a las principales actividades para que puedan despegar. La incertidumbre ha sido grande y se hace imperioso otorgar herramientas claras para emprender la recuperación. Pero, también, con responsabilidad y controles.