Los investigadores del femicidio de Dora Hidalgo (67) creen tener la causa encaminada hacia el esclarecimiento. Entienden que la detención del principal sospechoso, José Daniel Moreira, es el paso más importante de la causa, más allá de los cotejos de ADN que se ordenaron para confirmar 100 por ciento su participación en el hecho ocurrido en el predio donde trabajaba la víctima, un salon de fiestas llamado Luna India, en Coquimbito, Maipú.
Moreira nació el 12 de mayo de 1989, es decir, tiene 31 años. Y era uno de los tres varones que trabajaba en el mantenimiento de la finca ubicada sobre calle Perito Moreno, propiedad del presidente del club Godoy Cruz Antonio Tomba, José Mansur.
No tenía buena relación con Hidalgo y esto lo colocó como el sospechoso número uno. Es más, testigos declararon que varias veces había dicho en voz alta y ante testigos que “la iba a matar” si continuaban los cruces laborales.
Pero no sólo era una cuestión de trabajo: al parecer, Moreira llevaba mujeres al predio y esto generaba el malestar en Hidalgo, quien se lo recriminaba y afirmaba que si continuaba con estas acciones podía quedarse sin trabajo.

Lo cierto es que, una vez que se radicó la denuncia por averiguación de paradero y se encontró el cadáver de la víctima en el interior de un pozo de agua del extenso terreno (a unos 80 metros de profundidad), los detectives fueron a detener a Moreira. Esto fue el sábado por la noche.
Era el último hombre que había estado en el lugar cuando la mujer dijo que iba a darle de comer a los perros que custodian la zona, el 31 de agosto a las 17. Los dos empleados, entre ellos el hijo de la víctima, se habían retirado una hora antes del lugar.
Cuando detuvieron al sospechoso, hallaron entre sus pertenencias una prenda con sangre. Se trata de una camiseta del Tomba que presentaba rastros hemáticos.
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Se ordenó un cotejo de ADN y si el resultado es positivo con el perfil genético de la víctima, su situación procesal se complicará aún más.
Además, a Moreira le secuestraron su teléfono celular para peritarlo. El objetivo de los detectives es conocer el posicionamiento del aparato el citado día, cuando dejaron de ver a Hidalgo.
Otro elemento importante para realizar una comparación científica fue un hacha incautada, la que también tenía rastros de sangre.
Salvaje
Hidalgo sufrió una muerte violenta antes de ser arrojada al pozo de agua, ubicado a unos 500 metros del salón principal del inmueble. Creen que la atacaron en un baño de la propiedad (allí también había sangre) y luego tiraron su cuerpo al agujero. El cadáver quedó atascado a unos 80 metros de profundidad y se le desprendió el cráneo.
En primera instancia, los investigadores sospechan que fue degollada y que la parte superior del cuerpo se separó por la fricción que le provocó la caída.
Este lunes las labores en el pozo continuaron con el objetivo de rescatar esa parte del cadáver de la mujer pero los esfuerzos fueron en vano. Los bomberos que bajan por el pozo se quedan sin oxígeno y esto dificulta las tareas para recuperar todo el cuerpo.
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Así las cosas, luego de ser imputado por femicidio y enviado a la cárcel, los pesquisas continuaron trabajando en la recolección de pruebas para terminar de cerrar el caso.
La historia tuvo su inicio cuando Hidalgo salió de la casa donde vive para alimentar a los canes que custodian el predio. Su hija, quien reside al lado, sabía a dónde se dirigía. Pasaron las horas y la la mujer no volvió. Esto preocupó a la familia y decidió radicar la denuncia ante la Justicia.
Iniciaron los rastrillajes y encontraron sangre cerca del pozo de agua, el cual estaba tapado. Además, se sentía un olor nauseabundo y estaba repleto de moscas.
Sólo su hijo y los otros dos trabajadores tenían las llaves para poder acceder a ese lugar. Por una cuestión horaria, esos empleados se había retirado del lugar a las 16.
Debido a esto, el sereno Moreira, quien estuvo en el terreno hasta las 19, se transformó en el sospechoso número uno.
