La estadística sirve para analizar la realidad y tomar decisiones. Es un conjunto de instantáneas que permite establecer si las medidas adoptadas fueron eficientes, si están bien encaminadas o
si hace falta dar un volantazo antes de que sea demasiado tarde.
También es una ciencia que utiliza la comparación de datos como forma para cotejar diferentes resultados y variables. A partir de ahí, se pueden sacar conclusiones que, según el caso, pueden ser tomadas como positivas o negativas. Pero ese punto ya se aleja de lo objetivo y le da paso a cuestiones que pueden ser parciales o arbitrarias.
Lo que no debe hacerse es adaptar números o índices según la conveniencia o no tener en cuenta los criterios adoptados a la hora de hacer la toma de datos. Porque, cuando eso ocurre, el mensaje se distorsiona, más allá de que las intenciones sean buenas. Es un riesgo siempre latente cuando se ponen los índices al servicio de intereses políticos.