Ecuador es uno de los países más afectados por el coronavirus en América Latina. Según los datos oficiales, ya registra cerca de 400 fallecidos y 8.000 contagios. La mayor preocupación de los mendocinos que todavía están varados allí es la situación sanitaria del país y esperan poder regresar a la provincia en algunos de los vuelos de repatriación antes de fin de mes.

Con el cierre de las fronteras, luego del inicio de la pandemia, alrededor de 600 turistas quedaron en Ecuador sin poder regresar. Tras los vuelos de repatriación aún quedan poco más de 200 argentinos en distintos puntos.

Martín Ginanneschi tiene 25 años. Es kinesiólogo y salió junto a otros tres amigos a recorrer Sudamérica en septiembre. A mediados de marzo, el coronavirus los encontró en Montañita, cuando ya estaban en el tramo final de su viaje.

En diálogo con El Sol, el joven oriundo de Las Heras contó que estaba junto a otros tres argentinos Lara (31), Antonella (32) y Pablo (32); y aseguró que lo que más les preocupa de la situación es que “las respuestas sanitarias son inexistentes”.

“Nos preocupa mucho. En Guayaquil está colapsado el sistema de salud, Quito no tanto, pero hay pueblos como Montañita donde ni siquiera hay centros de salud de atención primaria, no hay respuesta de nada. Si un habitante tiene que ser trasladado, lo llevan a Santa Elena, que está a 100 kilómetros”, contó Martín.

Si bien destacó que en Montañita hay toque de queda y calificó a algunas de las medidas como “mucho más fuertes” que las locales, resaltó que “quizás en Argentina se tomaron con mucha más responsabilidad que en Ecuador”. En ese sentido, ejemplificó que, a pesar de la presencia militar en la calle, “la gente desobedecía y seguía con las aglomeraciones, los mercados seguían funcionando, sobre todo en Guayaquil, la ciudad crítica”.

“La gente acá peca mucho desde la ignorancia, no tienen mucho apoyo del gobierno y si leen un artículo en internet que dice cualquier cosa y que eso ayudan a eliminar el virus, lo hacen. Tratan de tomar todas las medidas, pero muchas veces, la ignorancia en el tema los supera. Se manejan con guantes, lentes, pero usan guantes rotos o barbijos no adecuados”, ilustró el kinesiólogo.

A pocos kilómetros de allí, en San José, Morena González (32) está junto a su pareja, Santiago (30) que es oriundo de Godoy Cruz, y su bebé, de un año y medio, Tupac. Esta familia estaba realizando temporada en el país caribeño para poder juntar unos ahorros y regresar a Mendoza para Semana Santa.

“Hoy acaba de morir nuestra vecina, estamos en una casa. Atrás de nuestro patio ha muerto una señora, todavía está acá esperando que la vengan a sacar, desde ayer a la noche”, contó González, preocupada por la situación sanitaria.

En ese sentido, la rosarina que vivió durante los últimos cuatro años en Mendoza destacó: “La idiosincrasia ecuatoriana es muy particular. No son responsables de cada uno y tampoco tienen mucho criterio para tomar los recaudos sanitarios imprescindibles para poder evitar el contagio”.

La subsistencia

Nicolás Villegas (31) está unos kilómetros más al norte, en Puerto López junto a su novia Milagros (28). Allí conocieron a Rubén (30), otro mendocino que aguarda con ellos poder regresar a la provincia. La pareja salió en agosto del año pasado para cumplir el sueño de conocer Latinoamérica. Estaban realizando un voluntariado en un hotel cuando el gobierno ecuatoriano dictó el estado de excepción.

“Pasamos una situación complicada. Estábamos realizando el voluntariado y el 16 de marzo, cuando declaran la pandemia, nos sacaron tanto a nosotros como a los huéspedes. Fue crítico porque no sabíamos a dónde íbamos a parar. Por suerte un hostel nos pudo recibir”, contó Villegas.

Nicolás es ingeniero industrial y Milagros, diseñadora de indumentaria. El viaje lo costeaban con voluntariado y la venta de bikinis, entre otras actividades. Sin embargo, ante la pandemia dejaron de realizar estas tareas por lo que subsisten con “unos pequeños ahorros” y la asistencia del gobierno argentino.

Rubén tenía previsto volver de sus vacaciones hace poco más de 15 días, pero “su vuelo fue cancelado, con lo cual el también está con la incertidumbre. Tenía sus ahorros pero se los fue comiendo de a poco”, relató Nicolás.

Y agregó: “Por suerte acá no hay ningún infectado hasta el momento. Estamos bien, la embajada nos está dando ayuda económica tanto en alimentación como hospedaje, sabemos que están haciendo las tratativas para poner otros vuelos de repatriación”.

Los consultados por este medio explicaron que están inscriptos en los listados consulares argentinos para poder regresar al país. También los están asistiendo con 20 dólares semanales que pueden utilizarse para la compra de alimentos.

Por su parte, Martín destacó que junto a sus amigos calculaban que el viaje iba a durar “200 días” y que ese plazo se cumplía en marzo, por lo que el presupuesto estaba previsto para ese periodo. “Nos quedamos cortos, tuvimos que acudir a los ahorros que nos quedaban y a nuestras familias para que nos ayudaran a subsistir”, relató.

Regreso a casa

Los mendocinos entrevistados por El Sol destacaron la necesidad de regresar “lo antes posible al país” y remarcaron que han seguido al pie de la letra los pedidos del consulado. “Estamos a la espera de algún vuelo de repatriación o que se habilite alguno comercial”, destacó Ginanneschi.

Según estiman, el próximo 22 de abril podrían concretarse dos vuelos de los Hércules y esperan poder abordarlos. “Necesitamos volver a Mendoza. No es lo mismo pasar por esta situación, en caso de estar infectado, en casa que en otro país donde uno no es prioridad”, sostuvo Nicolás.

Con respecto al estado de ánimo, Morena dijo que intentan estar bien porque “no sumamos con la ansiedad y el malestar. Tenemos un bebé chiquito y él puede sentir prácticamente todo”.

En ese sentido, Martín reconoció que tienen miedo y que intentar apoyarse entre los miembros del grupo. Sin embargo, la información que circula “aterroriza a la gente y tenemos momentos de crisis”.

“Nuestras familias consumen todas las noticias de lo que pasa en Ecuador, entonces también es un poco estresante para ellos”, concluyó el kinesiólogo lasherino.