Alfredo Cornejo lo tuvo muy claro siempre: para derrotar al PJ no alcanzaba sólo con el radicalismo. Lo supo incluso cuando comenzaba su gestión como intendente de Godoy Cruz, mucho tiempo antes de lanzarse a la carrera por la gobernación que terminó ganando en 2015, con un margen menor al esperado.
Porque más allá de la complicada gestión de Francisco Pérez, que terminó su mandato con bajísimo nivel de aprobación y hasta con inconvenientes para pagar salarios, Cornejo no arrasó en las urnas hace cuatro años. Era el claro favorito y “sólo” le sacó 7 puntos de diferencia al entonces candidato del justicialismo, Adolfo Bermejo.
Un triunfo claro pero que estuvo lejos, por ejemplo, de la “goleada” de 2013 cuando la boleta del radicalismo encabezada por Julio Cobos había ganado por más de 20 puntos de diferencia.
Conocedor como pocos de los secretos de la política, el actual gobernador se preparó para ese escenario de cierta paridad. Por eso comenzó a tejer con paciencia alianzas con distintos sectores opositores al peronismo y a un kichnerismo que estaban en franca caída en Mendoza y el país.
Cornejo negoció con partidos grandes y chicos. Buscó atraer todos los votos anti-K y a los decepcionados con “Paco” Pérez. Ya consolidado como amo y señor de la UCR local, apuntó a construir y fortalecer el Frente Cambia Mendoza sumando a macristas del PRO y a massistas del Frente Renovador. También formaron parte de la alianza el Partido Demócrata, el socialismo, Libres del Sur y la Coalición Cívica, entre otros.
No los unió el amor sino el espanto a Cristina, “Paco” y el kirchnerismo. La estrategia funcionó porque ganó Cornejo, aunque esa mezcla política también trajo algunos dolores de cabeza en estos tres años de gestión, con la aparición de grietas indisimulables en la Legislatura.
Esa experiencia exitosa es la que ahora quiere replicar el peronismo mendocino para darle a Cornejo un trago de su propia medicina. Lo dijo sin dudarlo el flamante presidente del partido, Guillermo Carmona, quien adelantó que convocará a “otros partidos políticos del campo nacional y popular, y demás fuerzas políticas de la oposición, con mayores o menores coincidencias”.
La lectura no es difícil: juntarse para ganar, sin que necesariamente existan ideas, pasado o líderes en común. El único requisito para unirse al club es ser crítico de los gobiernos nacional y provincial. Y mientras más opositor, mejor. Si funcionó con Cornejo…
“Con todos vamos crear un frente que tenga las condiciones para ganar, convocando también a organizaciones que no son partidarias, sino sociales, sindicales y estudiantiles”, aseguró el diputado nacional kirchnerista este sábado, durante su acto de asunción. Clarísimo.
El flamante titular del PJ provincial afirmó que reivindicará la apertura para conformar un amplio espacio político e intentará avanzar en un interbloque en la Legislatura. La negativa para que el gobierno pueda refinanciar la deuda (roll-over) fue un ejemplo de lo que viene, con un Justicialismo más duro y crítico de la gestión kirchnerista.
Uno de los problemas para las nuevas autoridades peronistas es que, a diferencia de lo que ocurría con “Paco” Pérez, la imagen pública de Cornejo en la provincia es alta. Pero no tiene reelección y deberá pasar el bastón de mando el próximo año.
Entonces mientras el gobernador analiza encuestas y mira el contexto nacional para definir a quién bendecirá como candidato y si desdoblará o no las elecciones, en el PJ se preparan para dar pelea.
Hace un año parecía una utopía derrotar al candidato de Cornejo, cualquiera fuera el elegido. Pero los desaciertos de la Casa Rosada y la crisis económica golpearon fuerte. Y lo que se preveía como un triunfo holgado de Cambia Mendoza en 2019 ahora no está tan claro.
El oficialismo sigue liderando las encuestas, pero el margen se está achicando. Falta poco menos de un año para las elecciones y si la situación no mejora, esa brecha será cada vez menor.
Lo que ocurre (u ocurrirá, si los pronósticos de Carmona se cumplen) en Mendoza también pasa a nivel nacional. El peronismo comienza a moverse buscando la unidad para ganarle a Macri, aunque en ese caso la figura de Cristina Fernández de Kirchner aparece como un obstáculo.
