Quince días han pasado desde la desaparición del empresario Diego Alfredo Aliaga. El ex despachante de aduana dejó de ser visto el martes 28 de julio cuando se juntó con uno de sus socios en un predio de Guaymallén, Diego Barrera, uno de los cuatro imputados que tiene la investigación federal por secuestro extorsivo agravado que lidera el fiscal Fernando Alcaraz.
Hasta este miércoles por la mañana, nada se sabía sobre Aliaga a pesar de los rastrillajes y el análisis de las pruebas. Y, con el paso del tiempo, la hipótesis de que sufrió algún atentado contra su vida es la más fuerte por estas horas.
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“Dejá de mover el avispero y andá juntando el palo verde. Ya te vamos a volver a llamar”, fue lo que escuchó Gonzalo Aliaga cuando le llamaron por la desaparición de su hermano, mientras realizaba la denuncia por la desaparición.
En primera instancia, la presentación apuntaba a una averiguación de paradero pero, una hora después de la comunicación, el caso pasó a ser instruido como secuestro extorsivo. “Estaba al tanto de lo que estaba haciendo y me llaman”, expresó Gonzalo Aliaga en charla con El Sol.
Esta es la primera vez que un integrante de la familia Aliaga habla con respecto el hecho que mayor preocupación ha generado en los últimos tiempos en los investigadores de la provincia.
“Estamos esperando que la Justicia lo encuentre y Barrera hable; si quiere declarar o no”, detalló el hombre que recibió la comunicación sobre un presunto secuestro. Y se preguntó: “¿Adónde lo voy a buscar? No tengo un helicóptero. Y si lo tuviese, no sabría adónde ir”.
Con respecto al llamado, el familiar directo explicó que no estaba en condiciones de reconocer a la persona que estaba del otro lado del teléfono. “Era una voz rara, como si se hubiese puesto algo en la boca. Llamamos ahí nomás a ese número y ya no daba, lo habían descartado”, detalló.
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Lo cierto es que la familia Aliaga se constituyó como querellante en las últimas horas en la causa federal. Prefiere no contar demasiados detalles porque el objetivo es seguir cada paso de la instrucción y aportar pruebas. Tal como informó este diario, hasta el martes 18 el expediente permanecerá secreto.
A pesar de no recibir noticias positivas, en la familia no pierden las esperanzas de encontrarlo con vida y apuesta al trabajo de Alcaraz y los efectivos de Investigaciones que se hicieron cargo de los trabajos.

Complicados
Diego Barrera, su esposa, y los dos hijos de ella son los cuatro imputados que tiene la causa. Fueron detenidos seis días después en su casa del barrio Dalvian.
Para los detectives, existen pruebas que los vinculan con la desaparición del empresario y por eso los imputaron por secuestro extorsivo agravado por la participación de tres o más personas.
Al momento de la indagatoria, por recomendación de su abogado, prefirieron el silencio. No declararon y quedaron alojados en la U-32.
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Lo cierto es que Barrera fue la última persona que tuvo contacto con Aliaga. Habían quedado en encontrarse el martes 28 de julio en un predio de Rodeo de la Cruz, donde iban a levantar un centro de rehabilitación, y a ese lugar se dirigieron cada uno por su lado después de haber pasado la noche juntos con dos mujeres.
Aliaga se dirigió en una camioneta BMW X6 que le prestó un amigo del barrio Palmares y no volvieron a verlo.
Un dato que no es menor en la causa: el hombre que regresó al barrio Palmares con la camioneta fue Barrera. Ingresó a la casa de Aliaga y “algo fue a buscar” porque la propiedad se encontraba revuelta.
Por estas y otras pruebas, sospechan que Barrera y su familia tiene algo que ver con la desaparición de su socio.
