De acuerdo con el informe anual de “Condiciones de Vida” de los mendocinos realizado por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), durante el 2019 el 15,4% de la población que vive en zonas rurales tiene algunas de sus necesidades básicas insatisfechas. En cambio, en la urbe, sólo el 4,2% de los habitantes presenta esta situación.

Si se compara con el 2018, las privaciones crecieron casi un punto en el área rural y bajó 1,7% en la ciudad.

La falta de baño o inodoro, el hacinamiento en la vivienda, la presencia de niños en edad escolar que no asisten a la escuela, la precariedad de las casas y la capacidad de subsistencia de la familia, son algunos de las condiciones de privación definidas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Entre los datos más relevantes del informe, se desprende que el 42,1% de la población está bajo la línea de pobreza (29,7% de hogares). En tanto, 6,4% (4,1% de hogares) se encuentra en la indigencia.

Asimismo, el hacinamiento es el componente que más peso tiene en el cálculo del indicador en ambas zonas en Mendoza. De 7,6% en el ámbito rural y de 2,3% en el urbano.

En Latinoamérica el método más utilizado para el cálculo de la pobreza es el que se conoce como “Necesidades Básicas Insatisfechas” o NBI. Consiste en establecer si los hogares han cubierto una serie de necesidades previamente establecidas y considera pobres a aquellos que no lo hayan logrado.

“De esta manera, ofrece una caracterización de la situación en la que viven los hogares carenciados delimitando a grupos de pobreza estructural y representando una alternativa a la identificación de la pobreza por insuficiencia de ingresos”, especifica el estudio.

Condiciones de privación

Los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas son aquellos que presentan al menos una de las siguientes condiciones de privación definidas por el INDEC:

– Condiciones sanitarias: incluye a los hogares que no poseen baño/letrina o que teniendo baño no tiene inodoro.

– Hacinamiento: es la relación entre la cantidad total de miembros del hogar y la cantidad de habitaciones de uso exclusivo del hogar. Para el cálculo de NBI se toma el hacinamiento crítico, operacionalmente se considera que existe hacinamiento crítico cuando en el hogar hay más de tres personas por cuarto.

– Asistencia escolar: hogares que tienen al menos un niño en edad escolar (6 a 12 años) que no asiste a la escuela.

– Vivienda: considera tipo de vivienda inconveniente las siguientes: habitaciones de inquilinato, hotel o pensión, viviendas no destinadas a fines habitacionales, viviendas precarias y otro tipo de vivienda. Se excluye a las viviendas tipo casa, departamento y rancho.

– Capacidad de subsistencia: incluye a los hogares que tienen cuatro o más personas por miembro ocupado y cuyo jefe de hogar no ha completado el tercer grado de escolaridad primaria.

De la encuesta se desprende que un promedio de 1,6% de los mendocinos no tiene baño, 3,6% vive en condiciones de hacinamiento, el 0,1% no envía a sus hijos a la escuela, el 0,5% habita en una vivienda precaria o en una habitación de alquiler o pensión, y 2,2% tiene inconvenientes para subsistir.

Pobreza crónica, estructural y reciente

Del análisis de los datos económicos y sociales de Mendoza se pudo determinar la cantidad de ciudadanos que son pobres crónicos, cuántos se quedaron sin recursos en el último tiempo y quienes están inmersos en una pobreza estructural.

“En Mendoza, el 2,0% de los hogares urbanos son pobres por ingreso y además presentan al menos un componente de NBI, estos hogares son considerados pobres crónicos.  El 28,3% de los hogares urbanos son considerados pobres recientes, ya que si bien cubren sus necesidades básicas, poseen ingresos insuficientes para cubrir la canasta”, consigna en el documento la DEIE.

En tanto el 0,5% de los hogares urbanos, si bien poseen ingresos adecuados para cubrir la canasta, no satisfacen ciertas necesidades básicas. A estos hogares se los considera pobres estructurales.

“La pandemia profundizará el NBI”

El sociólogo Javier Elizondo consideró que los niveles registrados en 2019 se profundizarán en los registros que arroje la encuesta del 2020 como consecuencia de la pandemia de coronavirus.

“Empeorará en todas las clases y las que estaban en peores contextos, hará que la frontera para poder salir de esa situación se les aleje en el tiempo. Si tenías una posibilidad en pocos años de mejorar algunas de estas necesidades básicas insatisfechas, este objetivo se irá dilatando”, dijo.

Asimismo señaló que en otro escenario, sin los ingresos necesarios, es complicado lograr mejorar la calidad de vida. A modo de ejemplo, señaló que hay viviendas terminadas, como las del Procrear, que podrían ser ocupadas por estas personas que se encuentran en condiciones de hacinamiento, pero que no tienen el dinero necesario para acceder.

“El esfuerzo debe ser del Estado y orientado para que la gente puede acceder a esos bienes y servicios”, sostuvo.

Bajo la misma órbita, la economista Carina Farah señaló: “Hay que llegar con una mirada más general y atendiendo particularidades. La pobreza no es un fenómeno de una variable y estos indicadores se basan en distintos factores que la explican”.

Y agregó: “Los indicadores que conocemos vienen del arrastre de años anteriores, con una situación económica muy mala en 2019. Por eso, para este año se espera una profundización de la pobreza, sobre todo en los enfoque de pobreza por ingreso”.