Poco más de dos meses pasaron desde que el presunto proxeneta Marcos David Figueroa (30) fue ejecutado de un balazo en la cabeza en pleno centro mendocino.
El expediente tiene a dos sospechosos tras las rejas: Sofía Camila Ibarra y Martín Ezequiel Saravia, ambos de 20 años, a quienes el miércoles se les dictó la prisión preventiva. Al mismo tiempo, los pesquisas continúan con la búsqueda de los últimos dos prófugos.
Se trata de una mujer, identificada como Fernanda Albares, y un adolescente de 15 años –se reserva la identidad por ser menor de edad–, quienes han logrado mantenerse en la clandestinidad todo este tiempo.
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Para los detectives del caso, la fémina y el menor tuvieron roles que fueron determinantes para la comisión del hecho de sangre.
Según surge de testimonios y análisis de celulares secuestrados, fue en la casa de Albares donde, la tarde del 31 de mayo, se planificó el asalto al departamento céntrico que funcionaba como “bulo”.
Desde ese domicilio del barrio San Martín, los seis autores partieron alrededor de las 14.30 a bordo de dos remises truchos hacia el complejo de Patricias Mendocinas 743, que se transformó en escenario del asesinato de Figueroa.

De acuerdo con la investigación, los sospechosos le pidieron el teléfono a una familiar de Albares para comunicarse con los remises. Esto se pudo constatar a través de los registros que quedaron en ese celular, que fue puesto a disposición de la Justicia.
Incluso, la madre y la abuela de Albares aportaron los nombres de las cinco personas que estaban con la muchacha ese día. También revelaron que el adolescente señalado como autor del disparo tenía salpicaduras de sangre en el barbijo, cuando regresaron a la vivienda, revelaron fuentes cercanas a la causa.
Esas testimoniales, sumadas a la de los dos remiseros, quienes especificaron el recorrido realizado, así como también características físicas de los autores, permitieron identificarlos rápidamente.
Además, una cámara apostada en el pasillo del complejo de departamentos captó la secuencia que desembocó en el homicidio de Figueroa.

Pesquisas relataron que en las imágenes se puede observar a los cuatro asaltantes –las dos mujeres esperaron en los remises– dándose a la fuga. Tres de ellos alcanzaron a llegar a la calle, pero un cuarto fue retenido por la víctima fatal.
Figueroa lo tomó del cuello mientras increpaba a los otros sujetos. Pero, el maleante comenzó a forcejear con el supuesto proxeneta y logró sacar una pistola calibre 22 que tenía escondida en el pantalón, a la altura de la pantorrilla.
Acto seguido, mediante un brusco movimiento, colocó el arma sobre la frente de la víctima y gatilló, detallaron las fuentes.
Las tres trabajadoras sexuales que se encontraban en el lugar con Figueroa dieron aviso a la línea de emergencias 911. Cuando los primeros policías llegaron hasta el lugar, se encontraron con la sangrienta escena.

Una ambulancia trasladó a Figueroa al Hospital Central porque aún tenía signos vitales; pero, por las características de la herida, los detectives sabían que no tenía chances de sobrevivir. Alrededor de las 20 falleció.
Las meretrices les revelaron a los pesquisas que los cuatro sujetos irrumpieron en el departamento, ubicado al fondo del complejo, con intenciones de asalto. Les exigieron el dinero de la recaudación del fin de semana, pero en el lugar, prácticamente, no había.
Ante eso, les sustrajeron algunas prendas de vestir, bolsos con pertenencias y las zapatillas que calzaban en ese momento, razón por la que fueron entrevistadas descalzas por los efectivos.
Detenciones y liberaciones
El caso no tardó en registrar la primera captura, fue el jueves posterior al crimen, cuando detectives de Homicidios atraparon a Ibarra, conocida como la Camilita, en un allanamiento en Rodeo de la Cruz, Guaymallén.
La joven está sindicada como la planificadora del asalto, ya que había prestado servicios sexuales a comienzos de año en el “bulo”.

Luego, sería el turno de dos menores inimputables –tenían 15 años cuando ocurrió el hecho–, apodados el Juampi y el Brandito. Ambos fueron entregados a sus madres a las pocas horas por disposición de los Equipos Técnicos Interdisciplinarios (ETI).
El último detenido que tuvo la causa fue Saravia, quien se ocultaba en el asentamiento BAP, del citado distrito guaymallino.
Los dos sospechosos tras las rejas están imputados por el delito de homicidio criminis causa en concurso real con robo agravado por el uso de arma de fuego, por ser en poblado y en banda y por la participación de menores.
