Alguna vez me animé con su altura. El Negro Blanc me llevó a conocer sus alturas. Éramos jóvenes entonces y aguantamos bien la subida, aunque aún pienso que esos espasmos respiratorios que me dan de vez en cuando es por el esfuerzo aquel que hicimos. No me acuerdo de cuál fue el cerro que subimos, pero, sin ser el más alto, era el más alto de todo el Cordón del Plata. El Cordón del Plata, una maravillosa pared de montaña que luce Mendoza hacia el oeste, lugar obligado de cuanta fotografía pretenda viñas y montañas en un solo clic.
Cuando está nevado, es necesario prestarle algunas horas de mirada para abarcar tanta maravilla. Otra belleza más de esta Mendoza incomparable, única. Haciendo el programa Mendoza cuenta, que ofrecemos los sábados a las 13.30, por Canal 9 Televida, dos puntos arriba, hace unos meses fuimos hasta la Quebrada del Cóndor. Unas cabañitas nos prestaron su hospitalidad, y los dueños del lugar nos colmaron de atenciones, Domingo dijo: yo preparo las truchas para cuando vuelvan, y el Cato nos dijo : “¿Quieren cóndores? Pues, ¡a montar a caballo! Y nos subió a los 4. 200 metros de altura, casi pisándole el dedo gordo al pie a Dios.
¡Qué maravilla, comadre, qué maravilla, compadre! Me llené los ojos con los valles que pastaban allá abajo, a tal punto que mi oculista me recetó que pusiera una agencia de turismo en mi mirada. Y vinieron los cóndores y nos sobrevolaron a metros de distancia, pudimos verlos en toda su majestuosidad, en ese señorío de patrones del Ande, en un vuelo que se parecía mucho a la libertad. Usted dirá: “Sí, pero lo que cuesta llegar allí”. Nada, mi amiga.
Nada, mi amigo. Una hora desde la Peatonal accediendo al fantástico camino de la Carrera, que es como el patio del Cordón del Plata. Estamos contentos todos los que amamos la zona, deberán estar contentos todos los mendocinos, porque, ahora, el Cordón del Plata es parque provincial. Bien, se ha hecho justicia con la belleza. Pero que no quede en un papel membretado de la Legislatura, que se destinen partidas, que se hagan inversiones para que el título de parque provincial se note en el terreno, en la infraestructura, en los servicios, en los adornos que el hombre puede hacerle al paisaje.
Les cuento algo, cuando vine a Mendoza por primera vez, yo no conocía la montaña. Venía desde Rosario, durmiendo en un destartalado micro de entonces. El micro paró antes de llegar a San Martín a dejar unos pasajeros y entonces me desperté. Abrí los ojos y… ¡Oh, por Dios! Ahí estaba el Cordón del Plata nevado. Mi asombro duró hasta que se hizo el mejor recuerdo. Creo que entonces comencé a enamorarme de esta tierra. Mendoza… la pucha con esta provincia… Mendoza, uno de los nombres del amor.
