El miércoles por la noche, la duda en Casa de Gobierno era saber si al peronismo mendocino lo tenían que medir con Alejandro Bermejo y Anabel Fernández Sagasti juntos en una misma fórmula o por separado. Si bien quedan unos días para que ambos precandidatos puedan llegar a un acuerdo y darle forma a una lista de consenso, el oficialismo necesita empezar a hacer evaluaciones electorales para el armado de estrategias.
Alfredo Cornejo necesita saber cuál sería la hipótesis de máxima para la oposición. O, en qué caso, el justicialismo podría sacar más votos. Definitivamente, en ese juego de probabilidades, el intendente de Maipú y la senadora nacional kirchnerista suman más por separados. Una fórmula Bermejo-Sagasti o Sagasti-Bermejo, entienden, podría dejar heridos y despechos en ambos sectores.
La situación nacional, sin un horizonte promisorio, abrió la puerta al peronismo en la provincia. Después de la gestión de Francisco Pérez, donde todos los indicadores quedaron en rojo, la llegada de Cornejo trajo orden. Por lo tanto, imaginar un cambio de color político tan pronto no estaba en los planes del PJ, de Unidad Ciudadana o del nombre que lleve el frente que aglutina al bloque duro de la oposición. Ahora, al menos, ven una pequeña luz.
Hace unos meses, cuando nombró a Matías Stevanato como jefe de Gabinete municipal, Bermejo parecía no tener ningún tipo de ambición para llegar a la primera magistratura. Y no era especulación política. Al Pulga se lo veía algo cansado de todo y con unos kilos de lastre menos después de saber que no pelearía por renovar mandato. En todo caso, analizaba ir como diputado provincial, pero para que su imagen acompañara en la boleta.
Anabel tampoco soñaba con el 2019. De hecho, era más que nada un trabajo para fortalecer su nombre, ganar presencia y poder de fuego. El objetivo, y así lo entendía, era pelearle en el 2023 la gobernación a Tadeo García Zalazar. Por proyección y por juventud, son los dos exponentes de la contienda política que viene.
Los tiempos se apresuraron para el kirchnerismo mendocino de la mano de los desatinos de la Casa Rosada. Las chances crecen al ritmo de la caída de la imagen de Mauricio Macri. Por eso intentan pegar a Alfredo Cornejo al presidente, aunque saben que no es fácil: si algo hizo bien el gobernador estos años fue, precisamente, diferenciarse del gobierno nacional.
En ese contexto, si Cristina juega y va por la presidencia, Anabel será una de las mimadas. La relación entre la mendocina y la ex presidenta pasa por su mejor momento. Se quieren y se tienen confianza. Una campaña con CFK activa es un atributo que ningún otro candidato peronista tendrá. El tema es que no se convierta en un contrapeso.
La Cámpora y sus principales exponentes en Mendoza aprendieron a manejarse solos luego de las últimas legislativas. Más allá de que las PASO 2017 le dieron el triunfo a Omar Félix en el espectro peronista, el kirchnerismo mostró los dientes de la mano de Juani Jofré. En las generales, meses después, Félix fue el perdedor frente a Najul (Cambiemos) y Jofré fue rotulado como una suerte de revelación. El justicialismo tradicional empezó a mirar con más respeto a los camporistas.
Ahí aparecieron los “amigos del campeón”. Varias viudas y viudos del peronismo perdedor de las últimas elecciones se abrazaron a la causa kirchnerista en Mendoza. Empezaron a construir desde ese lugar y se diferenciaron claramente de los dirigentes históricos; especialmente, de los intendentes. Se ofrecieron como nexo para limar asperezas generacionales, pero tampoco gozan de toda la confianza.
En La Cámpora no lo dicen, pero lo saben: así como se acercaron, algunos pueden tener pretensiones y querer levantar la voz a la hora de negociar. Pero el poder de decisión lo tienen muy pocos. Anabel Fernández Sagasti y Lucas Ilardo. Y tal vez alguno más. Ninguno de ellos quería saber nada con José Luis Ramón en un mismo frente. No por un tema personal, sino ideológico.
Por eso el kirchnerismo manejan dos listas. Por las dudas. Una de consenso, por si la negociación se abre y vale la pena entre en el juego de toma y daca. Y otra con nombres propios, por si es necesario marcar la cancha ante posibles arrebatos.
Prefieren una fórmula propia perdedora, a ver la derrota desde un rol secundario. Eso ocurriría si Anabel fuera como vice y la caída electoral fuera inevitable. Ese traspié no dejaría mucho margen. Y el objetivo es competir y mostrarse como una jugadora importante en el escenario provincial.
Es una movida arriesgada, claro, que puede ir no más allá de las PASO. En la previa, todos los números lo muestran a Alejandro Bermejo arriba. Y es esa diferencia el único motivo para desembocar en una lista de unidad.
