Mantenerse en movimiento, conocer gente y divertirse: bailar es beneficioso en muchos sentidos para mente y cuerpo. Y las personas mayores le sacan especial provecho.
Izquierda, tap, cambio de paso: memorizar una secuencia de pasos en el baile frecuentemente no suele ser tan fácil. Pero el esfuerzo bien vale la pena, asegura el profesor Ingo Froböse, jefe del Instituto para Terapia del Movimiento de la Escuela Superior de Deportes de la ciudad alemana de Colonia.
Porque, según indica, a través del desafío mental que implica la danza, ésta no solamente entrena al cuerpo, sino también hace trabajar al cerebro.

De acuerdo con diversos estudios, un curso semestral de baile puede ayudar por ejemplo a mejorar la atención y la flexibilidad mental. El rendimiento de la memoria aumenta, al mismo tiempo que el riesgo de demencia disminuye al bailar regularmente.
Por lo tanto, los valses, la salsa y compañía se convierten en un deporte ideal para personas mayores. Al mismo tiempo se suma el entrenamiento al sentido del equilibro, algo ideal para prevenir las caídas peligrosas.
Como se ve, el baile reporta beneficios a la salud. De lo contrario, el instinto no dejaría que uno se dejara llevara por el compás. Multitud de estudios a lo largo y ancho del planeta han venido a confirmarlo. Las personas que bailan son más felices. ¿Por qué?

Por una razón científica
Al bailar se liberan endorfinas en el cerebro que actúan como neurotransmisores generando sensación de bienestar. Estas hormonas, conocidas como “las hormonas de la felicidad”, “están relacionadas con respuestas emocionales placenteras” según la propia definición de la RAE. Por lo tanto, no sólo se trata de una actividad lúdica, sino de sustancias químicas que circulan por el cerebro activando los centros de placer.
Por una razón física
Es una forma más de hacer ejercicio y sentirse activo. Ayuda a controlar el peso y la coordinación siendo uno de los ejercicios de cardio más entretenido y con el que activas más músculos, porque el baile engloba movimiento en todo el cuerpo: cabeza, tronco y extremidades. Además de mejorar la elasticidad y la postura corporal, aumenta la capacidad pulmonar, ya que el movimiento propicia más oxigenación en el cuerpo.
El baile también ayuda a mantenerte en forma, conocer mejor el propio cuerpo y cuidar el aspecto físico, algo que siempre aumenta la autoestima y seguridad en uno mismo.

Por un tema mental
Uno de los muchos estudios que avalan los beneficios para la salud mental, concretamente el de la Escuela estadounidense de Medicina Albert Einstein, que analizó un grupo de gente dividida por actividades: lectura, deporte, baile… concluyó que el baile reduce un 76% las posibilidades de desarrollar demencia senil, es decir, una herramienta más para mantener la mente despierta.
Es también un instrumento muy común en terapias ante procesos de ansiedad, depresión o como una actividad más en grupos con problemas de comunicación.
Para la práctica y aprendizaje del baile, se requiere una capacidad de concentración que ayuda a alejar el estrés de la mente. Mientras se baila, la mente se queda en blanco.
Por una cuestión sociológica
También es una forma de comunicación y expresión. Sea la disciplina que sea, el baile ayuda a contar historias y transmitir sentimientos como cualquier otra arte plástica. Y no sólo es una herramienta de comunicación como muestra de un arte, sino que facilita las relaciones interpersonales. Cuando se ingresa en una academia de baile uno de los alicientes es el clima de risas que se instaura en la clase. De esa forma, aflora el positivismo en cada uno independientemente de saber o no recrear el paso que te han enseñado.

La danza ayuda también a desinhibirse y perder la barrera de la timidez para conocer gente nueva. Incluso, se usa como arma de seducción. Porque el baile encierra un magnetismo capaz de conectar a dos personas a distancia.
