La muerte de Santiago García dejó un vacío imposible de llenar para Godoy Cruz, varias incógnitas que seguramente irán encontrando respuestas a medida que avance la investigación y una certeza absoluta: al Morro lo dejaron solo en su momento más difícil.

Y vaya si tuvo momentos complicados en su vida el “Morro”, apodo que se ganó en su Uruguay natal porque a su abuela no le gustaba que lo llamaran negro. Se crió en un barrio humilde de Montevideo donde las tentaciones estaban al alcance de la mano; estuvo preso por pelearse en un partido; fue suspendido por un doping positivo; hundido en la depresión, pensó en abandonar su carrera. Pero siempre logró salir adelante. Y en Godoy Cruz encontró su mejor versión futbolística y humana.

En más de una entrevista el goleador uruguayo había declarado que elegía Mendoza por su tranquilidad para vivir. “La gente es muy respetuosa, puedo caminar por la calle con mi hija, ir a la plaza o a cualquier lugar y no tengo ningún problema”, decía en marzo de 2018.

“Godoy Cruz es mi lugar en el mundo”, confesó en otro reportaje un mes después. Y vaya si lo fue: llegó a Mendoza en 2016 y con 51 tantos se convirtió en el máximo goleador histórico del Expreso en Primera División.

Como en toda su vida, su paso por el Tomba también tuvo vaivenes, con ventas que nunca se concretaron principalmente por decisión propia, con cuestionamientos a su profesionalismo y con fuertes diferencias con algunos entrenadores y dirigentes. La salida a ese laberinto siempre la halló con fútbol, carisma y goles, que lo llevaron a ser amado por los hinchas de Godoy Cruz y respetado por todo el fútbol argentino.

Todo cambió en 2019, cuando empezó a entregar señales de que algo no andaba bien. El año pasado su situación personal empeoró con la pandemia que lo separó de su familia, principalmente de su hija, que quedó en Uruguay. Los problemas anímicos fueron cada vez más evidentes y tambien la principal explicación del bajo nivel futbolístico y mal estado físico de sus últimas presentaciones con la camiseta del Tomba.

Se habló de recaídas, depresión, desarreglos en su vida. Un combo explosivo para cualquiera. Buscó ayuda y comenzó un tratamiento psiquiátrico que no alcanzó para sacarlo del pozo porque, entre otras cuestiones, en el club donde se convirtió en ídolo y capitán le dieron la espalda.

Me siento defraudado. Cuando sos ídolo hay que dar el ejemplo para todos los pibes y él no lo hizo”, lo cuestionó públicamente a fines del año pasado José Mansur. “No está a la altura para estar en un plantel que hoy Godoy Cruz necesita y las obligaciones que tiene el club”, agregó sin ninguna sutileza ni diplomacia el presidente del Tomba en declaraciones a radio Nihuil.

Así García pasó en pocos años de ser capitán y referente a ser separado del plantel y convertirse -según Mansur- en responsable de gran parte de los males futbolísticos de Godoy Cruz. 

“Los jugadores no somos robots, no estamos hechos de acero”, advertía García a mediados de 2019. “Son cosas que no se saben, pero cuando uno las vive de adentro, todo tiene un por qué”, agregaba el Morro en la misma nota.

Señales que muy pocos pudieron ver o supieron interpretar. Buscó ayuda, pero claramente no fue suficiente. Sin contención y en una soledad abrumadora -estaba aislado por coronavirus y trascendió que hacía cuatro días no atendía el teléfono-, el uruguayo de sólo 30 años tomó la drástica decisión.